La reducción de fitoplancton está asociada al calentamiento del océano y a la menor disponibilidad de nutrientes provocada por El Niño. Especialistas advierten que estos cambios podrían repercutir en la cadena alimentaria marina y en la capacidad del océano para absorber dióxido de carbono.

Imágenes de la NASA muestran un Pacífico ecuatorial más azul durante El Niño 2026.

Por Stakeholders

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El océano Pacífico ecuatorial está experimentando una transformación visible desde el espacio. Imágenes satelitales recientes de la NASA muestran una franja cada vez más azul en amplias zonas del Pacífico tropical, un comportamiento asociado al desarrollo del fenómeno El Niño 2026 y a cambios en la abundancia de organismos microscópicos que sostienen buena parte de la vida marina.

Aunque la modificación del color puede parecer un detalle menor, para los científicos representa una señal relevante sobre el estado de los ecosistemas oceánicos. La causa principal no es la desaparición de la vida marina, sino una disminución del fitoplancton, conjunto de microalgas que cumple un papel clave en las cadenas alimentarias y en la captura de carbono de la atmósfera.

La relación entre El Niño y el cambio de color del océano

Las comparaciones realizadas entre imágenes de octubre de 2025 y octubre de 2026 muestran un incremento de las tonalidades azules en el Pacífico tropical.

Este fenómeno coincide con aguas superficiales más cálidas y alteraciones en la altura del mar, características típicas de los eventos de El Niño. Según los especialistas, el color más azul refleja una reducción de los pigmentos verdes asociados al fitoplancton presente en la superficie oceánica.

El proceso comienza cuando los vientos alisios pierden intensidad. Como consecuencia, disminuye el afloramiento de aguas profundas cargadas de nutrientes que normalmente alimentan el crecimiento de estas microalgas. Con menos nutrientes disponibles, la proliferación del fitoplancton se reduce y el océano adquiere una apariencia más azulada.

Además del déficit de nutrientes, el aumento de la temperatura superficial del mar genera condiciones menos favorables para el desarrollo de estos organismos.

Menos fitoplancton, menos alimento para numerosas especies

La NASA también registró una disminución de los niveles de clorofila entre junio de 2025 y junio de 2026 en el Pacífico ecuatorial.

La clorofila es uno de los principales indicadores utilizados para medir la presencia de fitoplancton. Su descenso sugiere una reducción de la base biológica que sostiene gran parte de la productividad marina.

Los efectos pueden extenderse a lo largo de toda la cadena alimentaria. El fitoplancton sirve de alimento al zooplancton, que a su vez alimenta a peces pequeños y otras especies marinas. Cualquier alteración significativa en esta base puede repercutir en organismos de mayor tamaño, incluidos peces comerciales, aves marinas y mamíferos oceánicos.

Por ello, los cambios observados generan interés entre los científicos que monitorean la evolución de los ecosistemas marinos durante el actual episodio de El Niño.

Impacto potencial sobre el cambio climático

La importancia del fitoplancton va más allá de la biodiversidad marina.

Estos organismos también desempeñan un rol relevante en la absorción de dióxido de carbono, ayudando a retirar parte de este gas de efecto invernadero de la atmósfera.

Una reducción sostenida de sus poblaciones podría disminuir la capacidad natural del océano para capturar carbono, afectando uno de los mecanismos que contribuyen a moderar el calentamiento global.

Aunque los investigadores continúan evaluando el alcance de estos efectos, el fenómeno evidencia cómo las alteraciones oceánicas pueden tener implicancias ambientales mucho más amplias.

Las perspectivas climáticas indican que el fenómeno aún podría fortalecerse.

Según las proyecciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), existe una alta probabilidad de que El Niño alcance una intensidad histórica entre octubre y diciembre de 2026.

De concretarse este escenario, los efectos podrían extenderse hasta los primeros meses de 2027 y aumentar la ocurrencia de eventos climáticos extremos, como lluvias intensas, inundaciones y sequías en distintas regiones del planeta.

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