Guillermo Ackermann
Past Presidente Beneficencia
de Lima – Comunicador,
Gestor Social y Cultural.

Comunicador, gestor social y cultural. Con una trayectoria de más de cuatro décadas en la industria de las comunicaciones y en el mundo corporativo, Guillermo Ackermann, Past President Beneficencia de Lima, condujo la transformación de esta honorable institución, en el contexto de la pandemia. Hoy hablamos de su legado.

Por Renzo Rojas
rrojas@stakeholders.com.pe

¿Cómo así un comunicador llega a ser presidente de una institución social como la Beneficencia de Lima?

Desde joven siempre estuve vinculado a obras sociales y ya en mi recorrido en el mundo de las comunicaciones consideré esencial darle un enfoque social a mi carrera. 

Hay una imagen suya con la Madre Teresa, ¿eso lo marcó también? 

Imagínese, Teresa de Calcuta es una santa que entregó su vida por los más necesitados. Fueron cuatro días a su lado. Yo tenía 22 años. ‘Una obra buena al día’ ese fue su consejo. ‘Así cambiamos el mundo’. Una experiencia única, trascendente. Mi vida está orientada en clave espiritual. Mi visión de Dios está presente en todo lo que hago. 

La Beneficencia Pública es una institución muy antigua, háblenos de su origen… 

En el Perú existen 101 Beneficencias. La de Lima es la más antigua y grande. Fue fundada en 1834 por el Presidente de la República Gral. Luis José de Orbegoso y Moncada con la finalidad de hacerse cargo de los más pobres de la ciudad. El Perú venía de un proceso de Independencia muy duro, se había incrementado la pobreza y el abandono de ancianos y niños era muy preocupante. 

Es muy importante entender que se llamaba Beneficencia Pública porque realizaba un servicio público, pero no porque fuese parte del Estado. Las Beneficencias en el Perú son instituciones ciudadanas y privadas. Para evitar la confusión hace décadas se le cambió el nombre a Sociedad de Beneficencia de Lima Metropolitana. 

Pero ¿acaso su nombramiento no lo hace el alcalde de Lima? ¿No es un organismo que depende de la Municipalidad? 

Importante pregunta para que la gente lo sepa. Por ley el alcalde de cada ciudad, donde hay una Beneficencia, nombra al presidente del Directorio y a un integrante más. Es un privilegio que tiene, pero las Beneficencias tienen un régimen privado y son autónomas. No son entidades públicas. 

Pero forman parte del presupuesto del Estado… 

No. Eso es un mito. El Estado nunca le ha dado un sol a las Beneficencias. Desde su origen han sido auto sostenibles. Y, ese, es uno de los grandes retos: generar los recursos suficientes para sostener sus programas sociales. 

Y, entonces, ¿quién es el dueño? 

La propia Beneficencia. Es como los bomberos. ¿Quiénes son los dueños? Ellos mismos. Son preguntas que he venido tratando de responder en todo este tiempo. Hay poco conocimiento. Existe una Dirección de Beneficencias como ente rector en el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, pero ahora no hablaré de ello, no alcanzaría el espacio. 

Hablemos de Lima, que es la que directamente le ha tocado a Ud. ¿Cómo encontró la Beneficencia? 

Cuando asumimos la Presidencia hace tres años, en enero de 2019, la situación era muy crítica. El deterioro era notable y las noticias que se escuchaban siempre eran negativas. De los 40 programas sociales solo quedaban 10, con una calidad de atención de supervivencia. Y se había perdido casi el 40% del patrimonio.

¿Cómo así se perdió ese patrimonio? 

Por ejemplo, pocos saben que los ocho hospitales de la Ciudad de Lima hasta 1950 los construyó la Beneficencia con dinero privado. Hablamos del 2 de mayo, Arzobispo Loayza, Larco Herrera, Hospital del Niño, Maternidad de Lima, entre otros. En el 2008 el gobierno de turno decidió expropiar seis y nunca pagó un centavo por esa expropiación. Cuando llegamos ya habían pasado diez años y el tema había prescrito. 

