Por Stakeholders

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Llegamos al número 44 de la calle Ríos Rosas en un céntrico barrio madrileño. Esta vez no se trata de un colegio sino de la Fundación FASE y el Programa Identitas para la renovación de la escuela desde una perspectiva de personalización. Lo de ellos es la innovación radical a partir de la vuelta a las fuentes originarias de la educación. Es decir, el desarrollo de la persona humana, y lo hacen principalmente a partir de un programa experto en formación de líderes llamado Escuela Personalizada, que se ha venido extendiendo en España y en diversos países de América Latina.

Nada menos que el genial arquitecto español Antonio Gaudí, decía que ser original es la capacidad de volver a los orígenes de algo y desde allí buscar las soluciones. Y esto es lo que nos encontramos aquí como propuesta: la innovación educativa no tanto como un asunto de herramientas, edificios o textos, sino como el desarrollo de las capacidades fundamentales de las personas para que pueda navegar y ser feliz en el entorno que le toca vivir. Un entorno que no sabemos cómo será, pero que sí sabemos que estará compuesto por personas, por familias y por una vida social; por la formación de comunidades que, en un contexto tecnológico, hiper globalizado y acelerado, sigan siendo humanas y positivas.

Desde la perspectiva de los movimientos educativos fundamentales, a mí me sonó que lo que Juan José Javaloyes nos estaba proponiendo era una delicada y a la vez atrevida síntesis entre lo que en latín se describe como EDUCARE y EDUCERE. Es decir, la educación como propuesta, como algo que se otorga al alumno, y la educación como desarrollo interior, como algo que el maestro ayuda a “dar a luz” a sus alumnos: el desarrollo de su propia riqueza y potencial.  Estamos a la vez en la cuna de la educación y en las puertas de la más absoluta modernidad.

Conforme transcurrieron los días y las visitas a las diferentes propuestas educativas, no pude dejar de pensar que en todas ellas, a pesar de las obvias diferencias, encontraba una búsqueda radical para responder a este doble dinamismo. Sí, un aprovechar – a veces muy atrevidamente- los recursos de la tecnología y nuevos ensayos de agrupamiento escolar y de relación profesor-alumno, pero siempre colocando a la persona en el centro y en diálogo abierto con el entorno. Es la persona misma a la que tenemos que llegar y brindar un entorno de crecimiento y creatividad. La innovación no reside en las cosas ni en los conocimientos fríos. Ni siquiera las competencias como un fin en sí mismo, sino la persona, su actitud fundamental. Desde otra perspectiva, me hizo recordar la fórmula que Víctor Kruppe propone en un vídeo que se ha hecho viral: V = (c+h)*a: el valor que una persona puede aportar resulta ser en función de sus conocimientos y sus habilidades, multiplicado por su actitud. La actitud hace la diferencia, siendo este un sentimiento fundamental, una energía que nace de los valores y la manera en cómo la persona se lee a sí mismo y lee la vida. Aquí nacen las grandes revoluciones, los grandes cambios y las personas verdaderamente generativas.







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