Alfredo Estrada, miembro del Comité Evaluador de Empresas que Transforman, explica cómo el enfoque de Valor Compartido está redefiniendo la manera en que las empresas peruanas convierten desafíos sociales y ambientales en oportunidades de desarrollo sostenible y resultados medibles.

Por Stakeholders

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Desde su experiencia como miembro del Comité Evaluador de Empresas que Transforman, ¿qué significa realmente generar Valor Compartido y cómo se diferencia de una iniciativa tradicional de responsabilidad social?

El Valor Compartido implica incorporar la atención de desafíos sociales y/o ambientales como parte de la estrategia de negocio, generando un impacto positivo en la sociedad y/o el medio ambiente y, al mismo tiempo, beneficios para la empresa, traduciéndose progresivamente en resultados concretos y medibles para todas las partes, esa conexión es fundamental y es precisamente lo que busca reconocer Empresas que Transforman.

A diferencia de una iniciativa tradicional de responsabilidad social, el Valor Compartido no se desarrolla de manera independiente al negocio. Parte de identificar oportunidades en las que el impacto positivo y el fortalecimiento de la competitividad puedan avanzar de manera conjunta, ya sea a través de mayor productividad, innovación, nuevos mercados o cadenas de valor más sólidas, el desafío es que esa generación de valor pueda sostenerse en el tiempo y convertirse en el eje sobre el cual la empresa compite y crece.

Después de varias ediciones evaluando iniciativas, ¿cómo ha evolucionado la manera en que las empresas peruanas entienden e incorporan el Valor Compartido dentro de su negocio?

Se observa una evolución hacia una comprensión más estratégica del Valor Compartido. A través de las distintas ediciones de Empresas que Transforman, iniciativa de IPAE Acción Empresarial, hemos podido conocer experiencias que muestran que este enfoque puede integrarse en diferentes áreas del negocio y no limitarse a propuestas vinculadas exclusivamente con sostenibilidad o responsabilidad social. Muchas compañías han demostrado, por ejemplo, que una empresa puede generar Valor Compartido al desarrollar productos y servicios para atender necesidades sociales, mejorar la productividad de su cadena de valor o contribuir al fortalecimiento de su entorno empresarial.

También es importante que esta mirada pueda aplicarse en empresas de distintos tamaños y sectores. Esa diversidad demuestra que no existe una única manera de generar Valor Compartido: cada organización puede identificar, desde su propia actividad, dónde existen oportunidades para generar beneficios tanto para el negocio como para la sociedad y el ambiente. El siguiente paso es lograr que estas iniciativas dejen de ser experiencias puntuales y puedan, de forma eficiente, integrarse al modelo de gestión, con objetivos, métricas y resultados que permitan evaluar su progresión.

Uno de los principios de Empresas que Transforman es que una iniciativa debe generar impacto positivo en la sociedad o el medio ambiente y, al mismo tiempo, beneficios para la empresa. ¿Cómo se logra esa conexión en la práctica?

El punto de partida es identificar un desafío social o ambiental relacionado con la actividad de la empresa y analizar cómo las capacidades del propio negocio pueden contribuir a atenderlo. A partir de ahí pueden surgir oportunidades para desarrollar productos o servicios, mejorar la productividad de la cadena de valor o fortalecer las condiciones del entorno en el que opera la organización.

Estas posibilidades se relacionan con las tres vías para generar Valor Compartido: reconcebir productos y mercados, redefinir la productividad en la cadena de valor y facilitar el desarrollo de clústeres locales. En Empresas que Transforman buscamos que exista un impacto positivo verificable en la sociedad y/o el medio ambiente y una relación clara con los beneficios generados para la empresa. Para ello resulta importante incorporar ese “lente dual” en el que se define el desempeño empresarial (performance) junto con el desempeño colectivo (propósito) , se debe partir por definir desde el inicio qué cambio se quiere generar, cómo se medirá y qué resultado empresarial estará asociado a ese impacto.

¿Qué características ha encontrado en las iniciativas que mejor logran convertir un desafío social o ambiental en una oportunidad para innovar, mejorar el negocio y generar competitividad?

Las experiencias reconocidas por Empresas que Transforman muestran que atender un desafío social o ambiental puede generar beneficios concretos cuando está integrado a la estrategia y gestión del negocio. Lo importante es que exista una conexión clara entre la necesidad que se busca atender y las oportunidades que puede generar para la organización, ya sea mediante el acceso a nuevos mercados, el rediseño de productos y servicios, una mayor eficiencia o el fortalecimiento de la cadena de valor.

Un ejemplo es Mibanco con Crédito Mujer, un producto diseñado para mujeres de los segmentos C y D que no eran consideradas sujetos de crédito por el tamaño de sus ingresos, la falta de garantías o su dependencia del cónyuge. Al simplificar los requisitos —basta el DNI y un recibo de servicios, sin firma del cónyuge— y evaluar únicamente sus propios ingresos, el banco atendió a 196 mil mujeres en cinco años, de las cuales 78 mil accedieron por primera vez al sistema financiero. La iniciativa le permitió ampliar su base de clientes en un segmento que la industria había dejado fuera.

