La adopción del dinero digital sigue creciendo con rapidez en América. Además de ser instrumentos de especulación, las criptomonedas se han posicionado como trinchera ante la inflación y alternativa para enviar remesas, un fenómeno que ha llevado a los Gobiernos a buscar su regulación y apostar por divisas virtuales. Esta extensión plantea diversas interrogantes. ¿Qué son exactamente? ¿Cómo funcionan? ¿Qué significa la jerga que está detrás? ¿Qué consecuencias tienen para los Estados, e incluso para la democracia?

 El 31 de octubre de 2008, un usuario identificado como Satoshi Nakamoto publicó en la lista de correo “Cryptography” un mensaje que decía: “He estado trabajando en un nuevo sistema de dinero electrónico que es totalmente peer-to-peer, sin terceros de confianza”.

El texto contenía un enlace al sitio bitcoin.org, donde un artículo explicaba punto por punto el funcionamiento del sistema. En realidad, nadie conoce la verdadera identidad de Nakamoto.

Bitcoin fue la primera moneda digital que logró transferir valor entre usuarios sin necesidad de una autoridad central que verifique las transacciones. La idea, tan sencilla como suena, dio origen a una revolución monetaria sin precedentes.

Un año después, en enero de 2009, Nakamoto liberó la versión 0.1 del cliente de Bitcoin (hoy conocido como Bitcoin Core), un software de código abierto que conectaba varias computadoras entre sí, y que dio origen a la red que soportaría la criptomoneda.

Las tareas de la red eran, en apariencia, sencillas: permitir transacciones entre usuarios, hacer una lista de todas esas operaciones, verificar que no se gaste dos veces la misma moneda y emitir nuevas unidades monetarias.

Ese mismo día, a las 00:54, se minó el primer bloque de bitcoin y con él se crearon las primeras unidades. Tres días más tarde, el desarrollador de software Hal Finney, uno de los miembros más destacados de la lista de correo “Cryptography”, recibió la primera transacción de bitcoin de la historia.

El 26 de abril de 2011, Nakamoto envió su último mensaje y desapareció de la vista del público. Tres años más tarde, el 28 de agosto de 2014, Finney murió por un cuadro avanzado de esclerosis lateral amiotrófica. Su cuerpo se preserva en estado de criogenia. Junto al informático Nick Szabo, Finney es reconocido como uno de los pioneros de Bitcoin y se presume que pudo ser Satoshi Nakamoto o, al menos, tuvo contacto estrecho con el personaje anónimo. 

¿Qué es bitcoin?

Además de ser el nombre de la moneda, bitcoin es la red que la soporta: una red entre pares (p2p), sin intermediarios, que permite mandar valor de una parte del planeta a otra sin pedir permiso a nadie, a un costo relativamente bajo, de forma semianónima, rápida y totalmente irreversible. Estas características le permiten ser inmune a los intentos de censura de cualquier nación, empresa o autoridad.

Los usuarios pueden transferir bitcoins a través de la red para hacer casi cualquier cosa que se pueda hacer con las monedas convencionales, como comprar y vender bienes y servicios o enviar dinero a otra persona, e incluso algunas plataformas permiten recibir u otorgar crédito usando bitcoins. Los bitcoins se puede comprar, vender e intercambiar por otras monedas en casas de cambio especializadas. A diferencia de las monedas tradicionales, Bitcoin es totalmente virtual. No hay monedas físicas que lo representen.

Los usuarios de la red poseen una serie de claves (conocidas como claves privadas) que permiten demostrar la propiedad del bitcoin. Con estas claves se pueden realizar transacciones a otros usuarios de la red. Las claves se guardan en billeteras digitales, que pueden estar en una computadora personal, en el teléfono e incluso en un hardware específico diseñado con tal fin. Las claves privadas que permiten realizar transacciones son el único requisito previo para enviar bitcoins, dejando así el control total de sus fondos en manos de los usuarios.

¿Cómo se crean los Bitcoin?

Cada unidad de Bitcoin se crea en un proceso llamado minería. Determinados nodos de la red, llamados mineros, compiten para encontrar la solución a un problema matemático mientras se procesan las transacciones de bitcoins. Cualquier participante en la red Bitcoin puede convertirse en minero, en tanto que ponga a disposición el poder de procesamiento de su computadora para verificar y registrar transacciones.

Cada diez minutos, en promedio, un minero de Bitcoin compite por validar todas las transacciones de los últimos diez minutos y, si logra validarlas, obtiene una recompensa en forma de bitcoins. Esta función es conocida como «prueba de trabajo», o en inglés, proof of work.

En la actualidad, la recompensa consiste en 6,25 bitcoins por bloque minado, y cada 210.000 bloques, la recompensa se reduce a la mitad. De esta forma Bitcoin alcanzará un límite de unidades cercano a los 21 millones. Este límite se deduce de la propia velocidad de emisión de nuevas unidades de Bitcoin, que está establecida en el software de la red. Además, cada unidad de Bitcoin se puede dividir en 100 millones de partes, es decir que podemos fraccionar un bitcoin hasta obtener el 0,00000001 de cada unidad. Esa unidad mínima se llama satoshi.

