¿Nos está ganando la tendencia al colapso en el mundo? Por Baltazar Caravedo

Baltazar Caravedo Molinari
Miembro del Directorio de CTC Consultores

El trabajo que realiza el Institute for Economics and Peace (IEP, 2019) sobre el índice Global de Paz y el Índice de Paz Positiva ayuda a tener una idea de la tensión general del mundo. De acuerdo a su metodología, en América Latina los países con mayor índice de paz son Uruguay, Chile y Costa Rica. Y los países con menor ÍPP son Venezuela, Guatemala, Honduras, y Bolivia. Los recientes acontecimientos ocurridos en Chile podrían plantear la necesidad de incorporar nuevos criterios para explicar la tensión en los países, y, desde luego, la tensión mundial.

En anteriores artículos he destacado la necesidad de emplear una perspectiva de sistemas complejos y he insistido en el concepto de energía social como un elemento que añade aspectos (e integra a todos los demás) lo que puede ampliar nuestra mirada. Para ilustrar este planteamiento voy a tomar en cuenta sólo dos variables: población, y densidad de energía.

El concepto de densidad de energía hace referencia a la cantidad de energía usada/consumida por persona en los vínculos que despliega en un sistema que tiene un desarrollo tecnológico determinado. Esa intensidad de uso/consumo se puede medir en kw per cápita. En el sistema tecnológico (el más alto) la densidad de energía es de 12.5 kw per cápita por hora. Cuando la densidad del sistema es menor le llamaré moderno y la densidad de energía es equivalente a 2.7 kw per cápita por hora. Cuando la densidad del sistema es muy menor llamo al sistema tradicional y la densidad de energía es de 0.5 kw per cápita por hora.

Tomando como referencia al físico norteamericano Eric Chaisson se puede decir que  en Norteamérica (considerando sólo Estados Unidos y Canadá) la densidad de energía es la más alta; le sigue Europa (4.5 kw). En las demás regiones he estimado el kw per cápita tomando como referencia el peso del PBI per cápita de la Región/Continente con relación al PBI per cápita  de Estados Unidos, y el resultado que he obtenido es:. América Latina (1.6 kw), Asia (1.1kw), Oceanía (0.97 kw) y África (0.5 kw).

He introducido los conceptos de energía social positiva y energía social negativa para distinguir la energía social cuyo uso/consumo cohesiona los vínculos (positiva) de la energía social cuyo uso/consumo  que repulsa los vínculos (negativa). Si se consideramos que una de las manifestaciones del patrón de vínculos tiene que ver con la prevalencia de desórdenes o perturbaciones emocionales (ansiedad, depresión, adicciones, etc.), se le puede atribuir responsabilidad en una parte del valor de la energía social negativa en la densidad de energía social. Bajo estas consideraciones en Norte América por cada 12.7 KW de energía/persona se generan 2.08 KW de energía social negativa. En el caso de Europa, es 0.7002 KW; en Asia es 0.154 KW; en América del Sur es de 0.218KW; en África es 0.06605. Si se incorporan otros indicadores en distintas categorías la distancia entre el total de energía social y el valor de energía social negativa se hace menor.

Si se añaden otras variables como, por ejemplo, energía renovable o energía contaminante los impactos pueden ser mayores. De lo que hemos podido ver el 72.3%  de la energía consumida en el mundo es contaminante y sólo el 27.7% es energía renovable. En otras palabras, se trata de un elemento de energía social  que es negativa en un patrón de vínculos de la humanidad en el actual contexto. La energía social que produce la humanidad actualmente podría ser predominantemente negativa.

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