A sus 19 años, Adriana Nube ha convertido la música en una plataforma para representar al Perú en escenarios internacionales y promover un mensaje de transformación social. La joven soprano, formada en gran parte gracias a su paso por Sinfonía por el Perú, atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera tras ser admitida con beca en el prestigioso Manhattan School of Music de Nueva York, una de las instituciones más reconocidas del mundo en formación musical.
Sin embargo, detrás de este logro existe una realidad compartida por muchos jóvenes peruanos talentosos. La falta de recursos limita el acceso a la oportunidad de formarse en una institución de alto nivel.
“Hay muchísimo talento en nuestro país, en distintas áreas, pero no siempre existe el apoyo necesario para que esos talentos puedan desarrollarse o seguir creciendo”, afirma Nube durante una entrevista con Stakeholders.
Su trayectoria reciente ha estado marcada por una intensa agenda internacional. Tras integrar el Coro Mundial Juvenil en 2024, realizó una gira por Europa junto a la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil de Alemania. Posteriormente, participó en un importante concurso en Austria, donde obtuvo el primer premio junto a una agrupación peruana.
La experiencia continuó en Berlín, donde recibió una beca para estudiar en la Berlin Opera Academy y realizó su debut operístico en Europa interpretando una producción de Claudio Monteverdi. Fue la única peruana seleccionada para el programa. “Siempre es para mí un honor presentarme en cualquier país y llevar conmigo mis raíces, la música peruana y toda nuestra historia”, señala.
La cultura peruana como bandera
Más allá de su desarrollo artístico, Adriana ha construido una propuesta que combina formación internacional con la promoción de la identidad cultural peruana. Durante sus presentaciones en Alemania y Estados Unidos incluyó repertorio nacional y aprovechó cada escenario para compartir la riqueza musical del país.
Su reciente concierto en Washington D. C., realizado con apoyo de la Embajada del Perú en Estados Unidos, estuvo dedicado íntegramente a compositores peruanos.
“Nuestro país tiene tanta riqueza musical que no termina de compartirse. Fue muy lindo poder mostrar esta música tan valiosa que tenemos”, comenta.
Ese compromiso también estuvo presente durante su proceso de admisión al Manhattan School of Music. Como parte de su audición interpretó una pieza peruana que, según relata, tuvo una gran acogida por parte del jurado.
“Quiero desarrollarme en la ópera, pero siempre trabajando la revalorización de nuestra cultura. Tener la oportunidad de estar en otros escenarios implica también compartir quién eres, de dónde vienes y qué sucede en tu país”, sostiene.
Una historia que busca inspirar
Nacida y criada en San Juan de Lurigancho, Adriana reconoce que gran parte de su motivación surge de las dificultades que ha enfrentado para construir una carrera artística en un entorno donde las oportunidades suelen ser limitadas.
“Soy la primera de mi familia en ingresar a una universidad. Mis padres hicieron todo lo posible para generar oportunidades para mi hermano y para mí. Eso despertó en mí el deseo de buscar nuevas oportunidades por mi cuenta”, recuerda.
La joven considera que visibilizar historias de esfuerzo es clave para motivar a otros jóvenes que enfrentan contextos similares.
“Me gusta pensar que compartiendo mi historia puedo inspirar a otros jóvenes a seguir buscando oportunidades, incluso cuando el panorama no sea tan favorecedor”, afirma.
La música como herramienta de transformación social
El vínculo de Adriana con el impacto social de la música sigue siendo una constante en su carrera. Aunque actualmente sus compromisos profesionales le impiden dedicar tanto tiempo a actividades presenciales, continúa colaborando con iniciativas orientadas a acercar el arte a niños y adolescentes.
Para ella, el acceso a referentes positivos puede marcar una diferencia decisiva en la vida de un joven. “Si no tienes un ejemplo de que sí se puede lograr, probablemente no creas que sea posible. Ver que alguien lo ha conseguido genera esperanza y motivación para seguir creciendo”, reflexiona.
Por ello, uno de sus objetivos a largo plazo es fortalecer su trabajo con escolares y jóvenes, a través de charlas y programas de acompañamiento.
“Quiero seguir trabajando toda mi carrera artística para compartir este mensaje de superación y mostrar que existe un camino distinto al que muchos creen que tienen”, señala.
El desafío de financiar un sueño
Pese a haber obtenido una beca para estudiar en Nueva York, Adriana aún necesita reunir recursos para cubrir una parte importante de los costos académicos y de manutención.
Las clases comienzan en septiembre y, aunque mantiene una actitud optimista, reconoce que la situación genera preocupación. “No voy a negar que es un poco frustrante. Hay mucha ilusión por parte mía y de mi familia. Sería muy triste perder una oportunidad tan grande por un tema económico”, admite.
Actualmente financia sus actividades mediante conciertos, clases de música y otras iniciativas vinculadas a su profesión. También gestiona personalmente su carrera, sin representación ni equipo de apoyo. Como parte de ese esfuerzo, el próximo 19 de junio protagonizará “Noche de Ópera: Carmen” en el JW Marriott Lima, una experiencia inspirada en la célebre obra de Georges Bizet que combinará música en vivo, performance y gastronomía en una propuesta inmersiva para celebrar el Día del Padre. La presentación forma parte de las actividades que impulsa para seguir desarrollando su carrera artística y acercar la ópera a nuevos públicos.
Mientras continúa buscando alternativas para concretar sus estudios en Nueva York, Adriana mantiene firme el propósito que ha guiado su camino desde sus primeros años en la música: representar al Perú, abrir oportunidades para otros jóvenes y demostrar que el talento puede trascender cualquier frontera cuando encuentra una oportunidad para desarrollarse.
“Apoyar la formación y proyección internacional de jóvenes artistas puede aportar muchísimo a la imagen y al desarrollo de nuestro país. Uno aprende, crece profesionalmente y luego puede devolver todo ese conocimiento a su comunidad”, sostiene.









