Baltazar Caravedo
Profesor de la PUCP

Es el flujo de un proceso de articulación de diferentes dinámicas de elementos que se plasman en cada persona de una organización o sistema y que, l actuar simultáneamente, configuran una trama colectiva de intercambio de energía que define la identidad y comportamiento de la organización o sistema, provocando, asimismo, la transformación de la organización, de sus componentes individuales, y la de su entorno. 

En una organización productiva (empresa), por ejemplo, no sólo se requiere contar con la materia prima que los proveedores abastecen para elaborar y producir el producto o servicio que se ha propuesto; se necesita el equipamiento y maquinaria pertinente que manipulan los trabajadores para efectuar las alteraciones de la materia prima que darán como resultado el producto o servicio; y se requiere una infraestructura física que haga factible realizar los transportes internos de personas y materiales, de equipos y máquinas , de conexiones y dinámicas para llevar la energía eléctrica y agua a los punto que corresponda para movilizar la fabricación de los bienes y servicios, entre otros. Pero, además, hay que considerar las ideas, la información y los elementos afectivos que animan o desaniman a las personas que desempeñan roles distintos en el proceso productivo para que el bien o servicio llegue a los consumidores (usuarios) y satisfagan sus necesidades de diversa índole. 

En las personas relacionadas a la organización productiva desde el interior de esta, hay un universo de ideas, afectos, paradigmas y reglas que orientan su comportamiento, hacia adentro y hacia afuera de la entidad. También hay procesos de generación de ideas y elementos afectivos que se comparten con otras personas, con otros sistemas u organizaciones, a través de los medios de comunicación y de los distintos mecanismos de conexión que existen. La televisión, radio, internet y el intercambio presencial con otros son vías mediante las cuales se conectan las mentes y los afectos de las personas a través de los mensajes, imágenes, y sonidos que se transmiten, y que llegan a la parte consciente e inconsciente de la mente de las personas. La implantación y capacitación de códigos de ética o de conducta en el interior de las organizaciones ofrecen a los trabajadores valores, criterios de comportamiento, de apreciación, de evaluación, y contención. Guardando las distancias, algo similar ocurre en las familias, en los grupos de amigos, en los centros educativos, en las asociaciones de personas para cumplir, en términos generales, con un propósito. 

En lo que se acaba de describir en los dos párrafos anteriores hay, cuando menos, dos procesos de intercambio de energía que se mueven en planos o dimensiones diferentes. Hay una dimensión visible que se manifiesta claramente en términos del uso y consumo de energía por las máquinas y equipo, y por la planta o edificio en la que se ha establecido la organización. El proceso productivo requiere de un flujo de energía que se puede medir, y se mide. Pero, en las relaciones entre las personas que componen la organización también hay intercambios de flujos de energía en una dimensión invisible, de la que no nos damos cuenta y, desde luego, no medimos. Si las personas están satisfechas (no sólo por el salario sino por el clima, por lo que los capacitan y aprenden, por las amistades con otros trabajadores, porque comparten un sentido de pertenencia, porque han reducido la contaminación que antes generaban, etc.) el intercambio de flujos de energía produce un balance positivo y la capacidad productiva e innovadora cohesiona a la organización y potencia su adaptabilidad. Si el clima laboral está tenso ocurre todo lo contrario.







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