Como gestor de inversiones sostenibles, usted considera que los caramelos medicinales, una categoría casi invisible, pueden convertirse en una industria estratégica. ¿Por qué?
Los caramelos medicinales parecen un producto menor, pero no lo son. Están en la intersección perfecta entre salud, industria alimentaria y tradición herbal. Hoy los usamos como si fueran simples confites, cuando en realidad forman parte del universo OTC: productos seguros, regulados y capaces de aliviar síntomas comunes sin necesidad de una consulta médica. En un sistema de salud saturado, eso es oro puro.
La categoría cumple un rol silencioso: democratiza el alivio básico, especialmente en países con brechas de acceso. Una pastilla para la garganta que un niño, un adulto mayor o un trabajador puede usar sin interrumpir su día es, en la práctica, salud accesible.
¿Cómo encaja esta categoría en la lógica de inversiones sostenibles que promueve Andean Crown?
Perfectamente. La sostenibilidad no es solo bosques o carbono; también es salud pública eficiente, cadenas productivas formales y empleo de calidad. Los caramelos medicinales exigen plantas modernas, buenas prácticas de manufactura, control de calidad estricto y digitalización. Es industria de verdad, no improvisación.
Y como CIO, lo que veo es una ecuación poco común: bajo precio unitario, altísimo volumen, demanda estable, capacidad de innovación y un espacio gigantesco para diferenciarse. Eso es sostenibilidad aplicada a la industria: procesos eficientes, trazables y con menor huella por unidad producida.
Usted menciona la biodiversidad andino-amazónica como un motor posible. ¿Qué papel juega en esta oportunidad?
Es el corazón del asunto. El Perú lleva décadas usando plantas medicinales para aliviar resfríos, tos, irritación de garganta: eucalipto, muña, matico, kión, jengibre amazónico… el repertorio es enorme.
La pregunta es directa: ¿por qué ese conocimiento sigue atrapado en la esfera doméstica o informal?
Podríamos tener caramelos medicinales con extractos estandarizados de plantas peruanas, validados científicamente y exportables. No es reemplazar ciencia por tradición; es unirlas. Ahí nace la verdadera bioeconomía: investigación, validación, cadenas de valor inclusivas y productos con origen reconocido.
“Si sumamos tecnología, estandarización y biodiversidad, el Perú puede dejar de ser importador y convertirse en proveedor confiable”.

¿Cómo se traduce eso en una oportunidad industrial concreta?
Con una cadena bien diseñada, esta industria puede articular agricultores, comunidades amazónicas, centros de acopio y plantas industriales modernas. No hablamos de un enclave extractivo ni de manufactura desconectada del territorio, sino de un ecosistema intermedio donde todos capturan valor.
Una parte queda en quien cultiva; otra, en quien transforma; otra, en quien innova y abre mercados. Es producción funcional, trazable, con narrativa de origen. Y además parte de una base real: el Perú ya exporta caramelos y confites. La infraestructura existe.
¿Cuál es el potencial económico real? ¿No es una categoría demasiado pequeña?
Pequeña no es sinónimo de irrelevante. Esta es una categoría defensiva: los resfríos no conocen de recesiones. Además, el mercado global OTC crece sostenidamente porque los sistemas de salud necesitan aliviar presión y las personas buscan soluciones accesibles.
Si sumamos tecnología, estandarización y biodiversidad, el Perú puede dejar de ser importador y convertirse en proveedor confiable. Esa combinación —alto volumen, precios bajos, diferenciación vía origen y ciencia— es atractiva para capital paciente, como el que movilizamos desde Andean Crown.
¿Qué tendría que ocurrir para que el país capture esta oportunidad?
Tres cosas:
- Primero, reconocer que esto es industria, no artesanía. Esto exige regulación, buenas prácticas y validación.
- Segundo, invertir en investigación para estandarizar extractos de plantas medicinales nativas.
- Tercero, articular cadenas con las comunidades, asegurando trazabilidad y reparto justo del valor.
Si logramos esto, tendremos un caso emblemático de bioeconomía moderna, con productos de consumo masivo que generan empleo formal, fortalecen territorios amazónicos y abren mercados globales.
¿Por qué una gestora de inversiones sostenibles como Andean Crown mira con interés este sector?
Porque encarna nuestra visión: industrias que combinan impacto tangible con retornos atractivos. Nosotros financiamos empresas que transforman su sector, y esta categoría tiene todo para convertirse en un ejemplo de cómo salud, sostenibilidad e innovación pueden integrarse.
Además, el portafolio de Andean Crown ya incluye inversiones en salud, OTC, tecnología forestal y cadenas amazónicas. Los caramelos medicinales son un punto de convergencia natural entre esas líneas: salud preventiva, formalización productiva e integración territorial.
¿El mundo seguirá consumiendo este tipo de productos?
Sin duda. La cuestión no es si habrá demanda, sino quién la va a abastecer. El Perú y América Latina tienen la biodiversidad, la tradición y la capacidad industrial para liderar esta nueva generación de caramelos medicinales sostenibles.
La oportunidad está lista. Lo que falta —como siempre— es decidir si queremos tomarla en serio.









