El Covid-19 ha propiciado que inversores e instituciones correspondientes otorguen más prioridad a los criterios ASG al momento de invertir su capital en distintos proyectos o empresas. No obstante, ante un escenario prometedor, malas prácticas como el greenwashing amenazan a los mercados alrededor del mundo.

Por Renzo Rojas 
rrojas@stakeholders.com.pe

Las inversiones que toman en cuenta criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza (ASG) van ganando terreno en los mercados financieros de todo el mundo. Factores como la pandemia o la crisis climática han generado que diversos actores del sector decidan apostar por este enfoque, llevando a las finanzas a un nivel tan necesario para su beneficio propio y que, sobre todo, puede coadyuvar a afrontar problemas globales que afectan a la humanidad. 

Susana Tejada Matos
Directora de Sostenibilidad y Desarrollo
en EQUITY Risk & Sustainability

Susana Tejada Matos, directora de Sostenibilidad y Desarrollo en EQUITY Risk & Sustainability, menciona que los temas ASG se hacen más importantes durante tiempos de crisis. Como ejemplo, señala que, luego de la crisis financiera de 2008, los mercados ASG aumentaron su capital haciendo mucho hincapié en la “G” de gobernanza, debido a que los temas éticos fueron la causa de la crisis de las hipotecas y el posterior crush bursátil. 

“La crisis del Covid-19 también ha acelerado la necesidad de un nuevo enfoque dentro de los mercados financieros, ya que los riesgos del cambio climático se han relacionado con los riesgos imprevistos de una pandemia. Si las empresas prestan más atención a las externalidades negativas de sus actividades, las consecuencias negativas de crisis inesperadas pueden impactar en menor medida”, asegura. 

Aldo Fuertes
Gerente general de
Core Capital SAFI

Para Aldo Fuertes, gerente general de Core Capital SAFI, antes de la pandemia la relevancia de las inversiones y las emisiones de valores de empresas que cuentan con prácticas sociales, ambientales y de gobierno corporativo crecía a paso rápido y firme. Hoy, a raíz de esta crisis, “podemos decir que este crecimiento se ha acelerado. La mayor consciencia del enfoque integral de riesgos en las inversiones puso sobre la mesa diversos elementos no financieros, antes menos ponderados, en las decisiones de inversión”, dice.

No queda duda de que la percepción de inversionistas y responsables de fondos se ha inclinado a favor de los criterios ASG. Así lo comprueba la Encuesta global de inversores institucionales de EY, donde el 90% de encuestados reportó dar mayor prioridad a los factores ASG a raíz de la crisis sanitaria; del mismo modo que el 86% catalogó de esencial invertir en empresas comprometidas con la reducción de su huella de carbono, lo que demuestra, además, que la acción climática es una de las tendencias que se sopesan en el accionar corporativo. 

Miguel Ángel Bernuy
Docente de la carrera de Economía y
Gestión Ambiental de la Universidad Antonio
Ruiz de Montoya (UARM)

Miguel Ángel Bernuy, docente de la carrera de Economía y Gestión Ambiental de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), comparte estas buenas expectativas. Para él, los fondos catalogados con criterios ASG están demostrando ser de mucha mayor envergadura, dado que existe una buena disposición por parte de los agentes para esta clase de inversiones. 

“Esto es una prueba de que este tipo de inversiones no solo es un buen negocio, sino que el tema de las inversiones sostenibles, las de impacto o las ASG, son también buenas para el planeta”, añade. 

Precisamente, lo anterior es una de las razones por la que apostar por esta temática deja de ser una moda o simplemente un valor añadido. Y es que invertir con un enfoque de sostenibilidad también trae beneficios, buenos negocios y, por supuesto, rentabilidad.

La crisis del Covid-19 también ha acelerado la necesidad de un nuevo enfoque dentro de los mercados financieros, ya que los riesgos del cambio climático se han relacionado con los riesgos imprevistos de una pandemia

Así lo vienen entendiendo los gestores de inversiones en la actualidad. “Creo que por fin los inversores han (re)descubierto que la inclusión de ASG en las carteras generan mayores rendimientos, y que las empresas que incluyen factores ASG se desempeñan mejor y tienen óptimos resultados respecto a los que no lo hacen.

Después de esta crisis, los inversores también se dan cuenta de que la inversión ASG y la rentabilidad no son conceptos incompatibles”, menciona Susana Tejada, quien además se desempeña como profesora de la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico. 

Mercado ASG y coyuntura económica 

La integración de criterios ASG en las distintas actividades financieras tiene buenas luces para los próximos años. En el Estudio Global ESG 2022 de Capital Group, que encuestó a más de mil inversionistas y otros agentes de 19 mercados de todo el mundo, el 64% de los participantes consideró que es clave impulsar a las empresas hacia un futuro más verde. En esa línea, queda claro que incorporar la sostenibilidad a los modelos de negocios hace más factible el acceso a una diversidad de recursos financieros. 

