Nueva York liberó más de 170.000 páginas de registros ocultos sobre el 11-S; documentos confirman que autoridades sabían de la toxicidad en la Zona Cero y ocultaron información durante 25 años.

Más de 9.000 muertes se atribuyen a enfermedades relacionadas con el 9/11 y se confirma responsabilidad institucional. Foto: Stakeholders/Bryam Esquen.

Por Stakeholders

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A pocos días de cumplirse el 25 aniversario de los atentados del 11 de septiembre, el alcalde Zohran Mamdani anunció la liberación de más de 170.000 páginas de registros municipales que permanecieron ocultos durante décadas.

Los documentos confirman lo que sobrevivientes y socorristas han sostenido desde 2001: las autoridades sabían que el aire en la Zona Cero estaba saturado de contaminantes tóxicos, pero aseguraron públicamente que era seguro.

Las primeras evaluaciones ambientales detectaron partículas peligrosas “en casi todas partes” de la Zona Cero. Sin embargo, tanto el ayuntamiento como la Agencia de Protección Ambiental (EPA) alentaron a residentes, trabajadores y estudiantes a regresar. El costo humano de esas decisiones sigue creciendo: más de 9.000 personas han muerto por enfermedades relacionadas con el 9/11, casi tres veces el número de víctimas del ataque.

“La gente se enfermó porque los líderes en quienes confiaban les mintieron y les dijeron que era seguro respirar aire tóxico”, denunció Mamdani.

El “memo Harding” y la responsabilidad legal

Entre las revelaciones destaca el “memo Harding”, enviado en octubre de 2001 al entonces vicealcalde Robert Harding, durante la administración de Rudy Giuliani. El documento advertía que la ciudad podría enfrentar hasta 35.000 demandas legales por su gestión y señalaba que las alertas sanitarias que animaron a la población a regresar demasiado pronto podrían derivar en responsabilidad legal.

La liberación de los archivos se produce tras el acuerdo de dos demandas entre la ciudad y la organización 9/11 Health Watch, además de la asignación de 34,2 millones de dólares para crear una base de datos pública con cientos de miles de registros, incluidos reportes ambientales y documentación sobre el Edificio 7 del World Trade Center.

La expresidenta del Condado de Manhattan, Gale Brewer, subrayó que el encubrimiento se extendió por tres administraciones municipales consecutivas. “Durante esas dos décadas y media, se mantuvieron enterradas piezas clave de los propios registros de la ciudad, retrasando y negando solicitudes de información pública”, afirmó.

El activista John Stewart, defensor de los primeros socorristas, recordó que las autoridades no reconocieron formalmente la toxicidad del aire hasta octubre de 2001. “Nada más enterraron esa información por 25 años”, ironizó.

Atentados del 9/11: testimonios de traición y pérdida de familiares

El representante federal Jerrold Nadler relató que advirtió desde el inicio sobre los riesgos de salud, pero sus denuncias fueron desestimadas por Giuliani y la administradora de la EPA, Christine Todd Whitman. “Las autoridades traicionaron esa confianza. Negar la toxicidad del aire fue una bofetada para los héroes y las comunidades expuestas”, dijo.

El sindicalista Tom Hart recordó haber acompañado a policías y bomberos en la respuesta inicial: “Los hemos abrazado. Y después los hemos enterrado”.

La historia de Luis Álvarez, detective retirado que testificó ante el Congreso en 2019 mientras enfrentaba su 69ª ronda de quimioterapia, simboliza el costo humano. Murió semanas después, pero sus palabras siguen resonando: “Todos ustedes dijeron que nunca olvidarían. Bueno, aquí estoy para asegurarme de que no lo hagan”.

Los archivos permitirán a trabajadores, exresidentes y estudiantes comprobar su exposición y acceder al Programa de Salud del World Trade Center y al Fondo de Compensación para Víctimas del 11-S.

“Sabemos que hay más gente que califica que la que actualmente está inscrita”, señaló Mamdani, quien evitó pronunciarse sobre el legado de Giuliani y Bloomberg: “Dejaré que los neoyorquinos emitan ese juicio”.

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