Por María Hinostroza - Candidata en Sostenibilidad Ambiental en la Universidad de Ottawa Jefe de Innovación de Asociación Unacem

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El reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advierte que estamos superando el umbral de 1.5°C de calentamiento global respecto a los niveles preindustriales, lo que nos acerca a puntos de no retorno climáticos. Entre las señales más preocupantes se encuentran la extinción de los arrecifes de coral, el deshielo acelerado y el riesgo de colapso del Amazonas.

El informe reconoce que algunos impactos parecen inevitables, pero también enfatiza que aún es posible evitar los escenarios más graves mediante acciones rápidas y efectivas. En particular, subraya la necesidad de reducir las emisiones globales a la mitad para 2030 y lograr la neutralidad de carbono para 2050.

El reporte señala que los compromisos climáticos nacionales (NDC) son actualmente insuficientes, pues para alcanzar las metas requeridas son necesarias transformaciones prontas y profundas. En este contexto, el informe hace un llamado explícito y urgente al sector privado, no solo para evitar daños irreversibles, sino también para impulsar cambios positivos que, en cascada, aceleren la transición hacia la sostenibilidad ambiental. 

Para ello, se retoma la tendencia global de reformular el entendimiento del bienestar y la prosperidad, superando una visión centrada exclusivamente en el Producto Bruto Interno (PBI). Conocemos que el PBI fue diseñado para medir la actividad económica y no necesariamente captura dimensiones clave como la equidad, inclusión social, seguridad o calidad de empleo. Esto se vuelve especialmente evidente en nuestro país, donde la informalidad, la inseguridad y la desigualdad estructural siguen siendo desafíos centrales. 

Tenemos un PBI que crece incluso cuando una parte significativa de la actividad económica se desarrolla en el sector informal, sin protección laboral ni social; cuando la inseguridad incrementa los costos para nuevos emprendimientos y afecta la calidad de vida; o cuando el crecimiento se concentra en determinados grupos sociales o económicos, profundizando brechas existentes.

«El diseño de políticas públicas y estrategias institucionales orientadas a un desarrollo sostenible y equitativo no es suficiente». 

Por ello, es importante entender que el PBI es un indicador que puede ocultar vulnerabilidades estructurales y sobrestimar mejoras reales en el bienestar. Esto implica incorporar y comprender métricas complementarias que permitan abordar de manera integral las crisis sociales y ambientales que nos afectan.

Dada la crisis actual, la prosperidad y la sostenibilidad requieren un enfoque de “toda la sociedad” (whole-of-society) en el que los desafíos ambientales no pueden resolverse por actores aislados. Es indispensable lograr acciones coordinadas e involucrar especialmente al sector privado en este enfoque colaborativo.

Con las acciones y metas que debemos lograr en el ámbito ambiental, se requiere una transformación sistémica, incluyendo la revisión de los sistemas de energía, alimentación y gestión de residuos, mediante responsabilidades compartidas, diversidad de conocimientos y acción colectiva. Así, el rol del sector privado es liderar la adopción de modelos de economía circular, impulsar la innovación tecnológica y activar puntos de inflexión positivos, como la expansión de las energías renovables. Estas decisiones empresariales permiten no solo reducir emisiones de forma urgente, sino también generar ventajas competitivas y redefinir el progreso y la prosperidad en términos de valor económico sostenible.

En este contexto actual de crisis climática acelerada, la sostenibilidad ambiental exige una participación real, activa y responsable del sector privado. El diseño de políticas públicas y estrategias institucionales orientadas a un desarrollo sostenible y equitativo no es suficiente. 

Para responder efectivamente a los desafíos climáticos, requerimos iniciativas concretas desde el sector privado que permitan una transformación real en la forma de hacer negocios, incorporando el bienestar social y ambiental como ejes centrales de la creación de valor.







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