Baltazar Caravedo Molinari
Profesor de la PUCP

Los comportamientos contradictorios que ocurren en la política peruana en los últimos meses es la continuidad de lo que se ha producido en el curso de la dinámica social de nuestro país en lo que va del siglo XXI. Es la incapacidad transformativa que se ha afincado en nuestra cultura.

Cuando hablamos de transformación social nos referimos a las modificaciones que se dan en las relaciones humanas. Toda vinculación humana se da en un marco o contexto (localidad, organización, clima social, cultura), tiene formas (gestos, actos) y está cargada de afecto y significado. El impulso transformador por excelencia es la modificación del sentido. La significación de “algo” o la adquisición de un nuevo sentido, en última instancia, no es otra cosa que afecto. En otras palabras, podemos decir, que la transformación social es una resignificación (la construcción de nuevos afectos) que hace posible modificar las acciones, los gestos y las formas, y alterar las relaciones humanas en la sociedad.

Las personas y las instituciones funcionan o actúan de la manera en que lo hacen porque, para estas, las cosas tienen un sentido, adquieren un significado. El sentido puede ser focalizado y de interés particular. Pero, también, puede ser amplio y de interés general. El sentido puede estar claramente formulado o puede estar inadvertidamente y sólo descubrirlo a través de las acciones que se despliegan. Las acciones expresan metáforas (pensamientos) con las que se organizan o conducen diariamente las personas y las instituciones. El sentido puede combinar tiempos distintos; es decir, puede tenerse un sentido para lo inmediato y otro de largo aliento.

¿Qué significa dar nuevos sentidos? Incorporar y expresar nuevos mensajes a través del lenguaje, las prácticas y, en general, las acciones. En el contexto y en la sociedad en la que vivimos el ser humano se despliega guardando un grado de incoherencia, el mismo que varía de persona a persona, de localidad a localidad, de cultura a cultura, de sociedad a sociedad. Pueden darse inconsistencias entre las distintas formas de expresión. Así, se puede decir que uno llegará puntualmente a la reunión y, en realidad, hacerlo con media hora de retraso sin que exista un hecho retardatario (un inconveniente en el tráfico por exceso de automóviles o un accidente). El hecho de llegar tarde es un mensaje en sí mismo.

La acción de arribar con retraso puede significar varias cosas al mismo tiempo. De un lado, una forma de entender las horas de las citas o los compromisos de una manera laxa; es decir, de no apurar ni tener necesidad de cumplir con lo pactado, producto de una cultura informal. De otro lado, una manera de establecer vínculos de modo de generar un posicionamiento individual en el grupo humano con el que se ha hecho la cita; el que llega temprano es percibido como inseguro, el que llega tarde como alguien muy seguro de sí mismo. En tercer lugar, los afectos por aquellos con los que se ha hecho la cita; se puede llegar con desgano, y por eso la demora. En cuarto lugar, puede ser un valor el llegar temprano o tarde y las personas asumirlo y expresarlo. Por último, puede ser que la acción de llegar tarde exprese un conocimiento acerca de la situación, la familia, el contexto, el lugar.

Modificar el grado de coherencia es expresar un nuevo sentido y alterar el patrón de vínculos de las personas y las organizaciones; siguiendo la lógica del párrafo anterior, cumplir con lo que se promete es una forma de expresar nuevos sentidos.







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