Por Francisco Medina, gerente de Asuntos Corporativos de Summa Gold Corporation

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Una operación no ocurre en un espacio aislado. Se desarrolla en un territorio donde existen comunidades, familias, autoridades, actividades económicas y necesidades que forman parte de la realidad cotidiana. Por eso, hablar del vínculo entre minería y comunidad implica preguntarnos cómo podemos contribuir al desarrollo del lugar donde se está presente.

Desde nuestra experiencia en el sector minero, creemos que ese vínculo comienza por entender el territorio. Escuchar a las autoridades y vecinos, recorrer las localidades y conocer sus principales brechas permite identificar qué necesidades requieren atención y qué iniciativas pueden generar un impacto concreto. No existen poblaciones iguales y, por eso, tampoco deberían existir soluciones diseñadas sin considerar sus particularidades.

En nuestra zona de influencia, esta mirada parte de reconocer las necesidades cotidianas de los caseríos. El acceso a servicios básicos, la conectividad y las condiciones para estudiar son algunas de las brechas que pueden marcar una diferencia concreta en el desarrollo de una localidad. Por eso, proyectos vinculados con el agua y saneamiento, como el de Shiracmaca, o con la conectividad vial en Huamachuco, ambos en La Libertad, adquieren sentido cuando responden a prioridades identificadas junto con el propio territorio.

En este trabajo, mecanismos como las Obras por Impuestos permiten transformar algunas de estas prioridades en proyectos concretos, articulando los esfuerzos del sector privado y el Estado para atender brechas de infraestructura y servicios. No es un mecanismo menor, según ProInversión, a junio de 2026 se habían adjudicado S/ 5,266 millones mediante esta modalidad, una cifra que refleja el potencial que puede alcanzar cuando existe una adecuada articulación para convertir necesidades en proyectos concretos.

Pero el impacto de una empresa minera no debería medirse únicamente por el monto de una inversión o por el número de obras ejecutadas. También, debe observarse en aquello que cambia en la vida cotidiana, como tener acceso a agua y saneamiento, contar con mejores vías para trasladarse o disponer de mejores condiciones para estudiar.

La minería tiene el desafío de mirar su relación con las comunidades desde una perspectiva de largo plazo. Esto significa entender que la operación y el territorio están vinculados y que contribuir a su desarrollo también forma parte de construir una relación sostenible con quienes viven en él.

Porque generar valor no es solamente extraer recursos. Es también preguntarse qué podemos aportar al lugar donde desarrollamos nuestra actividad y cómo ese aporte puede convertirse en mejores oportunidades para las personas.







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