Por Isabella D’Angelo, Gerenta Corporativa de Sostenibilidad en Intercorp Retail

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Las mujeres controlan o influyen en hasta el 85 % del gasto de consumo a nivel mundial según el World Economic Forum (WEF), una influencia que va mucho más allá de las compras del hogar y se extiende a decisiones sobre vivienda, servicios financieros y salud. Si la mayoría de las decisiones de consumo están fuertemente influenciadas por mujeres, los equipos que definen surtidos, estrategias comerciales y propuestas de valor deberían reflejar mejor esa realidad del mercado.

No obstante, el Global Gender Gap Report (WEF) muestra que, aunque las mujeres representan una parte importante de la fuerza laboral global, su participación disminuye conforme se asciende en la pirámide organizacional. En promedio, las mujeres ocupan una proporción significativamente menor de posiciones de liderazgo y de toma de decisiones estratégicas en comparación con su presencia en la base del mercado laboral. Esta brecha no solo plantea un desafío de equidad; también evidencia una oportunidad desaprovechada para las empresas que buscan comprender mejor a sus consumidores y anticipar cambios en el mercado.

La razón es simple: la diversidad mejora la calidad de las decisiones.

Un análisis publicado por Harvard Business Review encontró que los equipos diversos resuelven problemas más rápido y con mayor precisión que los equipos homogéneos, justamente porque integran perspectivas distintas al momento de analizar información y evaluar escenarios. En la misma línea, Forbes destaca que los equipos diversos tienden a ser más innovadores y a responder mejor a entornos complejos o inciertos.

En retail, donde el comportamiento del consumidor evoluciona constantemente, la diversidad en los equipos de decisión se vuelve especialmente valiosa. Los últimos años han acelerado transformaciones en los hábitos de consumo, mayor digitalización, nuevas prioridades en salud y bienestar, y una creciente demanda por marcas con propósito, que requieren una lectura amplia del mercado. Equipos diversos no solo tienen mayor capacidad para interpretar estos cambios desde múltiples perspectivas, sino también para conectar de manera más auténtica con los clientes y traducir esas tendencias en innovación, desde nuevas categorías orientadas al bienestar hasta propuestas más sostenibles y convenientes para la vida cotidiana.

En ese contexto, promover una mayor participación de mujeres en los espacios donde se toman decisiones comerciales no debería verse únicamente como una agenda de diversidad o inclusión. Es, ante todo, una estrategia de negocio. Equipos que integran distintas perspectivas, de género, generaciones, contextos y experiencias, tienen mayor capacidad para interpretar tendencias emergentes, conectar con clientes diversos y diseñar propuestas de valor más relevantes en mercados cada vez más complejos.

La evidencia respalda esta idea. Un estudio global de McKinsey & Company encontró que las empresas con mayor diversidad de género en sus equipos ejecutivos tienen un 25 % más de probabilidades de superar a sus pares en rentabilidad. De forma similar, Boston Consulting Group reportó que las compañías con equipos de liderazgo más diversos generan hasta un 19% más de ingresos provenientes de innovación. En mercados altamente competitivos y cambiantes como el retail, estas diferencias pueden marcar la distancia entre adaptarse al consumidor o quedarse atrás.

Si las mujeres influyen en la gran mayoría de las decisiones de consumo, incorporar su perspectiva en la definición de surtidos, estrategias de precios, innovación de categorías y experiencia del cliente no es solo deseable: es lógico.

El retail del futuro será cada vez más dinámico, más digital y más centrado en el consumidor. Las empresas que logren construir equipos diversos, capaces de entender la complejidad de sus mercados, estarán mejor preparadas para competir, innovar y crecer.

En retail, donde comprender al consumidor lo es todo, la diversidad no es solo una cuestión de representación. Es una herramienta estratégica para tomar mejores decisiones. Y en mercados cada vez más competitivos, mejores decisiones son la verdadera ventaja competitiva. Esto implica revisar cómo se construyen los equipos de liderazgo, cómo se desarrollan las carreras dentro de las organizaciones y cómo se generan espacios de confianza que permitan incorporar distintas perspectivas en los procesos de decisión. Porque cuando las voces en la mesa reflejan la diversidad del mercado, las decisiones dejan de ser suposiciones y se convierten en estrategia.

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