¿Cómo se financian las obras sociales? 

Desde el origen las Beneficencias han recibido propiedades, algunas para que, en ellas mismas, funcionen programas sociales, pero la gran mayoría son donadas para que generen rentas y de ahí se pueda sostener la Beneficencia. 

Otro rubro importante es el funerario. En Lima está el Museo Cementerio Presbítero Maestro y el Cementerio del Ángel. También en salud está el Hogar de la Madre y se tienen colegios. Históricamente existía la desaparecida Lotería de Lima y Callao. 

Pero es también fundamental el aporte que siguen dando instituciones privadas y personas de buen corazón. La Beneficencia genera una red de solidaridad permanente. 

Y, ¿qué podría contarnos de estos tres años de gestión?

Luego del diagnóstico lo primero que hicimos fue desarrollar un Plan Maestro. Debíamos empezar a construir una cultura corporativa y cambiar el chip estatal. Lo denominamos ‘Plan Bicentenario’ de cara al 2034 año en que la Beneficencia cumple 200 años. Hicimos un planeamiento estratégico al 2022, y definimos algunas acciones tácticas que empezaran a dar el quiebre de timón. 

¿En qué consistía el Plan Bicentenario? 

Lo sustentamos en cuatro pilares: social, cultural, comercial y el institucional. En el pilar social, el primer objetivo era fortalecer los programas sociales existentes. En lo cultural, empezamos la recuperación del patrimonio inmobiliario histórico. 

En lo comercial, formamos unidades de negocio, para mayor eficiencia y control. A nivel institucional había que recuperar la reputación y solidez de la Beneficencia. Pusimos al servicio nuestra amplia experiencia en comunicaciones para volver a poner a la institución en la opinión pública. 

Y les cayó la pandemia… 

Creo que esta crisis sanitaria llegó en un momento crucial y sacó lo mejor de nosotros. A los pocos días de iniciada la inmovilización social obligatoria planteamos una acción de emergencia para albergar a las personas abandonadas que viven en la calle. En una semana levantamos en la Plaza de Toros de Acho, la ‘Casa de Todos’, esto lo hicimos en colaboración con la Municipalidad Metropolitana de Lima, que tuvo mucha presencia social en todo este tiempo. 

¿Qué otras obras sociales rescatables hay en su gestión? 

Hay más obras sociales como la ampliación de la participación de Operación Mato Grosso y el aumento de la red de ayuda con numerosas personas e instituciones que nos apoyan de diferentes maneras. El objetivo es que, en una década, cuando el Puericultorio cumpla 100 años, este vuelva a ser una Ciudad para los Niños más vulnerables. 

Resumiendo, ¿cuáles fueron los principales logros de su gestión, su legado? 

Fueron la puesta en valor de la Sede Central y creación del Centro Cultural ‘Casa de Divorciadas. La recuperación de la Lotería para la Ciudad de Lima. La creación de ‘Casa de Todos’. El relanzamiento del Puericultorio de cara a su centenario. La optimización del Hogar Canevaro y San Vicente de Paul. El plan comercial para atraer inversiones. Y la recuperación de la reputación de la institución.

Nada de esto se hubiera podido hacer sin el maravilloso equipo que nos ha acompañado. El apoyo desde el Directorio, el equipo de gestión, el social, el comunicacional, el cultural, el inmobiliario y en general a todos los que se entregaron al 100%, mi eterna gratitud. 

¿Qué nuevos retos se vienen para Guillermo Ackermann? 

La Responsabilidad Social es muy importante en nuestra realidad como país. Estamos impulsando una incubadora de proyectos sociales con alto impacto comunicacional, desde una plataforma a la que hemos llamado GAME. Queremos invitar a las empresas a que se sumen y poder seguir ayudando a la sociedad de manera privada, pero con resultados tangibles. Estoy poniendo mis cuatro décadas de expertise en el mundo corporativo para así poner nuestro granito de arena para mejorar nuestro país.







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