Baltazar Caravedo
Docente de la PUCP

La situación de crisis sistémica y colapso integral del Perú se manifiesta en varios planos y dimensiones. En la dimensión política a través de la transgresión de procedimientos y normas para administrar el aparato del Estado, en el nombramiento de funcionarios que no sólo arrastran denuncias penales sino, además, desconocimiento o conocimiento precario de los objetivos, propósito y métodos de las instituciones que se les encarga conducir; ofertas demagógicas con relación a temas y problemas que vive la población sin la capacidad ejecutiva real de plasmar lo que se propone como solución; filtración y presencia reiterada de actos corruptos en las distintas instancias de la estructura del Estado; desinterés por transparentar los procesos y ampliar la dinámica democrática de la sociedad en los temas gubernamentales. 

El desenvolvimiento en la dimensión política genera, en la dimensión social, desconfianza y una mayor sensación de vulnerabilidad en la población expandiendo los sentimientos de polarización y violencia tal como viene ocurriendo con las movilizaciones y conflictos sociales en diferentes lugares del país. La dinámica de tensión del sistema social peruano precariza los vínculos y debilita la cohesión social que se requiere para estabilizar la administración pública. En el actual contexto, el tipo de desequilibrio social afecta negativamente el comportamiento de la dimensión económica en materia de precios e inversión productiva y social, entre otros. 

Independientemente del sentido de la propuesta estratégica que requiere el Perú, hoy se necesita un nuevo clima subjetivo en el muy corto plazo para reducir la entropía social dominante. No basta tener buenos estudios de aspectos parciales ni magníficos argumentos técnicos, si los hubiera. Es necesario producir un clima subjetivo de integración, colaboración y cohesión. En nuestra sociedad tan precariamente organizada la erosión afectiva que se ha producido constituye un impedimento a cualquier iniciativa de transformación social consistente y sostenible. 

Habría que convocar a una dinámica insólita pero constructiva para configurar en el más breve plazo una redefinición del momento social. Sería el inicio del desmontaje del clima agudo de tensión para, luego, trabajar desde una perspectiva integral la reconfiguración del patrón de vínculos polarizados, violentos, desconfiados, irritantes, desgastantes que llevan a la profundización del colapso. El propósito sería frenar la tensión entrópica en el corto plazo para, luego, iniciar una transición hacia la cohesión subjetivo-afectiva que haga posible intercambiar ideas y afectos con todos los sectores de la sociedad y permitir una estabilización general.

Una iniciativa de esta naturaleza no podría ser convocada por los partidos o movimientos políticos actuales porque, inevitablemente, al darse de esa manera emergería la falsa ilusión de la disputa del poder que podría arruinar el espíritu de integración-cohesión social que se requiere en el actual contexto. Para que ello pueda ocurrir, tal como lo estamos planteando, se necesita que entidades no políticas que expresen a la multiplicidad de sectores sociales y aspiraciones existentes en el Perú lo convoquen. Entonces, sería muy pertinente que se pudiese estructurar una suerte de plataforma multi organizacional, una alianza de entidades con el propósito de cohesionar afectiva y subjetivamente a la sociedad peruana. Seguramente hay iniciativas cargadas de este tipo de inquietudes y preocupaciones en diferentes regiones y localidades del Perú. Hay que dar el primer paso, hacer la primera llamada.







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