Mientras más se acerca el año 2030 como meta para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, se vuelve cada vez más evidente que la seguridad hídrica es uno de los factores más decisivos para la competitividad empresarial y estabilidad económica. Sin embargo, el agua sigue siendo uno de los recursos más subvalorados en las estrategias corporativas, incluso cuando los ecosistemas que la proporcionan siguen degradándose a un ritmo preocupante.
Nuestra calidad de vida depende de ecosistemas saludables que desempeñan funciones esenciales de manera invisible. Los ecosistemas hídricos permiten estabilizar los suelos, filtrar contaminantes, sostener la agricultura y generar energía. Actualmente, casi tres cuartas partes del agua dulce utilizada por los seres humanos proviene de ecosistemas en buen estado.
Cuando los ecosistemas ambientales colapsan, perdemos mucho más que biodiversidad. En el caso de los ecosistemas hídricos, perdemos agua confiable, insumos energéticos, rendimientos agrícolas y cadenas de suministro resilientes.
La escasez de agua no es solo un tema ambiental, sino también un riesgo estratégico para las empresas. En la mayoría de sectores económicos, sus operaciones dependen de un suministro hídrico estable. La escasez de agua impacta directamente en la paralización operativa, aumento de costos, inestabilidad en la cadena de suministro y menor confianza de los inversionistas.
La gestión tradicional del agua, centrada en la eficiencia, ya no es suficiente. Las empresas deben adoptar una visión más amplia de gobernanza del agua, en la que se aborde de manera holística cómo el agua se asigna, reutiliza y protege. Además, una gobernanza integral considera las tres categorías de agua: agua azul, que es agua dulce consumida directamente y que proviene de fuentes superficiales y subterráneas; agua verde, obtenida en forma de humedad y lluvia almacenadas en el suelo; y agua gris, que es agua contaminada que puede ser tratada y reutilizada.
«Las empresas que integren la gobernanza del agua, la circularidad y la protección de ecosistemas en su estrategia central reducirán riesgos ambientales significativos».
Lograr equilibrar estos flujos hídricos requiere sistemas de gobernanza que integren ciencia ambiental, innovación tecnológica, regulación y participación de actores claves. Las empresas, por su significativa huella hídrica, deben asumir responsabilidad no solo por sus operaciones internas, sino especialmente por los ecosistemas de los que dependen.
Por ello, se espera que las empresas se conviertan en actores centrales en la gobernanza del agua y en la construcción de la resiliencia hídrica. No pueden mantenerse al margen. A diferencia del Gobierno, el sector privado posee la capacidad de innovar y actuar con rapidez. Su rol no debe restringirse solo al cumplimiento de regulaciones sino también al liderazgo.
En un futuro cada vez más cercano, las empresas deben avanzar hacia una economía circular del agua, en la que utilizan este recurso múltiples veces en sus procesos industriales. Nuestro propósito debería ser que las empresas se vean a sí mismas no como usuarios finales, sino como centros de recuperación de recursos, capaces de producir agua limpia, energía y materiales a partir de flujos residuales.
La gestión hídrica se está convirtiendo en una herramienta de resiliencia. Más allá de los esfuerzos de mitigación y adaptación, la resiliencia en la gestión del agua será clave para las empresas en su gestión de riesgos climáticos y mantener sus niveles de competitividad. Las empresas que integren la gobernanza del agua, la circularidad y la protección de ecosistemas en su estrategia central reducirán riesgos ambientales significativos, así como serán reconocidas como líderes en esta transición hacia la sostenibilidad.









