La violencia de género en tiempos de coronavirus

Por Luis Miguel Castilla Rubio
Ex Ministro de Economía y Finanzas

En el mes en que la ONU destaca la equidad de género dentro de los objetivos de desarrollo sostenible, la región y el Perú han mostrado avances importantes.

Toda la atención global y local está hoy centrada en cómo lidiar con el severo impacto de la propagación del COVID-19. El gobierno, el sector empresarial y la ciudadanía.

 

Nos encontramos abocados en detener la expansión de esta pandemia y mitigar el impacto económico adverso que ya está teniendo nuestro país. Sin minimizar la prioridad que este gran desafío tiene, no podemos perder de perspectiva que persisten otros que no siempre logran concitar el nivel de atención ni priorización que debieran tener.

 

En el mes en que la ONU destaca la equidad de género dentro de los objetivos de desarrollo sostenible de la agenda 2030, la región y el Perú han mostrado avances importantes, especialmente en materia de cobertura educativa para niñas.

 

Sin embargo, persisten retos importantes, a saber, barreras en los mercados laborales reflejada en una tasa de participación laboral femenina 20 puntos inferior la masculina (y significativas brechas salariales), la baja representación femenina en posiciones de liderazgo en los sectores público y privado y la elevada incidencia de la violencia en contra de la mujer.

 

Según la más reciente encuesta del INEI, el número de mujeres asesinadas en el Perú ha crecido un 80% entre 2015 y 2018. Esto es 160 mujeres han sido víctimas de feminicidio.

 

Aun cuando es una de las más bajas de la región, esta tasa de victimización se ha casi duplicado en tan solo cuatro años, pasando de 0.5 muertes por cada 100 mil habitantes a 0.9. Se ha encontrado los niveles más altos de victimización de mujeres por homicidio (de 5 a 15 muertes por 100 mil habitantes), en regiones de frontera o de desarrollo de criminalidad organizada transnacional, como la minería ilegal, el narcotráfico y la trata de personas.

 

Esta penosa realidad no es exclusiva al Perú. Una de cada 3 mujeres en América Latina y el Caribe que alguna vez ha estado casada o en unión libre ha sido víctima de violencia íntima de pareja (esta cifra es solo superada por Africa con 40%). Un 70% de esta victimización ha sido producto de violencia íntima, perpetrada porparejas o ex-parejas.

 

Esta “epidemia” incluso tiene un pernicioso efecto de transmisión intergeneracional. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, en el caso de los hombres, vivir violencia en el hogar durante la infancia hace 2,5 veces más probable que agredan a su pareja de adultos. Esta situación perjudica el desarrollo físico, socioemocional y cognitivo de los niños y niñas de por vida, aumentando sus probabilidades de tener dificultades en el desempeño escolar, tener problemas psicológicos como la depresión, entre otros.

 

No existe una solución sencilla ni vacuna para este flagelo, a diferencia del que sin duda será patentado para el coronavirus en los próximos 12 a 18meses. En nuestro país, se ha avanzado en dotar de mayor legislación (y penalización), pero sin una aplicación efectiva que se vea reflejada en un cambio en los patrones de victimización antes descritos.

 

A las siempre insuficientes asignaciones presupuestales se suma la debilidad estructural que continúa caracterizando la efectividad del Estado en sus tres niveles de gobierno.

 

Avances para lidiar con esta “epidemia” demandan un mayor esfuerzo multisectorial y coordinado, abarcando desde la salud pública, la cabal aplicación de la ley y la adecuada prestación de servicios de protección social.

 

Como un ejemplo que ha sido efectivo en otros países de la región, se pueden adoptar principios de la economía del comportamiento para mejorar la calidad de los servicios que se le brindan a mujeres sobrevivientes; esto es, en los centros de salud se podría utilizar un cuestionario digital para reducir el estigma que puede sentir una mujer al declarar verbalmente haber sido afectada por violencia de pareja íntima.
Recordemos que tan solo 12% de las victimas formulan denuncia. Como esta experiencia existen otras que han funcionado que se podrían adoptar a nuestra realidad.

 

Quizás para concitar una atención como la que vemos hoy en día por la pandemia del coronavirus, debiéramos todos tomar una mayor conciencia que persisten males de los cuales nos ocupamos mucho menos y no ser indiferentes ante esta situación.

 

Una mayor calidad de vida de todas las personas, procurando lograr la plena equidad de género, se torna un objetivo inaplazable para nuestras autoridades y ciudadanía en pleno y, así, acercarnos al anhelado desarrollo de nuestra sociedad.