Las empresas peruanas están dejando atrás el discurso y muestran resultados verificables en sostenibilidad. El Quality Sustainability Award impulsa prácticas medibles que fortalecen competitividad, transparencia y credibilidad.

La sostenibilidad se convierte en una ventaja competitiva tangible para las empresas peruanas y en un requisito para acceder a mercados internacionales. Foto: Stakeholders.

Por Bryam Esquen Del Carmen

Lectura de:

En el Perú, la sostenibilidad empresarial ha dejado de ser un discurso aspiracional para convertirse en un eje medible de competitividad. Cada vez más compañías muestran resultados concretos en reducción de emisiones, eficiencia energética y programas sociales, impulsadas por la presión de inversionistas, consumidores y mercados internacionales que exigen evidencia verificable. El Quality Sustainability Award (QSA) se ha consolidado como un catalizador de este cambio, elevando el estándar y obligando a las organizaciones a demostrar impactos reales y alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

“Las empresas ya no pueden quedarse en declaraciones; deben mostrar qué lograron y cómo lo lograron”, señala a Stakeholders, José Carlos Flores, director del Instituto para la Calidad de la PUCP. Según el especialista, el QSA ha permitido que la sostenibilidad se gestione con el mismo rigor que la calidad y la eficiencia, integrándose en la estrategia y los procesos del negocio. Este giro marca un punto de inflexión: la sostenibilidad deja de ser un esfuerzo reputacional para convertirse en una ventaja competitiva tangible.

Así se mide a la sostenibilidad empresarial en el Perú

El Quality Sustainability Award (QSA) fue creado en 2020 por la International Academy for Quality (IAQ) y llegó a América Latina en 2023, organizado por el Instituto para la Calidad de la PUCP. Su objetivo es reconocer proyectos que vinculen calidad y sostenibilidad, generando una base pública de buenas prácticas replicables.

El paso del discurso a los resultados concretos responde a tres factores principales: la presión de mercados e inversionistas que exigen métricas claras; la adopción de sistemas de gestión de calidad y metodologías de mejora continua; y la comprensión de que la sostenibilidad reduce riesgos y fortalece la competitividad.

“Las compañías que realmente miden su impacto gestionan con datos trazables, definen responsables, vinculan indicadores y resultados, e integran sostenibilidad, calidad y estrategia. En cambio, las que solo comunican ejecutan acciones aisladas, sin métricas ni evidencias reales”, explica Flores.

Los avances en sostenibilidad se demuestran con indicadores ambientales, sociales y económicos. Reducción de emisiones, eficiencia energética, gestión de residuos, seguridad ocupacional y eficiencia operativa son algunos de los KPIs más relevantes.

El QSA prioriza métricas estratégicas y comparables, capaces de evidenciar cómo una metodología concreta se traduce en eficiencia y optimización de recursos. “El foco no está en la cantidad de indicadores, sino en contar con pocos KPIs estratégicos, comparables y accionables”, señala Flores.

Practicas destacadas del QSA y los beneficios en la competitividad internacional

Entre las prácticas impulsadas por el reconocimiento destacan la integración de la sostenibilidad en los sistemas de gestión, el uso de metodologías de mejora continua como PDCA, Lean o Six Sigma, y la alineación explícita con los ODS.

La industria manufacturera, la minería y la energía concentran el 46% de los proyectos reconocidos, mientras que comercio, servicios tradicionales y pequeñas organizaciones aún muestran rezago.

El sector público también ha sorprendido con proyectos sólidos, como el modelo de atención humanizada del parto en el Hospital II Sicuani de EsSalud y la transformación de residuos mineros en materiales de construcción por parte de AMSAC. “Estos casos demuestran que la sostenibilidad puede generar resultados medibles en cualquier ámbito”, afirma Flores.

Las empresas que integran sostenibilidad en su estrategia obtienen beneficios económicos, reputacionales y sociales. Mayor eficiencia operativa, reducción de costos, acceso a financiamiento, fortalecimiento de la credibilidad y mejor clima laboral son algunos de los resultados.

“La sostenibilidad ya no es solo reputacional; es un factor diferenciador de competitividad y permanencia en mercados internacionales cada vez más exigentes”, enfatiza Flores.

Medir y reportar sostenibilidad con rigor enfrenta obstáculos: falta de indicadores claros, debilidades en la trazabilidad de datos, resistencia cultural y baja integración en la estrategia del negocio.

El especialista recuerda el caso de Lodobricks, que buscaba transformar lodos mineros en ladrillos y enfrentó meses de ajustes técnicos antes de lograr un producto estable. “Esto refleja un problema común: la distancia entre lo que debería funcionar en teoría y lo que ocurre en la práctica. Superar esa brecha exige método, disciplina y mejora continua”, afirma.

El QSA está elevando el estándar de sostenibilidad en el país al desplazar el foco desde la intención hacia la demostración de resultados verificables. Con procesos estructurados, evaluación rigurosa y retroalimentación a las organizaciones, el premio no solo reconoce proyectos, sino que establece un umbral de exigencia que fortalece la competitividad y la credibilidad empresarial.

“La sostenibilidad deja de ser un esfuerzo aislado para convertirse en una disciplina gestionada con el mismo rigor que la calidad y la eficiencia”, concluye Flores.

LEA TAMBIÉN: Acuerdo de Escazú: lo que dejó la COP4 y sus principales compromisos ambientales







Continúa con tu red social preferida

Al continuar serás un suscriptor gratuito

O continúa tu correo.

Escriba su correo electrónico con el que se suscribió para acceder

Suscríbete

Ya me suscribí.