Otro caso es Clínica Aviva con Parto Humanizado, que llevó a Lima Norte una propuesta de acompañamiento del parto que hasta entonces solo estaba disponible en clínicas del sector A, con tickets hasta siete veces mayores. El modelo —suites donde la madre vive la dilatación, el parto y la recuperación en un mismo ambiente, con acompañante, contacto piel a piel y soporte de lactancia— logró una tasa de cesáreas más de 20% menor que la de su competencia directa en la zona y la convirtió en líder de participación de mercado en partos privados de Lima Norte en apenas dos años de operación.

También encontramos el caso de Olam Agri, cuyo Programa Orgánico de Buenas Prácticas Agrícolas trabajó con más de 2.700 agricultores para mejorar sus rendimientos y la calidad de sus productos. El fortalecimiento de esta cadena permitió atender mercados internacionales, aumentar sus ingresos y elevar sus ventas en el canal retail.

Estos casos muestran que el Valor Compartido puede expresarse de distintas maneras. Una empresa puede encontrar la oportunidad en atender a un cliente que el mercado había dejado fuera, otra en rediseñar su servicio para una población desatendida y otra en el fortalecimiento de sus proveedores. Lo común es que la solución a una necesidad del entorno también genere valor para el negocio, que es justamente lo que Empresas que Transforman busca reconocer y visibilizar.

A partir de las iniciativas que ha evaluado en Empresas que Transforman, ¿qué ejemplos muestran que el Valor Compartido ya está generando resultados concretos en empresas peruanas?

Una de las fortalezas de EQT es justamente la diversidad de experiencias que ha permitido visibilizar. Desde su primera edición, la iniciativa ha reconocido empresas que han demostrado que las necesidades sociales y ambientales pueden convertirse en oportunidades de negocio. En 2021 fueron reconocidas 21 empresas y, en 2023, la lista llegó a 32 organizaciones, lo que refleja la variedad de sectores y modelos que pueden incorporar este enfoque.

Hemos visto experiencias vinculadas con inclusión financiera, economía circular, desarrollo de proveedores, acceso a productos y servicios, educación y gestión ambiental, entre otras. Lo interesante es que cada caso responde a una realidad diferente, pero todos permiten observar una misma lógica: cuando una empresa utiliza sus capacidades para atender una necesidad del entorno, puede encontrar también oportunidades para innovar, mejorar su productividad y fortalecer su negocio. El reto posterior es comprobar que esos resultados se mantienen, pueden crecer y generan valor para ambas partes en el tiempo. Ese es uno de los principales aprendizajes que Empresas que Transforman busca poner sobre la mesa.

¿Qué desafíos suelen enfrentar las empresas cuando buscan pasar de una iniciativa puntual a incorporar el Valor Compartido como parte de su estrategia y modelo de negocio?

Uno de los principales desafíos es lograr que estas iniciativas dejen de ser esfuerzos aislados y se integren realmente a la estrategia de la organización. Para ello se necesita liderazgo, una visión de largo plazo y la capacidad de medir tanto el impacto que se genera en el entorno como los beneficios que obtiene la empresa. Asi mismo, se requiere incorporar estos objetivos en la gestión y en la toma de decisiones, de manera que la iniciativa pueda mantenerse más allá de las personas que inicialmente la impulsaron.

También es necesario identificar correctamente dónde están las oportunidades. El Valor Compartido no consiste en adaptar cualquier acción social al negocio, sino en encontrar problemas sociales o ambientales que tengan una conexión real con la actividad de la empresa. Cuando esa conexión existe, la iniciativa puede contribuir a mejorar la productividad, fortalecer la cadena de valor, abrir nuevos mercados o mejorar las condiciones del entorno en el que opera la organización.

Después de conocer y evaluar distintas experiencias empresariales, ¿qué aprendizajes pueden tomar otras compañías que todavía no han incorporado este enfoque?

El principal aprendizaje es que el Valor Compartido puede desarrollarse en empresas de distintos tamaños y sectores. El primer paso es conocer el entorno en el que operan, identificar los desafíos sociales o ambientales relacionados con su actividad y analizar cómo las capacidades del negocio pueden contribuir a atenderlos.

También es importante adoptar una mirada de largo plazo, acostumbrarse a medir los resultados y aprender de experiencias que ya han demostrado que generar impacto positivo no tiene por qué estar separado de los objetivos empresariales. Empresas que Transforman ha demostrado que cuando existe una conexión real con el negocio, puede convertirse también en una fuente de innovación, competitividad y nuevas oportunidades de crecimiento. Por ello, recomendaría comenzar identificando una oportunidad concreta con una dimensión clara, luego establecer qué valor se espera generar para la sociedad y para la empresa, medir los resultados y, a partir de la evidencia, evaluar su continuidad o escalamiento.

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