El sistema eléctrico peruano atraviesa una etapa crucial. Por un lado, el país avanza en el debate y la planificación para diversificar su matriz energética e incorporar una mayor cuota de fuentes renovables no convencionales. Por otro lado, enfrenta el desafío de garantizar la seguridad, calidad y continuidad del suministro en un territorio geográficamente complejo e intensamente vulnerable al cambio climático.
La recurrencia de fenómenos climáticos como El Niño pone a prueba la capacidad del país para responder a eventos cada vez más complejos. Frente a este escenario, garantizar un suministro eléctrico seguro y confiable requiere mirar más allá de la operación diaria e incorporar la sostenibilidad como un elemento fundamental para fortalecer la resiliencia del sistema y generar valor en el entorno.
Como parte del sector, entendemos que el futuro energético del país debe construirse de manera responsable y sostenible. Por ello, resulta clave impulsar iniciativas que fortalezcan la infraestructura, promuevan el cuidado del entorno y contribuyan al desarrollo de las comunidades donde operamos.
En este contexto, la resiliencia en la gestión energética y operativa se traduce en acciones concretas de conservación y restauración. Por ejemplo, en el sector se vienen ejecutando acuerdos estratégicos, como la reforestación de queñuales en la Reserva Nacional de Salinas y Aguada Blanca (Arequipa) y la recuperación de 50 hectáreas afectadas por incendios forestales en la región San Martín, mediante la dispersión de más de 28,000 semillas de especies nativas. A ello se suman iniciativas de economía circular y eficiencia operativa, como la que se está desarrollando en la comunidad de Tambo Cañahuas (Arequipa) para fortalecer las capacidades locales en la gestión responsable de residuos sólidos.
Asimismo, la sostenibilidad de la infraestructura eléctrica es inseparable del bienestar de las comunidades que conviven con las líneas de transmisión, entendiendo que la licencia social es un compromiso continuo de largo plazo. En esa línea, destacan iniciativas como el programa Kusi Warma en Puno, que impacta positivamente en la salud y hábitos de niños de nivel inicial y primaria, o el programa Casitas en Tacna, enfocado en brindar acompañamiento académico y socioemocional a escolares para asegurar su permanencia en el sistema educativo.
Avanzar hacia una transición energética sostenible implica mucho más que incorporar energías limpias. También requiere construir un sistema eléctrico seguro, resiliente y conectado con las comunidades y el medio ambiente. Hoy, la sostenibilidad es una pieza fundamental para el desarrollo y la seguridad energética del país.









