Además, la riqueza nacional no solo se enfrenta a este fenómeno, proveniente de la acción indirecta humana o del curso natural, sino también a actividades ilícitas que acentúan la pérdida de ecosistemas y su biodiversidad. 

Por Renzo Rojas
rrojas@stakeholders.com.pe

No es un secreto para nadie la gran variedad de ecosistemas que posee el Perú a lo largo de su territorio. Basta con identificar la riqueza en flora y fauna que se encuentra en sus ochos pisos altitudinales, a lo que se suma una importante biodiversidad marítima en el Océano Pacífico. Todo ello convierte al país en un lugar privilegiado y, por supuesto, beneficia a los peruanos. 

Precisamente, es esta abundancia la que ha contribuido al desarrollo económico de la nación a lo largo de los años. Sin embargo, es también la pérdida de esta misma lo que pone al Perú en una condición de vulnerabilidad significativa ante el cambio climático. Sea por las actividades humanas o el curso propio de la naturaleza, lo cierto es que hay un sentido de urgencia que insta a moverse con celeridad. 

Fabiola Muñoz, ex ministra de Ambiente, señala que cada uno de los pisos ecológicos posee una serie de particularidades que los hace hábitats de muchas especies. Esta permanencia se encuentra sujeta a varios factores, entre los cuales destaca la temperatura promedio que tiene el ambiente. De este modo, al haber una variación de esta a causa del cambio climático, existe una amenaza sobre los seres vivos que conviven en estos espacios.

“Qué pasa si a esta gran megadiversidad le empiezas a alterar las cifras de la temperatura. Entonces, donde hay un valle con una determinada temperatura, con lo anterior se vuelve en un ecosistema distinto, lo que deviene en que se convierta en hábitat de especies diferentes a las que han existido siempre”, detalla. 

Evoca un caso lamentable que sucedió a mediados del 2021 en Canadá, cuando millones de especies marinas murieron ‘sancochadas’ en medio de aguas calientes originadas por las olas de calor. Para ella, lo anterior demuestra la magnitud de la gravedad que puede causar el calentamiento global.

“Eran unas especies que no se movían y, por tanto, no pudieron adaptarse rápidamente al cambio de temperatura que se presentó. ¿Cuánta variabilidad de temperaturas vamos a tener de ese tipo? ¿Cuántos fenómenos climáticos extremos van a tener lugar como sequías e inundaciones? Cada uno de esos eventos afecta a la biodiversidad”, hace hincapié. 

Un mayor apremio 

El cambio climático evidencia que sus consecuencias son en ocasiones irreversibles para la naturaleza. Inclusive, el daño llega a alcanzar a las poblaciones que viven en zonas susceptibles, tal como quedó comprobado en 2017 con los desastres a raíz del fenómeno de El Niño en el norte peruano. 

Para Ernesto Ráez, docente de la Escuela de Economía y Gestión Ambiental de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), el Perú es un país muy vulnerable frente al cambio climático, ya que geográficamente cuenta con regiones de fácil inundación o proclives a derrumbes, por ejemplo.

Para Ráez esto último no pasa desapercibido en la agenda. Sin embargo, reflexiona sobre la prontitud con la que se está actuando para afrontar estos escenarios, que de seguro aumentarán en el futuro e invitan a evaluar si hay un avance acorde a lo que se vive. 

“Solo en el 2020 se perdieron más de 200 mil hectáreas de bosques en el Perú. Esta es una tendencia creciente en todo este siglo de pérdidas, sin considerar la degradación de cuencas hidrográficas y la pérdida de humedales que no se registra adecuadamente. El Perú va en un mal camino en términos de cumplir con sus compromisos”, resume. 

En esa línea, agrega que el problema de la deforestación y la destrucción de ecosistemas silvestres debe abordarse con el rigor adecuado, dado a que se sabe que es la principal fuente de emisiones con un porcentaje que llega al 51%. 

Este es otro aspecto que preocupa muchísimo a Fabiola Muñoz: las actividades ilegales que amenazan a los ecosistemas en el interior del país. Manifiesta que, durante su paso por el Minam, la tala ilegal se logró controlar gracias a una decisión política de alto nivel de la mano de autoridades nacionales, regionales y locales. No obstante, con los cambios de gobiernos se retrocedió al respecto. 

“Pudimos hacer un trabajo articulado y colaborativo que permitió, por ejemplo, sacar a los madereros ilegales de la zona de La Pampa (Madre de Dios), que es un espacio de amortiguamiento de un área natural protegida. Lo logramos durante el periodo de gobierno que gestionamos, pero cuando se cambiaron a las autoridades hubo un retroceso”, subraya. 

La crisis política también ‘golpea’ 

Se necesita de un trabajo desde todas las tribunas para la adaptación y mitigación frente al cambio climático. Sector público y privado, sociedad civil, academia y la población en general deben asumir compromisos, para así otorgar la prioridad apropiada al tema. 

Ernesto Ráez
Docente de la Escuela de Economía y
Gestión Ambiental de la Universidad
Antonio Ruiz de Montoya (UARM)

Ernesto Raéz sostiene, en este sentido, que las crisis políticas continuas en el país hacen perder el foco de las acciones. “Estamos muy mal preparados para los eventos extremos que empiezan a suceder con más frecuencia. La zozobra política e incertidumbre respecto a representación política, porque entran y salen ministros cada poco tiempo, no permiten planificar de manera adecuada”. 

Fabiola Muñoz
Ex ministra de Ambiente

Fabiola Muñoz también comparte esta opinión sobre la irregularidad que se da en los cargos importantes, la cual termina menoscabando cualquier iniciativa buena que necesita de sostenibilidad en el tiempo. En su consideración, la crisis política le pasa claramente ‘factura’ a lo progresado.

“Absolutamente, porque no puede ser que un país cambie un ministro cada tres meses. Cómo vas a planificar, asumir acuerdos. Este tiempo es el que demora un ministro en entender su sector”, afirma. 

Finalmente, para el docente de la UARM sus expectativas son las mismas que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) plantea en su último reporte. Este señala que el planeta se dirige a un incremento de temperatura promedio muy superior al 1,5°C, lo que devendría en consecuencias fatales para la humanidad. 

“Estamos definitivamente encaminados a fracasar en este objetivo central”, dice al referirse a la meta establecida en el Acuerdo de París. 

Por su parte, la ex funcionaria del Estado se muestra convencida de que el cambio climático es más serio que una pandemia como la del COVID-19. Es decir, consiste en consecuencias de mayor gravedad que afectarán a varios ámbitos de las sociedades. 

A la interrogante de por qué pareciera que al problema no se le da la importancia debida, responde que quizás la explicación radica en que “se trata de una suerte de muerte lenta. Mientras en la pandemia te enfrentabas a algo tangible, en el cambio climático estás frente a una situación que no es tangible en la vida cotidiana para la mayoría de las personas”.  







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