A group of people with posters show indignation and anger. Citizenship against dubious laws, scandalous reforms and injustice. Populism and nationalism. struggle for rights. fight corruption

Un Perú sostenible se refleja no solo en la confianza de los peruanos en sus instituciones, sino también hacia sus conciudadanos y compatriotas. Ante el alto grado de desconfianza en el país, tres causas podrían explicar este panorama.

En el Perú, los partidos políticos y el Congreso son las instituciones que tienen un alto grado de no confianza, según últimos datos del INEI. La justificación de estos resultados, seguramente, no necesitan mayor explicación y son evidentes sus razones. Sin embargo, la desconfianza también permea en las relaciones interpersonales de los peruanos y peruanas, configurándose así, como un síntoma que trae a la luz problemas de mayor envergadura vinculados a rasgos propios del país.

El análisis debe ir más allá de identificar las causas inmediatas del escenario de desconfianza en la actualidad. En nuestra historia existen ciertos episodios que han afectado a la población por generaciones, los cuales muy probablemente han agudizado la desconfianza y su resultante apatía hacia los políticos y otros actores. Por ejemplo, una muestra de este síntoma es el Estudio de Valores y Ciudadanía realizado por Datum para el Proyecto Bicentenario en 2020, en el que se reveló que 8 de cada 10 peruanos no confían en los demás.

Para Álvaro Henzler, presidente de la Asociación Civil Transparencia, las principales causas de esta desconfianza radican en tres aspectos. Justamente, el primero tiene carácter histórico. Aquí resalta en las últimas décadas una serie de traumas sociales, escenarios complicados que han impactado en la psicología de la sociedad; entre ellos la época del terrorismo, la pandemia del COVID-19 y, últimamente, las protestas masivas.

“Una primera razón es que el Perú ha vivido situaciones muy complejas, como muchas sociedades. Pero creo que, en particular, tenemos momentos bien difíciles. De altísimo nivel de violencia física que ha conllevado muertos, heridos, damnificados; también de violencia psicológica, muy fuerte, traumática. No ha habido un proceso nacional de restaurar esa gran herida, por lo cual tampoco hay confianza”, indica.

Álvaro Henzler – Presidente de la Asociación Civil Transparencia

La promesa fallida

El especialista además hace referencia a la Encuesta Mundial de Valores de hace unos años, en la que Perú resultó último entre 80 países en indicadores de confianza hacia familiares y conciudadanos. Una aproximación al otro porqué de este panorama, prosigue, nos lleva al bajo nivel de cumplimiento de las promesas, punto más visible en el ámbito político a lo largo de los años.

“La segunda razón es que la palabra vale poco. Hay un alto uso de la promesa como un compromiso a futuro de que yo te aseguro algo, pero el porcentaje de cumplimiento es bien bajo. Más evidente es en los políticos. También en nuestras relaciones interpersonales. En parte es por eso que nuestro sistema judicial es tan burocrático, de papeleos porque no hay un nivel de confianza que vuelva dinámica nuestras relaciones. Tenemos que llenarnos de trámites para asegurarnos de que la palabra sea cumplida”, enfatiza.

La pérdida de credibilidad no es casualidad. La incongruencia entre lo que se prometió y cumplió se refleja en las desigualdades que enfrentan millones de peruanos. Óscar Caipo, presidente de Empresarios por la Integridad, menciona que la economía peruana, impulsada por la inversión privada y el consumo, ha generado abundantes recursos en los últimos 25 años. Con este dato, es preciso cavilar si el bienestar de las familias ha ido a la par de este crecimiento económico. La respuesta es claramente un no, por lo que esto se convierte también en un agravante de la desconfianza.

En consideración del vocero, en este escenario se enfrentan principalmente los problemas de la descentralización y la corrupción: “Como consecuencia de ambas, se pierden más de 20 mil millones de soles al año debido a la corrupción en los últimos años, lo que equivale al 13 % del presupuesto nacional total. Además, existen más de 1800 obras paralizadas con un valor de 21 mil millones de soles (ambas cifras de la Contraloría General de la República)”, explica.

