Estados Unidos cerró 2025 como uno de los años más costosos y ambientalmente severos de su historia reciente. El país registró 23 desastres climáticos con pérdidas superiores a los mil millones de dólares cada uno, lo que equivale a un evento extremo cada diez días. El impacto no solo fue económico, sino también humano, ya que 276 personas perdieron la vida a lo largo del territorio, confirmando que la crisis climática tiene consecuencias sociales directas.
Aunque ningún huracán tocó tierra, el año no ofreció tregua. Incendios forestales, tormentas severas, inundaciones y sequías ocuparon el centro de la escena climática. La ausencia de ciclones no redujo el nivel de destrucción, sino que evidenció que los riesgos ambientales ya no dependen exclusivamente de la temporada de huracanes.
EE.UU. sufrió durante el 2025 incendios, tormentas y sequías: un ciclo de impacto continuo
El 2025 comenzó con incendios históricos en el área de Los Ángeles, alimentados por temperaturas extremas y una sequedad prolongada. Estos focos se expandieron durante semanas y degradaron ecosistemas urbanos y periurbanos, además de liberar grandes volúmenes de contaminantes y dióxido de carbono.
Posteriormente, una sucesión de tormentas severas atravesó el centro y el este del país. Tornados, granizo y vientos intensos dañaron viviendas, infraestructura y zonas agrícolas. Muchas comunidades no lograron recuperarse antes de enfrentar un nuevo evento, lo que acentuó la vulnerabilidad social y ambiental.
En paralelo, el oeste estadounidense soportó sequías persistentes y olas de calor prolongadas. Estas condiciones afectaron cursos de agua, suelos y biodiversidad, y generaron un estrés ambiental acumulativo que se mantuvo durante todo el año.
La recurrencia de estos fenómenos no responde a hechos aislados. En las últimas décadas, los eventos extremos se volvieron más frecuentes e intensos. Una atmósfera más cálida retiene mayor humedad y energía, lo que incrementa la violencia de las tormentas y favorece lluvias concentradas e inundaciones repentinas.
El aumento sostenido de las temperaturas también facilita incendios más extensos y difíciles de controlar. Los ecosistemas, al perder resiliencia, muestran una menor capacidad de recuperación. En consecuencia, cada desastre deja una huella ambiental más profunda que el anterior.
Los costos y la recuperación lenta de EE.UU. de los fenómenos que marcaron el calendario climático
Los incendios forestales fueron el evento más costoso del año. Solo en California concentraron más de la mitad de las pérdidas económicas asociadas a desastres naturales. A ello se sumó el impacto sobre la calidad del aire, que afectó la salud de millones de personas.
Las tormentas severas dominaron gran parte del calendario climático. Granizadas extremas y tornados dañaron cultivos, viviendas y sistemas de transporte, lo que extendió el impacto hacia la seguridad alimentaria y la estabilidad económica regional.
Las inundaciones repentinas, registradas en zonas densamente pobladas, arrastraron sedimentos, residuos y contaminantes hacia ríos y acuíferos. De este modo, los efectos ambientales se prolongaron mucho más allá del evento meteorológico.
Más allá de las cifras oficiales, existen daños que no siempre se reflejan en los balances económicos. La contaminación por humo afectó sistemas respiratorios y elevó la presión sobre los servicios de salud. Al mismo tiempo, se alteraron cadenas tróficas y hábitats naturales.
La erosión del suelo, provocada por incendios e inundaciones, redujo la capacidad de regeneración de los ecosistemas. En muchos casos, la recuperación ambiental podría tardar décadas. Además, los procesos de reconstrucción acelerada suelen incrementar el consumo de recursos, lo que amplía la huella ecológica si no se aplican criterios sostenibles.









