EGS 2025 marca nuevos hitos en la evaluación de la sostenibilidad empresarial, como el ingreso de Aceros Arequipa a la categoría Excelencia. Micaela Rizo Patrón, gerente general de Perú Sostenible, reflexiona sobre los desafíos que plantea este reconocimiento y la necesidad de convertir los compromisos corporativos en resultados medibles.

Por Stakeholders

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Después de varias ediciones del EGS, ¿qué cambios observa Perú Sostenible en la manera en que las empresas peruanas entienden y gestionan la sostenibilidad?

Uno de los principales cambios que vemos es que la sostenibilidad ha dejado de entenderse como una suma de iniciativas aisladas y empieza a gestionarse de manera más sistémica, integrada a la estrategia y a la operación del negocio. Eso permite que sus resultados puedan medirse, compararse y mejorarse en el tiempo.

Los resultados muestran esa evolución. En esta edición, el 61 % de las empresas mejoró su desempeño respecto de la anterior. Eso confirma el valor de medirse de manera periódica: saber dónde están, identificar sus brechas y definir con mayor claridad hacia dónde avanzar. Cuando este ejercicio se sostiene en el tiempo, la mejora deja de depender de percepciones y empieza a basarse en evidencia.

¿A cuántas compañías han acompañado a lo largo de todas las ediciones del reconocimiento? ¿Cuánto ha trascendido esa mirada más sistémica? 

A lo largo de las distintas ediciones hemos acompañado a más de 140 empresas de 26 sectores. Lo que vemos es una mayor madurez, pero también una mayor comprensión de que este proceso requiere el involucramiento de toda la organización. El liderazgo de la alta dirección es determinante: cuando existe un mandato claro desde el directorio, la sostenibilidad entra en las decisiones del negocio y deja de ser responsabilidad exclusiva de un área.

Este año, por primera vez, una empresa alcanzó la categoría Excelencia. ¿Qué significa para Perú Sostenible haber llegado a ese nivel?

Que Aceros Arequipa haya alcanzado por primera vez la categoría Excelencia es un hito importante porque demuestra que el estándar más alto de EGS sí es alcanzable por una empresa peruana.

Pero Excelencia no es el último fin. Los riesgos, la regulación y las exigencias del mercado siguen cambiando, por lo que una empresa que llega a este nivel debe continuar gestionando, aprendiendo y mejorando. Ese es justamente el propósito de EGS: evaluar con rigor para impulsar una trayectoria de progreso permanente.

¿Qué desafío plantea para el resto del empresariado?

Contar con un ejemplo peruano inspira a todo el sector empresarial. La pregunta ya no es si se puede llegar, sino qué necesita hacer cada empresa para acercarse a ese nivel. Esto exige mirarse con honestidad y reconocer dónde están las brechas, ya sea en el involucramiento de la alta dirección o en la capacidad de respaldar la gestión con resultados y evidencia. Excelencia eleva la vara, pero también muestra que es posible alcanzarla.

¿Qué brechas siguen siendo más difíciles de cerrar? ¿Hay alguna dimensión donde todavía veamos distancia entre el compromiso declarado y la gestión efectiva?

La brecha más persistente sigue estando entre lo que se declara y lo que efectivamente se gestiona. Definir compromisos es un primer paso; lo más difícil es traducirlos en decisiones, responsables, indicadores, recursos y evidencia que permita hacer seguimiento.

Los resultados de EGS 2025 reflejan bien esta realidad. El 73 % de las empresas evaluadas ya realizó un análisis de doble materialidad, un avance importante para identificar y priorizar los temas que realmente importan para el negocio y sus grupos de interés. Por ejemplo, en el frente de acción climática, aunque el 63 % asumió públicamente un compromiso de emisiones netas, de estas empresas, un 15 % todavía no cuenta con un plan concreto de reducción de emisiones.

“El norte es que una mejor gestión empresarial se traduzca también en desarrollo para el país”.

Hacer de la sostenibilidad un enfoque transversal es fundamental dentro de una organización. ¿Qué han podido observar al respecto?

Existen desafíos internos como capacidades técnicas que aún deben fortalecerse o cómités de sostenibilidad que aún no conectan con todas las áreas estratégicas del negocio, con las que es clave coordinar, como operaciones, finanzas y riesgos. Por eso, una tarea central es lograr que la sostenibilidad sea una responsabilidad compartida y que se concentre en los temas realmente materiales para cada empresa. No se trata de gestionar todo al mismo tiempo, sino de priorizar bien y avanzar con consistencia.

La buena noticia es que estas brechas pueden cerrarse. El hecho de que el 61 % haya mejorado su desempeño demuestra que, cuando la medición se convierte en una práctica continua, los compromisos empiezan a traducirse en una gestión más efectiva.

Pensando en los próximos años, ¿hacia dónde debería evolucionar el EGS para elevar la ambición del sector privado y lograr un impacto más allá de las propias empresas, en sus cadenas de valor y en los grandes desafíos del país?

La evolución natural de EGS es ampliar su impacto más allá de cada empresa. Ninguna organización gestiona su sostenibilidad de manera aislada: depende de sus proveedores, sus clientes, las comunidades, la infraestructura, los recursos naturales y las instituciones de su entorno. Por eso, el siguiente paso es llevar esta capacidad de gestión a las cadenas de valor.

Ya vemos avances en esa dirección. Este año reconocimos a Softys por su gestión de cadena de valor y, a través de EGS Cadenas de Impacto, estamos llevando el enfoque de EGS a empresas proveedoras, acompañadas por sus empresas ancla. Ahí existe un enorme potencial de escala: cuando una gran empresa fortalece la gestión de sus proveedores, mejora también la resiliencia y competitividad de toda su cadena.

¿Es importante sumar también a toda esa red de empresas de distintos tamaños?

Debemos seguir ampliando el alcance de EGS para que más empresas, de distintos tamaños y sectores, puedan medirse frente a estándares internacionales y construir su propia trayectoria de mejora. Esto será cada vez más relevante en un contexto de mayores exigencias de transparencia y nuevas oportunidades de financiamiento sostenible. Las empresas que hoy ordenen su gestión y fortalezcan su evidencia estarán mejor preparadas para acceder a mercados y capital.

El norte es que una mejor gestión empresarial se traduzca también en desarrollo para el país: cadenas más resilientes, empleo más sostenible, territorios mejor articulados y mayor confianza para invertir. El desafío es escalar ese impacto sin perder el rigor técnico que caracteriza a EGS.







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