Miguel Ángel Bernuy explica que existen dos aspectos importantes que influyen en la toma de decisiones de los inversores. La primera es la capacidad de pago, es decir, si la empresa o el fondo donde se va a colocar el capital tiene la suficiencia para devolver lo ‘prestado’. La otra tiene relación con la voluntad de pago o la disposición al respecto. 

“Considerando el Covid-19, según el reporte de la Global Impact Investing Network (GIIN), los criterios ASG han afianzado este tema de voluntad de pago porque se demuestra con herramientas que la empresa es sólida, tiene una estructura, una política de pago de dividendos. Además, como cumple con criterios sostenibles, todo esto da seguridad al inversionista de que el capital que va a invertir se le va a devolver”, dice. 

Asimismo, desde el lado del inversionista existe la posibilidad de poder participar en diversas industrias desde los criterios ASG, ya que este es transversal a todos los sectores. 

Para Aldo Fuertes, en general existe una particular atención en sectores cuyo tamaño de actividad agregado es material y sus operaciones tengan un impacto muy evidente en su entorno o sean muy sensibles a eventos adversos de fuente interna o externa. 

“En este sentido, los sectores de minería, energía (incluyendo la actividad petrolera) y financiero saltan a la vista de manera especial. También, por alguno de los factores antes definidos, los sectores de servicios públicos, industrial y automotriz son observados con particular atención en términos de sus prácticas ASG”, resalta. 

Ante la consulta de que si la actual crisis económica global podría afectar a las inversiones ASG, el gerente general de Core Capital SAFI indica que este contexto más bien fortalece esta postura en las inversiones, ya que es en entornos (locales, regionales o globales) adversos en donde empresas con prácticas sociales, ambientales y de gobierno corporativo demuestran ser más fuertes que aquellas que no tienen este enfoque. 

“Esta crisis pone una vez más en evidencia el valor diferencial que entregan este tipo de empresas en contraste con aquellas que no tienen esas prácticas”, enfatiza. 

Para Susana Tejada, de la misma forma, la difícil coyuntura no implica que el mercado ASG vaya a retraer su expansión: “La evidencia indica que este mercado está en crecimiento, no quiere decir que tiene mayor capitalización, pero lo que sí se evidencia es que cada vez más existen criterios ASG que se toman para decidir una inversión, lo que excluye cada vez más a las empresas que no cumplan con estas características. Mi esperanza es que en un futuro no muy lejano todo el mercado sea ASG y que ya no tengamos que ponerle ese sufijo ASG porque sería el modus operandi de las empresas”. 

Asumir mayores riesgos 

Es importante indicar que en América Latina todavía se requiere impulsar más la generación de un mercado predominantemente ASG. Susana Tejada afirma que en el Perù el mercado de valores es poco profundo aún, dado que existen actualmente solo 17 empresas que forman parte del índice Dow Jones Sustainability MILA Pacific Alliance (índice que mide empresas que incluyen criterios ASG en su gestión) de más de 200 empresas inscritas en la Bolsa de Valores de Lima. 

A nivel mundial, agrega que, con más información, se puede decir que los efectos de la pandemia se ven reflejados en los índices ASG. Muestra de ello es que el índice del DJSI a nivel global indica que los sectores de salud y tecnología de la información son los que capturan mayor capital. Para el caso latinoamericano, es el sector de productos básicos, que son aquellos que las personas no pueden (o no quieren) eliminar de sus presupuestos, independientemente de su situación financiera, como alimentos y bebidas, artículos para el hogar y productos de higiene. 

“La diferencia entre inversión ASG mundial y latinoamericana evidencia nuestra profunda aversión al riesgo, pues este sector (productos básicos) se considera no cíclico, lo que significa que siempre tiene demanda durante todo el año sin importar qué tan bien esté o no funcionando la economía”, subraya. 

De igual manera, Miguel Ángel Bernuy detalla que las inversiones de impacto, aquellas que tienen un atractivo retorno financiero y aborda problemas ambientales y sociales, se dan en mayor parte en mercados desarrollados. Este es el caso de Australia, Japón, Estados Unidos, Europa, entre otras regiones (55%); en tanto lo restante se desarrolla en mercados emergentes como es la situación de América Latina, según la Global Impact Investing Network (GIIN). 

Marketing y greenwashing 

Así como crece el mercado ASG en el mundo, es también una preocupación constante para los agentes inversores tener la certeza de que las inversiones se colocan en proyectos u empresas comprometidas fehacientemente con lo que pregonan. Justamente, un problema surgido en este escenario es el greenwashing (eco blanqueo), que consiste en sobredimensionar o difundir una reputación ecológica que no corresponde con el accionar de una organización. 

RepRisk, compañía dedicada a la investigación de datos sobre los riesgos ASG, recientemente reveló en un informe que uno de cada cinco casos de riesgos ASG estaba relacionado a esta mala praxis en un periodo de dos años. 

