Alrededor de 1,2 millones de personas se encuentran expuestas a los impactos del Fenómeno El Niño, según estimaciones del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) y del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred). El escenario cobra especial relevancia ante las proyecciones de lluvias más intensas en la costa peruana y el consecuente incremento del riesgo de inundaciones, huaicos y deslizamientos.
Frente a este panorama, la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) impulsa una iniciativa multidisciplinaria liderada por Sandra Santa Cruz, docente e investigadora de Ingeniería PUCP, cuyo objetivo es reforzar la estabilidad de las laderas y convertir estos espacios en áreas verdes con valor ambiental y comunitario.
Desde 2018, el equipo desarrolla investigaciones orientadas a optimizar las pircas, estructuras de piedra ensambladas sin mortero que tradicionalmente se utilizan para formar terrazas y reducir la inestabilidad de los terrenos inclinados. Mediante simulaciones computacionales, ensayos experimentales y análisis de laboratorio, los investigadores identificaron mejoras que fortalecen el desempeño de esta técnica ancestral sin modificar sustancialmente su esencia constructiva. Además, establecieron criterios específicos de diseño en función del nivel de actividad sísmica de cada zona.
“Lo que comenzó con un proyecto de estructuras y de seguridad estructural ya ha trascendido y se ha convertido también en un proyecto de medio ambiente, gestión de riesgos y mitigación ante el cambio climático. La idea es que una técnica tradicional como la pirca pueda ser mejorada y utilizada no solo para hacer más seguras las laderas, sino también para recuperar estos espacios y convertirlos en lugares verdes y útiles para las comunidades”, explicó Santa Cruz.
De la investigación a la aplicación en campo
La propuesta ya viene siendo evaluada en condiciones reales. En las laderas del campus de la PUCP en Santa María del Mar, al sur de Lima, se construyeron cuatro prototipos de aproximadamente seis metros de longitud, entre tres y cuatro metros de ancho y 1,5 metros de altura. Estas estructuras permiten analizar su comportamiento y su potencial de implementación en distintos contextos.
Uno de los prototipos fue acondicionado específicamente para estudiar su respuesta ante movimientos sísmicos. A ello se suma una experiencia piloto desarrollada en San Juan de Miraflores por la ONG Desco Ciudadano, con asesoría técnica de la universidad.
Más allá de la estabilización de taludes, el proyecto propone aprovechar estas terrazas como espacios verdes y de uso comunitario. Para ello contempla la incorporación de especies nativas de bajo requerimiento hídrico, como la muña, con el fin de generar áreas recreativas y ambientales que contribuyan a mejorar la calidad de vida de la población.
Asimismo, el equipo trabaja conjuntamente con pobladores y maestros constructores para facilitar la transferencia de conocimientos y promover la aplicación de esta solución en otras zonas vulnerables del país.









