El fósil, perteneciente a la familia Trionychidae y hallado en la Formación Green River, confirma la existencia de extensos sistemas acuáticos en Norteamérica durante un periodo de temperaturas globales más elevadas que las actuales.
El fósil, perteneciente a la familia Trionychidae y hallado en la Formación Green River, confirma la existencia de extensos sistemas acuáticos en Norteamérica durante un periodo de temperaturas globales más elevadas que las actuales.

Por Stakeholders

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Hace 48 millones de años, el suroeste de Wyoming presentaba un paisaje muy distinto al actual. Lejos del ambiente árido y ventoso que hoy caracteriza a la región, durante el período Eoceno existía un amplio sistema de lagos y ríos donde prosperaban múltiples especies acuáticas. Este entorno formaba parte de la Formación Green River, considerada uno de los yacimientos fósiles más importantes del mundo debido a su extraordinario nivel de conservación.

El clima era cálido y húmedo, con temperaturas superiores a las actuales. En ese ecosistema convivían peces, cocodrilos, mamíferos primitivos y diversos reptiles adaptados a aguas tranquilas. El lago Gosiute desempeñó un papel clave en la preservación de la vida antigua, ya que acumuló sedimentos finos en su fondo que, con el paso del tiempo, protegieron restos orgánicos con notable detalle.

El fósil recientemente estudiado corresponde a una tortuga de caparazón blando perteneciente a la familia Trionychidae. El ejemplar conservó casi completo el carapacho, lo que permitió su identificación pese a la ausencia de otros huesos. Su caparazón plano y flexible constituye una característica distintiva del grupo, cuya estructura ósea reducida está cubierta por una piel gruesa que facilita movimientos ágiles y la capacidad de enterrarse en sedimentos.

El linaje de estas tortugas continúa presente en la actualidad en América del Norte, África y Asia, lo que confirma que ya se encontraba plenamente consolidado durante el Eoceno. Desde una perspectiva evolutiva, este tipo de fósiles permite rastrear la diversificación de los reptiles tras la extinción de los dinosaurios millones de años antes, aportando evidencia clave sobre la adaptación de las especies a nuevos ambientes.

El ejemplar apareció en terrenos públicos gestionados por la oficina de Rock Springs. Tras el hallazgo, especialistas registraron con precisión su contexto geológico, un procedimiento fundamental porque un fósil sin información estratigráfica pierde parte importante de su valor científico. La extracción se realizó mediante técnicas controladas y materiales protectores; luego el espécimen fue trasladado a un museo autorizado para su análisis.

En laboratorio, técnicos retiraron cuidadosamente la roca adherida con herramientas finas hasta exponer las estructuras internas del caparazón. Cada etapa del proceso quedó documentada para futuras investigaciones, ya que los fósiles funcionan como fuentes de datos científicos y no solo como piezas de exhibición.

El descubrimiento también aporta información relevante sobre el clima del pasado. Durante el Eoceno no existían grandes capas de hielo permanentes en los polos y las temperaturas globales eran más elevadas. La presencia de tortugas de caparazón blando, especies sensibles a la temperatura del agua, confirma la existencia de hábitats acuáticos estables y extensos sistemas fluviales en la región.

Los fósiles de la Formación Green River permiten reconstrucciones ambientales detalladas y ayudan a comprender cómo respondieron los ecosistemas a condiciones climáticas cálidas. Cada nuevo hallazgo amplía el conocimiento sobre la biodiversidad antigua de Norteamérica y ofrece pistas valiosas para interpretar los cambios climáticos del presente.

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