El docente de la UARM señala que el GIIN halló en uno de sus reportes que del 72% de empresas participantes que decían aplicar los ODS para inversiones sostenibles, el 25% lo hacía bajo una estrategia comercial, mientras que solo el 1% aplicaba medidas cuantitativas al respecto. A esto último lo denominaron rainbow-washing en relación con la variedad de colores que representan a los ODS. 

“Cuando hay más rentabilidad el riesgo es mayor, a menor rentabilidad menor riesgo. Así como hay estas oportunidades en relación con los criterios ASG, ha ocurrido también algunos problemas. Estas empresas que dicen ser ‘amigables’ con criterios ASG, al final cuando se las analiza o hace una auditoría, en realidad lo que hacen es más un tema comunicacional. Es una estrategia de marketing para poder decir que puede invertir en ellas. Esto es una amenaza para este tipo de inversiones”, subraya. 

Las denominaciones pueden ser variadas y seguramente surgirán otras en el tiempo (se habla también de pinkwashing o hasta de bluewashing). Sin embargo, lo que resalta aquí es una mala práctica que busca confundir a inversionistas e instituciones que desean apostar por empresas o proyectos comprometidos con la sostenibilidad en sus distintas vertientes. 

Más allá de todo este panorama, Susana Tejada considera que hace falta una mayor alfabetización respecto a qué es una inversión ASG: “El hecho de que sea verde no la convierte en ASG. No por plantar árboles y salvar a las ballenas ya estoy haciendo inversión ASG. La inversión de este tipo pasa por un proceso de debida diligencia por parte del inversionista, donde a través de un análisis financiero de criterios no financieros (ASG) que incluyen el análisis de exposición al riesgo (ASG) y cómo la empresa gestiona dichos aspectos, el inversionista decide poner o no capital”. 

Otra diferenciación importante, agrega, es en relación con la ‘incorporación’ de criterios ASG en la gestión empresarial, donde se incluye todo lo que generalmente se conoce como actividades de Responsabilidad Social (RS). No obstante, la inversión ASG implica atraer capital de riesgo de un tercero. 

Desde otra arista, para Miguel Ángel Bernuy, por ejemplo, será también fundamental contar con una taxonomía en este tipo inversiones, un sistema de clasificación de finanzas que permita saber qué podemos considerar dentro del campo de las inversiones sostenibles o de impacto. 

“Existen, además, metodologías internacionales para evitar caer en esto (greenwashing y otras malas prácticas), pero dependerá mucho de la empresa que haga el rating para evaluar si realmente hablamos de inversiones sostenibles o de impacto”, manifiesta.

Existen, además, metodologías internacionales para evitar caer en esto (greenwashing y otras malas prácticas), pero dependerá mucho de la empresa que haga el rating para evaluar si realmente hablamos de inversiones sostenibles o de impacto. 

Perspectivas 

Lo que ha acontecido con las inversiones de impacto o sostenibles (ASG) en el marco de la pandemia puede bien demostrar que, más allá de las crisis, siempre habrá lugar para las oportunidades. Y es que este escenario también acelera y moviliza a toda la cadena de valor, de los diferentes modelos de negocios, a considerar aspectos medioambientales, sociales y de gobernanza. 

Aldo Fuertes menciona que en el mediano plazo las empresas o, en general, los emisores de valores deben ser conscientes de que para obtener accesibilidad a fondeo a través de los mercados de capitales (de manera especial a los mercados internacionales) van a necesitar integrar con mayor claridad y visibilidad sus prácticas sociales, de cuidado ambiental y de buen gobierno corporativo. 

“Las empresas que no respetan los derechos laborales y no se involucran con su entorno social; empresas que no se preocupan por las externalidades negativas de su actividad en el medio ambiente o no buscan que su actividad tenga el menor impacto posible; que no tienen prácticas de transparencia, rendición de cuentas, gestión de conflictos de interés, directorios profesionales y más; serán empresas que tendrán menos posibilidades de acceder a fondeo de los mercados de capitales. En el largo plazo, esto será más evidente aún”, concluye. 

Por su parte, Miguel Ángel Bernuy considera que en el Perú se viene avanzando a paso lento pero seguro. Sostiene que, por ejemplo, antes en el país no se veía temas de finanzas verdes, por lo que había un profundo desconocimiento al respecto. Por eso destaca algunas acciones como el Protocolo Verde promovido por el Minam para consensuar criterios de sostenibilidad en proyectos e inversiones que se financien en el país, la norma de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) en relación con la gestión de riesgos en temas de cambio climático, entre otros.

“Hay que evidenciar, demostrar, que realmente hacer este tipo de inversiones y consideraciones dentro del proceso del ciclo de un producto, tanto financiero o no, es importante y trae beneficios. (…)El sector privado mismo, poco a poco, empezó a moverse porque vio que no considerar estos criterios ASG les ha generado pérdidas”, finaliza.







Continúa con tu red social preferida

Al continuar serás un suscriptor gratuito

O continúa tu correo.

Escriba su correo electrónico con el que se suscribió para acceder

Suscríbete

Ya me suscribí.