Agrega que el Estado debe mejorar sustancialmente su capacidad para satisfacer las necesidades básicas de la población, que incluyen educación, salud, agua y saneamiento, así como la construcción de carreteras, entre otros servicios.

Óscar Caipo – Presidente de Empresarios por la Integridad

El Perú es un país megadiverso. Una diversidad de culturas originarias lo caracterizan, a lo que suma comunidades provenientes de otros países en el tiempo. En la falta de consensos en esta diversidad de “voces”, podría estar otro atenuante de la desconfianza. Álvaro Henzler menciona que sociedades diversas requieren de altos niveles de escucha, de diálogo para encontrar un camino de convivencia democrática.

“En nuestro caso es al revés. A pesar de nuestro altísimo nivel de diversidad, nuestra tolerancia a la diferencia del argumento y la disposición a escuchar posturas diferentes son bajas. La diversidad significa una convivencia de minorías, por ende, implica un mayor nivel de escucha y de entendimiento”, subraya.

Añade que muchas veces hoy se suele etiquetar a las personas si tienen una forma distinta de pensar. Es así que aparecen calificativos como “terruco”, “caviar”, “facha”, entre otros, los cuales generan de por sí desconfianza e intolerancia hacia la opinión del otro.

Hacer un mea culpa

¿De qué manera disminuir el nivel de desconfianza? Parte de la solución pasa por estar dispuestos y aprender a escuchar a las personas. Álvaro Henzler señala que somos una sociedad más bien del habla que solemos dejar de lado la importancia de escuchar genuinamente al otro: “Más que un storytelling deberíamos trabajar en aumentar nuestro storylistening”.

Frente a esta situación, continúa, recomienda que la iniciativa puede partir desde la cotidianidad de cada peruano y peruana. Es válido plantearse un tema y reunirse con personas de diferentes ideologías o culturas, a quienes estemos dispuestos a escuchar antes de buscar convencerlos de nuestra opinión.

Destaca también lo esencial que es generar espacios de encuentro entre diversos grupos de universitarios y escolares. Indica que generalmente contamos con un sistema educativo fragmentado por lo económico: tener recursos o no suele determinar asistir a determinados centros educativos y casas de estudios. Al respecto, se suma el distanciamiento propio de la complejidad geográfica del país.

“En otras sociedades, la escuela es un lugar de encuentro independientemente de tus recursos económicos. Necesitamos promover espacios donde la gente joven diferente se encuentre de manera cotidiana. Perú Te Quiero es un ejemplo. Han desarrollado la academia ciudadana Patria C”, argumenta.

Del mismo modo, resalta el trabajo que realizan desde el laboratorio social Mosaico con Es Hoy, un movimiento de líderes empresariales, donde están implementando programas de escucha precisamente entre los líderes empresariales y los civiles.

Por su parte, Óscar Caipo sostiene que para mejorar este escenario de desconfianza es clave que haya articulación. Reducir la centralización y la corrupción requieren de un trabajo en conjunto entre el sector privado, el público y la sociedad civil: “Esto implica recuperar la confianza entre las personas, en las instituciones y en la democracia”.

Finalmente, para Álvaro Henzler las autoridades deberían empezar por realizar un ejercicio de liderazgo, humildad y valentía reconociendo sus errores y fracasos: “Eso no existe en política lamentablemente en el país. Eso comenzaría a recuperar la confianza de la ciudadanía”.

Juntos por la integridad

El sector privado no ha estado exento de la desconfianza. Afortunadamente, en los últimos años ha venido implementando sistemas de prevención con cultura de integridad frente a la corrupción. En esa línea, Empresarios por la Integridad viene promoviendo el tema desde el 2018 y, a la fecha, también lo hace con las pymes.

“También trabajamos de manera colaborativa con entidades del sector público, como la Contraloría, la OSCE y la Secretaría de Integridad Pública para que sean más efectivas en la promoción de la integridad y la lucha contra la corrupción. Si nos comprometemos todos, podremos devolverle la confianza a la población”, concluye Óscar Caipo.







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