
El debate se intensifica en el Congreso tras las declaraciones de Ernesto Bustamante, quien cuestionó la presencia femenina en áreas científicas argumentando que “no existe una condición biológica que incentive a las mujeres a participar en ciencias”. Mientras el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables calificó sus palabras de “machistas y desfasadas”, el incidente ha motivado a científicas, activistas y organizaciones feministas a impulsar un diálogo más profundo sobre la discriminación y los estereotipos de género en el mundo científico.
Diversos grupos han resaltado que las barreras históricas, como la sobrecarga en labores de cuidado y la discriminación en el ámbito laboral, han sido factores determinantes en el bajo porcentaje de mujeres en carreras de ciencias exactas, naturales y físicas. Expertas en el área recalcan que estos obstáculos, y no una supuesta limitación biológica, son los verdaderos responsables de la desigualdad observada.
En respuesta, académicas y representantes de la comunidad científica han anunciado nuevas iniciativas para promover la igualdad de oportunidades y fomentar entornos inclusivos en universidades y centros de investigación. La polémica ha puesto de relieve la urgencia de políticas públicas que no solo sancionen declaraciones controvertidas, sino que impulsen cambios estructurales para erradicar prejuicios que afectan el desarrollo y la innovación en el país.
La discusión se enmarca en un entorno más amplio de transformación social, en el que diversas voces piden la revisión de antiguos paradigmas y la promoción de una ciencia que reconozca y potencie el talento de todos, independientemente de su género.
Durante la tercera temporada de nuestro podcast “Diálogos con Stakeholders podcast” tenemos justamente a científicas como Gisella Orjeda, quienes demuestran que no se requiere un género para hacer ciencia.