La maternidad en Perú continúa siendo un factor determinante en la brecha laboral y salarial. Las mujeres enfrentan jornadas dobles, informalidad y un sentimiento de culpa que limita su desarrollo profesional y emocional.

Las entrevistadas apuntan a la corresponsabilidad y a ampliar las licencias de paternidad para que la maternidad deje de percibirse como un sentimiento de "culpa". Foto: Stakeholders.

Por Bryam Esquen Del Carmen

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Cada vez más mujeres en el Perú postergan la decisión de ser madres para priorizar su desarrollo profesional, alcanzar estabilidad económica o consolidar proyectos personales. Detrás de esta decisión no solo existe una búsqueda de autonomía, sino también el temor de que la maternidad implique una pausa — muchas veces definitiva — en sus carreras laborales. La desigual distribución de las tareas de cuidado continúa colocando sobre las mujeres la mayor carga doméstica y de crianza, obligándolas a elegir entre crecer profesionalmente o asumir la maternidad en condiciones desiguales.

Según un reciente estudio de la Universidad de Princeton y la Escuela de Economía de Londres, revela que cuatro de cada diez madres peruanas no regresan al mercado laboral incluso diez años después del nacimiento de su primer hijo. Esta ausencia prolongada no solo profundiza la brecha salarial, sino que también limita el acceso de las mujeres a puestos de liderazgo y toma de decisiones, convirtiendo la maternidad en un factor estructural de desigualdad.

Esta problemática también se refleja en las condiciones laborales que enfrentan miles de mujeres peruanas. De acuerdo con datos de la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN), el 44% de las mujeres se desempeña en trabajos independientes o dedicados al hogar, una situación estrechamente vinculada a la sobrecarga de labores domésticas y de cuidado no remunerado. En muchos casos, la falta de políticas de corresponsabilidad y de sistemas de cuidado accesibles empuja a las mujeres hacia empleos más flexibles, aunque también más precarios e inestables, reforzando así un círculo de desigualdad que limita su autonomía económica y oportunidades de crecimiento profesional.

Según la especialista en género y cofundadora de “La colectiva”, Grecia Delta, esta desigualdad tiene raíces culturales. “Existe la creencia arraigada de que el éxito profesional de una madre es una resta al bienestar de sus hijos. Al padre se le premia por ser proveedor, mientras que a la mujer se le exige que su ambición sea secundaria”, advierte a Stakeholders.

El mito de la madre abnegada y la ‘culpa’ como carga invisible

Para Jimena Sánchez Barrenechea, socióloga de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), este ideal de maternidad tiene raíces en el marianismo, una construcción cultural que vincula la realización femenina con el sacrificio absoluto. “La mujer es primero madre antes que profesional; si incumple ese rol, es cuestionada como mala madre. Esto genera una sobrecarga que se traduce en desgaste físico y mental”.

La especialista advierte que la brecha salarial también profundiza las desigualdades dentro del hogar, ya que quien administra los ingresos suele tener mayor capacidad de decisión. A ello se suma la ausencia de políticas efectivas de conciliación entre la vida laboral y familiar, una realidad que empuja a muchas mujeres a asumir jornadas dobles o incluso triples. Mientras tanto, los espacios de trabajo continúan respondiendo a dinámicas diseñadas desde una lógica masculina. “Mientras las licencias de paternidad sean cortas y poco usadas, la maternidad seguirá siendo vista como un costo para las empresas”, sostiene.

Esta desigualdad también se refleja en la inserción laboral. Según un estudio de la PUCP, el 76% de las madres trabajadoras en el Perú se encuentra en el sector informal, comparado con el 69% de las no madres. Un dato que refleja la brecha entre las mujeres en el país, lo que lleva a generar un sentimiento de “culpa”.

Por su parte, Ana Lucía Alvarez, psicóloga del Hospital Almenara, señala que esta presión tiene un impacto emocional constante. “La culpa es un factor cotidiano. Muchas madres rechazan ascensos o viajes porque sienten que están abandonando el hogar. El entorno social las hace cargar con un juicio constante que impacta en su salud integral”.

El conflicto entre maternidad y trabajo también se refleja en las preferencias laborales de las mujeres. Un estudio de WeWork revela que, solo el 14% de las mujeres peruanas prefiere el trabajo completamente presencial, frente al 30% de los hombres. Dicho informe señala que el 60% de las mujeres se inclinan por el trabajo remoto, lo que evidencia una necesidad estructural de priorizar la calidad del tiempo con la familia frente al trabajo.

Para Alvarez, la clave está en construir dinámicas de corresponsabilidad dentro del hogar. “Cuando la crianza se comparte, la madre puede crecer laboralmente sin sentir que está fallando en lo personal. Necesitamos familias respetuosas y empresas empáticas”.

Las consecuencias de esta sobrecarga también impactan en la salud mental. Según un estudio del Seguro Social de Salud (ESSALUD), en 2026, identificó que siete de cada diez casos de ansiedad y depresión vinculados al entorno laboral corresponden a mujeres, evidenciando una marcada brecha de género en la salud mental ocupacional.

El rol de los medios y el cambio hacia una ‘copaternidad’

Los medios de comunicación juegan un papel clave en la reproducción de estereotipos. Sánchez señala que la publicidad y los programas televisivos refuerzan la imagen de la madre perfecta o de la supermujer, lo que genera sobrecarga y discriminación.

En la misma línea, Delta advierte que las empresas que ignoran la doble jornada que enfrentan muchas trabajadoras no solo perpetúan desigualdades, sino que también pierden competitividad. “El talento no tiene género, pero las barreras sí. Implementar políticas de apoyo es una inversión en sostenibilidad y fidelización de talento”. Para ella, los medios de comunicación refuerzan el mito de la “supermujer” que puede con todo, invisibilizando la corresponsabilidad y perpetuando la idea de que el cuidado es responsabilidad exclusiva de la madre.

Ambas especialistas coinciden en que la conciliación laboral debe ser equitativa y no debe seguir siendo una responsabilidad femenina. Por su parte, la psicóloga Ana Lucía Alvarez advierte que, si solo las mujeres reciben permisos, la desigualdad se perpetúa. La clave está en fomentar que los hombres también usen licencias de cuidado sin miedo a represalias.

El consenso entre las especialistas apunta a que es necesario pasar de la lógica de la “ayuda” a la de la corresponsabilidad. Esto implica ampliar las licencias de paternidad, garantizar políticas públicas de cuidado y normalizar que las mujeres puedan desarrollar proyectos de vida más allá de la maternidad.

“Cambiar los roles de género desde la infancia es fundamental. Mientras la maternidad sea percibida como un costo mayor que la paternidad, seguiremos castigando el desarrollo laboral y personal de las mujeres”, señala Sánchez.

En un país donde miles de mujeres continúan enfrentando barreras para crecer profesionalmente después de convertirse en madres, la maternidad sigue operando como una penalización silenciosa. Sin cambios culturales, políticas públicas sostenidas y empresas comprometidas con la equidad, las madres peruanas continuarán cargando con una brecha invisible que limita no solo su desarrollo laboral, sino también su bienestar emocional y autonomía económica.

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