¿Cómo se genera confianza en un entorno cada vez más retador e incierto? La respuesta no está únicamente en cifras o acciones puntuales, sino en la forma en que los líderes se relacionan con sus equipos. El liderazgo genuino, cercano y coherente es la base para que los colaboradores sientan orgullo y pertenencia, y se conviertan en los principales embajadores del verdadero valor de la organización.
Muchas veces se suele pensar que la respuesta está en las herramientas tecnológicas o en grandes programas corporativos, y no siempre es así, existe una variable muchas veces relegada: la cultura. Entendida no como un discurso aspiracional, sino como el corazón de la estrategia de negocio, capaz de conectar propósito, bienestar y resultados.
En el caso de TASA, por ejemplo, se desarrolló el proyecto “Guardianes TASA”, un modelo que sitúa a los colaboradores en el centro de la estrategia y que se articula en tres frentes: Liderazgo, Comunicación y Bienestar. Bajo este enfoque, se buscó alinear cultura y negocio con resultados concretos y sostenibles.
“El clima laboral se incrementó en 22 puntos, alcanzando un notable 89 %”.
En el plano del liderazgo, se promovió que los directivos se acercaran de manera genuina a la operación, con espacios de diálogo directo como “Café con TASA” o “Líder te escucha”. La comunicación interna, por su parte, se transformó en una herramienta de confianza más que de transmisión de mensajes, dando protagonismo a los propios trabajadores y midiendo el entendimiento del mensaje. Finalmente, el frente de bienestar trascendió el ámbito laboral para impactar en la vida familiar de los colaboradores con programas que abarcaron desde salud mental y educación financiera hasta la mejora de viviendas.
Las historias hablan por sí solas. Una familia que por primera vez pudo tener un baño propio en su hogar. Un operador que logró construir la casa donde hoy vive con tranquilidad junto a sus hijos. Más allá de anécdotas, estos casos reflejan cómo una estrategia empresarial puede materializarse en cambios concretos en la vida de las personas.
Los números refuerzan la magnitud de este impacto: el clima laboral se incrementó en 22 puntos, alcanzando un notable 89 %; el 94 % de las familias recomendaría a la empresa y el 93 % de los colaboradores la defiende activamente. En paralelo, 952 trabajadores accedieron a programas de salud mental, más del 55 % recibió capacitación en finanzas personales y cerca de 200 emprendimientos familiares fueron fortalecidos.
En un entorno incierto y cambiante el reto no es únicamente generar utilidades, sino también renovar la confianza social. La experiencia demuestra que poner a las personas y sus familias en el centro, escuchar sus necesidades y conectar con su propósito puede ser la estrategia más poderosa para garantizar no solo el futuro de los negocios, sino también el bienestar de miles de familias.
La reflexión final es clara: la cultura no debe verse como un complemento o un intangible blando, sino como la palanca estratégica que permite a las organizaciones trascender. En tiempos de transformación, las compañías que entiendan este mensaje estarán mejor preparadas para construir el mañana.









