En el Perú, el desarrollo sostenible convive con una realidad que exige atención: más de la mitad de la población enfrenta inseguridad alimentaria moderada o severa, según el informe SOFI 2024 (Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo) de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Detrás de esta cifra hay escenas cotidianas. Familias que deben reorganizar su alimentación diaria. Comunidades donde acceder a alimentos frescos resulta complejo. Territorios donde producir sigue siendo un desafío. En ese contexto, la seguridad alimentaria empieza a asumirse como una tarea compartida, en la que distintos sectores pueden aportar desde su propio ámbito.
En Lima, La Libertad y Arequipa, bajo las torres de alta tensión, hay espacios que cuentan otra historia. Donde antes había acumulación de residuos o terrenos en abandono, hoy hay tierra trabajada, cultivos en crecimiento y vecinos organizados. Se trata de Huertos en Línea, un programa de ISA ENERGÍA que promueve la agricultura urbana en zonas aledañas a la infraestructura eléctrica, generando oportunidades de desarrollo local y acceso a alimentos frescos.
Todo comenzó en 2004, impulsado por la intención de un grupo de vecinas de Villa María del Triunfo de transformar su entorno. No había garantías, pero sí una idea clara: lograr cultivar sus propios alimentos. Con el tiempo, los intentos dieron sus frutos. Hoy en día, el programa reúne a más de 160 familias y beneficia directamente a más de 1,000 personas. Lo que antes era un lugar olvidado hoy produce alimentos, ingresos y vínculos.
Caminar por estos huertos permite ver ese cambio de cerca. Hay parcelas ordenadas, cultivos diversos y sistemas de riego que sostienen la producción e historias de resiliencia. Entre esas, está la de Gregoria Flores, una de las pioneras del proyecto y hoy coordinadora de los Huertos en Línea. Ella empezó buscando mejorar la alimentación de su familia. Con el tiempo, asumió un rol de liderazgo y hoy comparte su experiencia en espacios internacionales sobre empoderamiento y desarrollo sostenible. Su recorrido muestra lo que ocurre cuando una oportunidad se mantiene en el tiempo.
El impacto también se percibe en el entorno. Más de 50,000 metros cuadrados han sido recuperados y convertidos en áreas productivas. Las familias acceden a alimentos frescos cultivados por ellas mismas. Además, muchas personas generan ingresos adicionales con la venta de sus productos.
Hay un elemento que se repite en cada huerto: el liderazgo de las mujeres. Más del 80 % de los espacios de coordinación está en sus manos, muchas de ellas adultas mayores. Ellas organizan, gestionan y sostienen el funcionamiento de estos espacios. En ese proceso, fortalecen su autonomía y consolidan su empoderamiento.
Este trabajo se desarrolla en articulación con aliados clave. ISA ENERGÍA impulsa el programa junto a la ONG Integración, Gobernabilidad y Economía Circular (INGEC), que brinda acompañamiento técnico, y con el apoyo de las municipalidades locales, que facilitan la implementación y sostenibilidad de los huertos. Esta coordinación permite fortalecer capacidades y generar mayor impacto en los territorios.
Desde la transmisión eléctrica, estas iniciativas plantean una forma distinta de mirar el territorio. La tierra aledaña a las torres de alta tensión dejan de ser espacios vacíos y se convierten en áreas que generan valor. Esta mirada amplía el rol de la infraestructura y permite construir una relación más cercana con las comunidades.
Ese cambio también trae retos. Llevar este modelo a otros territorios implica adaptarlo a distintas realidades. Integrar el uso productivo del suelo requiere coordinación constante. Mantener el acompañamiento técnico demanda continuidad. Sostener la relación con comunidades y autoridades exige confianza.
A esto se suma el contexto climático. Las variaciones en temperatura y disponibilidad de agua afectan directamente la producción agrícola. Frente a ello, los huertos incorporan prácticas como la diversidad de cultivos y el uso responsable del suelo, que permiten sostener la producción en escenarios exigentes.
Desde nuestro rol de aliados, buscamos articular esfuerzos con aliados técnicos y autoridades locales, mientras las comunidades participan activamente en cada etapa. Esta colaboración permite que las iniciativas se mantengan en el tiempo y generen resultados sostenidos.
El siguiente paso es ampliar este tipo de experiencias. El país necesita más espacios donde se conecten desarrollo social, producción sostenible e infraestructura y se vinculen con modelos más amplios de desarrollo agroindustrial.
La transmisión eléctrica seguirá siendo un pilar del crecimiento del país. Su impacto puede ir más allá de su función principal. En cada huerto, en cada cosecha y en cada historia como la de Gregoria, se evidencia una forma distinta de generar valor. Y, así, el desarrollo sostenible toma forma.









