Hablar de voluntariado no implica únicamente compromiso y buena voluntad. En un contexto social marcado por desigualdades persistentes, falta de confianza en las instituciones y la desintegración social; el voluntariado, se convierte en un espacio clave donde convergen la motivación personal y el ejercicio de la ciudadanía, convirtiéndose en una maravillosa herramienta de transformación social.
En el voluntariado corporativo, la motivación suele partir del deseo de contribuir y de tomar acción frente a realidades que evidencian una profunda exclusión social. Cuando estas propuestas están diseñadas de acuerdo con los principios y valores corporativos, y se incorporan como parte de una estrategia de ESG y de sostenibilidad, esta motivación trasciende lo individual y se convierte en un ejercicio de transformación colectiva.
«En un país que necesita más espacios de encuentro y confianza, el voluntariado corporativo tiene la oportunidad de construir algo más profundo».
Diversos estudios resaltan la importancia y efectos del voluntariado corporativo tanto en la sociedad como en el sector empresarial. Según la Encuesta sobre oportunidades de voluntariado en el lugar de trabajo de Deloitte (2024) el 91 % de los empleados reportaron que las jornadas de voluntariado generan un impacto positivo en su experiencia profesional y potencia su conexión con la empresa, mientras que el 87 % menciona que estas experiencias influyen en su decisión de permanecer en su empleo o buscar uno nuevo. Estos resultados conversan con los datos del Informe Voluntare 2025, que evidencia que el ejercicio del voluntariado corporativo se ha consolidado como una herramienta estratégica de gestión interna e impacto social: cerca del 96 % de los empleados consideran que pueden expresar su solidaridad a través de programas de voluntariado corporativo, mientras que el 62.5 % de las empresas ofrece oportunidades de liderazgo dentro de estos programas.
Por ello, el voluntariado debe verse también como una plataforma de formación y aprendizaje ciudadano: un espacio donde se fortalecen valores cívicos y se aprende a ejercer ciudadanía activa. En TECHO, a este proceso lo llamamos “encuentros improbables”, espacios donde personas que, en su día a día, difícilmente se habrían cruzado, se encuentran cara a cara, trabajan juntas y comparten objetivos comunes. A partir de estos encuentros nacen vínculos genuinos. Vínculos que no se construyen desde la caridad, sino desde el reconocimiento mutuo. En el voluntariado, las personas no solo entregan su tiempo y/o habilidades; también reciben nuevas miradas, historias y aprendizajes que enriquecen su forma de entender el país y su rol dentro de él. Para los equipos corporativos, estas experiencias fortalecen la cohesión interna, el sentido de pertenencia y el compromiso con un propósito compartido.
En un país que necesita más espacios de encuentro y confianza, el voluntariado corporativo tiene la oportunidad de construir algo más profundo que resultados inmediatos: puede ser un puente entre diferentes actores, realidades y personas. Y cuando eso ocurre, el voluntariado deja de ser solo una actividad adicional y se transforma en un ejercicio concreto de ciudadanía activa, capaz de generar cambios que van mucho más allá de una jornada o un proyecto.
Porque, al final, voluntariar no es solo dar. Es encontrarse, vincularse y reconocerse como parte de una misma sociedad.