El protocolo de bitcoin incluye algoritmos que regulan la función de minería en la red. La dificultad de resolución del problema matemático que permite minar un bloque se ajusta de forma automática para que el tiempo de validación entre un bloque y otro sea de diez minutos, sin importar la cantidad de mineros que estén compitiendo en ese momento. El número de bitcoins en circulación adquiere la forma de una curva predecible que se acerca a los 21 millones para el año 2140. Dado que la tasa de emisión es decreciente, a largo plazo, Bitcoin es deflacionario. No se puede inflar «imprimiendo» dinero nuevo más allá de la tasa de emisión esperada.

¿Cuáles son las ventajas de las criptomonedas?

El valor de Bitcoin, más allá de sus características particulares como la escasez, la seguridad, la resistencia a la censura, la inmutabilidad y la fiabilidad, depende del acuerdo de todos los usuarios. En ese sentido, Bitcoin también es, de alguna forma, una forma de fe. La única diferencia con el dinero que imprime el Estado o un banco (como puede ser el caso de Hong Kong) es que el valor no está asociado a la confianza en determinado gobierno, sino a la confianza puesta en un sistema de prueba criptográfica.

Esto implica la destrucción del monopolio del dinero por parte de bancos y Estados, y la demostración empírica de que un grupo de personas que no se conoce, que no tiene contacto entre sí y que ni siquiera tiene los mismos intereses ni ideología puede generar consenso a través de una tecnología lo suficientemente robusta y unos incentivos alineados de la forma correcta.

Al ser la primera criptomoneda, el bitcoin tiene una preponderancia singular. Es la que más tiempo lleva existiendo, la más conocida y la que más momentos complicados logró superar. Además, tiene varios elementos que alientan su crecimiento, entre ellos, el pico del precio en 20.000 dólares, que podría ser superado. Existen miles de nuevas criptomonedas, pero son pocas las que realmente aportan algo singular y significativo al espacio.

Ethereum, por ejemplo, es hoy por hoy la plataforma más elegida por desarrolladores interesados en blockchai, dado que no es solo una criptomoneda, sino que es una computadora descentralizada con la capacidad de ejecutar programas informáticos inmutables conocidos bajo el nombre de «contratos inteligentes». Más que competencia, la aparición de proyectos diferentes de bitcoin, con otros alcances y metas, fortalece el espacio, brinda alternativas y permite encontrar soluciones que quizá no puedan ejecutarse de forma tan sencilla en el software de Bitcoin.

¿Qué consecuencias puede tener para los Estados?

De mínima, los Estados van a tener que aprender a lidiar con estas tecnologías y entender que sus ciudadanos las van a empezar a usar en su vida cotidiana. De máxima, el Estado perdería el control de su sistema monetario. Esta perspectiva, animada por algunas utopías libertarias, es muy exagerada, porque demasiadas cosas deberían salir bien en el ecosistema de las criptomonedas (y los Estados no deberían hacer nada) para que esa situación se vuelva real.

Ya hoy las medidas que se exigen a las casas de cambio cripto (también conocidas como exchanges o brokers), como el KYC (know your customer, «conoce a tu cliente») y AML (anti money laudering, «anti lavado de dinero»), funcionan como una buena herramienta para regular el comercio entre dinero estatal y criptoactivos. El cambio de dinero fiat a cripto es el cuello de botella en el que el Estado puede intervenir y obtener algún tipo de beneficio. La prohibición, en cambio, empuja a los usuarios a manejarse por completo en el mercado negro y en dinero en efectivo. Con la aparición del renmi digital, también conocido como «cripto yuan», China se pone a la cabeza de los Estados que buscan crear su propia criptomoneda para competir, o amortiguar, el impacto de esta tecnología. Actualmente, 65 % de la minería de bitcoin proviene de China.

¿Qué países lideran el uso de criptomonedas?

El Índice Global de Adopción de Criptomonedas 2021 de la firma Chainalysis muestra que Norteamérica, liderada por EE.UU., es el segundo mercado mundial de criptomonedas, después de Europa Central, del Norte y Occidental, con movimientos por más de 750.000 millones de dólares entre julio de 2020 y junio de 2021, un 18,4 % de la actividad global.

En tanto, Latinoamérica se ubica como la sexta economía, con unos 352.000 millones de dólares en criptomonedas en el mismo periodo, es decir un modesto 9 % de todas las transacciones globales, aunque con un notable crecimiento.

El repunte se evidencia en países como Chile, que, según la plataforma Buda.com, registró un crecimiento del 400 % en 2021, y México, donde una encuesta de la firma Finder muestra que el 15,2 % de la población posee algún tipo de activo digital.

A la par, empresas emergentes vinculadas con las criptomonedas y tecnologías de «blockchain» como Bitso (México), Mercado Bitcoin (Brasil) y Ripio (Argentina) han logrado posicionarse fuertemente.







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