¿Qué significado tiene para Cálidda formar parte del Sustainability Yearbook 2026 de S&P Global y qué decisiones estratégicas fueron clave para alcanzar este estándar?
Para Cálidda, el reconocimiento no es un fin en sí mismo, sino la consecuencia de decisiones estratégicas sostenidas: la integración de criterios ESG en la planificación corporativa, el desarrollo de una Ruta de Descarbonización al 2030, el fortalecimiento de la gobernanza y la gestión de riesgos climáticos —incorporados en la matriz corporativa de riesgos—, y la generación de valor social a través del acceso a energía más limpia para familias y comercios.
También ha sido determinante la adopción de estándares internacionales como GRI, TCFD y SASB, que nos permiten comunicar nuestro desempeño con transparencia y comparabilidad global. Este reconocimiento refuerza nuestra convicción: la sostenibilidad bien gestionada es una ventaja competitiva.
El ranking se basa en la Evaluación de Sostenibilidad Corporativa (CSA), que analiza múltiples dimensiones ESG. ¿Cuáles han sido las áreas de mayor avance?
Los avances más sólidos se han dado en tres frentes. En lo ambiental, hemos fortalecido la medición y verificación de nuestra huella de carbono con metodologías reconocidas, definido iniciativas concretas de reducción en el marco de nuestra ruta de descarbonización, avanzado en la medición de huella hídrica y aplicado la metodología LEAP para evaluar nuestra relación con la naturaleza y la biodiversidad.
En lo social, destacan los programas de acceso a energía —con más de 2,191 comedores populares conectados a gas natural en Lima y Callao—, la inclusión financiera para familias vulnerables y la medición del impacto social a través del SROI (Retorno Social sobre la Inversión), que nos permite cuantificar el valor generado en las comunidades donde operamos.
¿Cómo ha evolucionado la estrategia ESG de su empresa y qué factores impulsaron esa transformación?
La estrategia ESG de Cálidda ha recorrido un camino claro: de un enfoque centrado principalmente en el acceso a energía y el desarrollo comunitario, hacia una estrategia integral que articula gestión climática, descarbonización, gobernanza y creación de valor compartido. Esta evolución no fue incremental, sino estructural: la sostenibilidad pasó de ser una función de soporte a ser un eje de la planificación estratégica.
Los hitos más relevantes de esta transformación incluyen:
- Medición y compensación de la huella de carbono, con verificación externa.
- Reportes de sostenibilidad bajo estándares GRI, con marcos complementarios TCFD y SASB.
- Incorporación de riesgos climáticos en la matriz de riesgos corporativos.
- Definición de una Ruta de Descarbonización con metas al 2030.
- Desarrollo de programas de diversidad, equidad e inclusión para colaboradores.
- Gestión de proveedores con criterios ESG y acceso a financiamiento sostenible.
- Participación en iniciativas como CDP y aplicación de metodologías LEAP para biodiversidad.
El factor impulsor más importante fue la convicción de la alta dirección de que gestionar bien los riesgos ESG es, en última instancia, gestionar bien el negocio.
«Las empresas peruanas tienen una oportunidad real de liderazgo regional, pero requiere ir más allá del cumplimiento.»
La sostenibilidad corporativa exige generar valor no solo para la empresa, sino también para el entorno. ¿Cómo se integra esta visión de valor compartido en la toma de decisiones de Cálidda?
El modelo de negocio de Cálidda está diseñado alrededor de la creación de valor compartido. Distribuir gas natural en Lima y Callao no es solo una actividad comercial: es una contribución directa a la reducción de emisiones en la ciudad, a la mejora de la calidad de vida de las familias y a la eficiencia energética de comercios e industrias. Esa conexión entre el core del negocio y el impacto positivo es lo que le da coherencia a nuestra estrategia de sostenibilidad.
En la práctica, integramos esta visión de varias formas: los programas de inclusión energética y financiamiento promueven que los beneficios del gas natural lleguen a hogares de menores ingresos; los programas sociales —como Comedores Cálidda 2.0, que beneficia a más de 200,000 personas diariamente— fortalecen el desarrollo local en comunidades vulnerables; y la medición del SROI nos permite demostrar, con datos, que el valor social generado supera significativamente la inversión realizada.
Además, los criterios ESG están incorporados en la evaluación de nuevas inversiones y en la gestión de la cadena de suministro, asegurando que la creación de valor sea transversal y no solo reactiva.
Desde su experiencia, ¿qué rol pueden jugar las empresas peruanas para posicionar al país como referente regional en sostenibilidad corporativa y en la agenda ESG global?
Las empresas peruanas tienen una oportunidad real de liderazgo regional, pero requiere ir más allá del cumplimiento. El primer paso es integrar la sostenibilidad en la estrategia de negocio —no como una función de relaciones públicas, sino como un criterio de gestión— y medir el impacto con indicadores comparables a estándares internacionales.
La participación en evaluaciones globales como el CSA de S&P, la presentación de reportes bajo GRI o TCFD y el establecimiento de metas climáticas alineadas con la ciencia son señales concretas que los mercados, los inversores y los socios internacionales valoran.
Pero más allá del posicionamiento externo, el verdadero impacto estará en que las empresas peruanas demuestren que es posible crecer económicamente y a la vez contribuir a la reducción de emisiones, a la inclusión social y a la resiliencia de las comunidades donde operan.
Mirando hacia el futuro, ¿cuáles son los principales desafíos para seguir elevando los estándares de sostenibilidad en su sector y cómo planea enfrentarlos?
El sector de distribución de gas natural enfrenta un momento de transformación: operar en la transición energética implica gestionar la tensión entre la utilidad presente del gas natural —como energía más limpia que los combustibles sólidos y líquidos que reemplaza— y la necesidad de evolucionar hacia fuentes aún más limpias en el largo plazo.
Los desafíos que identificamos son dos. Primero, profundizar la integración ESG en toda la cadena de valor, incluyendo proveedores y contratistas, cuyo desempeño ambiental y social impacta directamente en nuestra huella. Segundo, acelerar la materialización de los compromisos climáticos en resultados operativos verificables, avanzando en eficiencia energética, reducción de emisiones fugitivas y exploración de vectores energéticos complementarios.
Para enfrentarlos, continuaremos profundizando la gestión basada en datos, consolidando el uso de estándares internacionales y fortaleciendo las alianzas con actores públicos, privados y académicos que potencien nuestro impacto.
Finalmente, ¿qué mensaje compartiría con otras empresas peruanas que buscan fortalecer su gestión sostenible y aspirar a reconocimientos internacionales como el Sustainability Yearbook?
El mensaje más importante es que la sostenibilidad no debe verse como una agenda paralela al negocio ni como una respuesta a la presión regulatoria o reputacional. Es un habilitador estratégico: gestionar bien los factores ESG significa gestionar mejor los riesgos, identificar oportunidades de innovación y construir relaciones de largo plazo con colaboradores, comunidades, clientes e inversores.
En Cálidda aprendimos que los reconocimientos internacionales son la consecuencia de una gestión consistente, no el punto de partida. La sostenibilidad se construye día a día, con decisiones pequeñas y grandes que van acumulando credibilidad y resultados verificables. Ese es el camino que invitaríamos a seguir.









