Para que no se nos escapen los genios

Hans Rothgiesser
Miembro del Consejo Consultivo Stakeholders

La educación tradicionalmente en el mundo ha estado orientada a homogenizarlo todo. Como lo ilustra a la perfección León Trahtemberg, la educación típicamente ha sido un zapato de una misma talla para todos. Se lo damos a los niños y si alguno de ellos tiene el pie más pequeño, pues lo siento. Igual tienes que correr con ese zapato que hace que te resbales. Si te queda muy chico, pues mala suerte. Te dolerán los pies cuando camines. La opción de diseñar una experiencia de aprendizaje distinta para cada perfil de niño estaba fuera de la discusión, por costos o por ideología o porque eso cansa.

Esto funciona a la perfección para aquellos que se pueden adaptar a ese sistema. Que pueden memorizar datos, que pueden mantener la atención, que pueden resolver el Baldor entero en una tarde. No obstante, tiene un impacto terriblemente negativo en todos los demás. Por ejemplo, Scott Barry Kaufman tuvo un problema médico a los tres años de edad que lo dejó con una deficiencia auditiva. Esto hizo que él, en el colegio, se demorara un poco más que los demás niños en procesar el sonido que llegaba a él, de tal manera que respondía las preguntas un poco después que los demás niños. No obstante, esto no se debía a una baja capacidad cognitiva, sino a su problema para oír. Sin embargo, en el colegio esta situación se reportó como un bajo coeficiente intelectual, que motivó que repitiera un año y en noveno grado fuese trasladado a una clase especial para niños con problema de aprendizaje. Tomen en cuenta que todo esto se debía a un problema auditivo diagnosticado. Ya se sabía que tenía este problema y aun así se le confundía. Es más, cada vez que postulaba a cursos más desafiantes, era rechazado.

Kaufman salió adelante y hoy en día es un científico que explora la mente humana. Ha enseñado en Columbia, en NYU, en Universidad de Pennsylvania y en otras varias. Es doctor en sicología cognitiva por Yale y tiene una maestría en sicología experimental por Cambridge. En el año 2015 fue nombrado uno de los 50 científicos más revolucionarios que están cambiando la forma como entendemos el mundo por la revista Business Insider. Claramente su colegio se había equivocado.

Y si bien Kaufman llama a replantear la forma como funcionan los colegios en general, vale también preguntarnos si estas formas de catalogar personas se repiten en otros niveles. Por ejemplo, en los procesos de admisión a las universidades. Es más, luego, cuando buscas trabajo, ¿están las agencias de búsqueda de talento o de headhunting capacitadas para identificar a estas personas con perfiles distintos a los usuales, pero que quizás sean justamente el talento que buscas para tu empresa?

Las tecnologías digitales han ayudado en todo ese proceso, sin embargo, no estamos ahí todavía. Sergio Borasino, miembro del directorio de AB INAC, comenta que sucede con frecuencia que el tiempo y los plazos no permiten ser muy precisos y casos poco usuales como el de Kaufman se pierden. No obstante, explica que hay evaluaciones que permiten ayudar a entender las capacidades reales de las personas. Además, a través de la exploración de la experiencia pasada de los candidatos se puede encontrar que alguien que no parecía idóneo para el puesto, resulta que sí lo era. De hecho, si descubren un diamante en bruto, es porque buscan a personas que están ya haciendo ese trabajo en especial en otras empresas.

Pensemos, entonces, en todos. Cuando evaluamos el modelo educativo que se aplica en nuestros colegios, consideremos a la mayoría que comparte un mismo perfil, pero también a todos los demás. De lo contrario, le estamos fallando a la siguiente generación. Que casos como el de Kaufman o como el de Albert Einstein o como el de Charles Darwin o como el de Stephen Hawkins o como el de Thomas Edison y tantos otros genios incomprendidos de niños no se pierdan.