Por Stakeholders

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Por: Artículo FONAFE


Han pasado algunos años desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, donde según su página web la define como un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también tiene la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia. Esta agenda plantea 17 Objetivos con 169 metas que abarcan aspectos económicos, sociales y ambientales.

Los Estados miembros de la Naciones Unidas aprobaron una resolución en la que reconocen que el mayor desafío del mundo actual es la erradicación de la pobreza y afirman que sin lograrla no puede haber desarrollo sostenible. De esta manera, los Estados se comprometieron a movilizar los recursos necesarios para su implementación mediante alianzas centradas en las necesidades de los más pobres y vulnerables.

Los ODS son objetivos muy globales, pero sobre los que se ha de actuar a través de acciones locales que sumen y vayan en la misma dirección. El Perú tuvo un rol protagónico en la construcción de esta agenda 2030 y viene buscando un alineamiento dentro de sus programas de desarrollo durante los próximos años. Esto es muy importante porque de las políticas que se introduzcan dependerá que se creen entornos adecuados que faciliten su cumplimiento.

La primera tarea que se debe hacer desde el sector empresarial público, es que los grupos de interés puedan conocer los ODS, para que alineados a sus aspectos más relevantes se puedan diseñar modelos responsables de gestión, generando nuevas oportunidades que ayuden a la consecución de estos objetivos.

Una manera práctica de alinearnos a ello puede ser utilizando la guía SDG Compass, desarrollada por el Global Reporting Initiative (GRI), el Pacto Mundial de Naciones Unidas y el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) que busca alinear la estrategia de cada negocio para medir e integrar la sostenibilidad dentro de la actividad principal y la gobernanza de las empresas, e incorporar los ODS dentro de su comunicación y reporte a sus principales grupos de interés.

Un análisis de los ODS nos aproxima a identificar que los derechos humanos (DDHH) son muy relevantes en esta agenda del desarrollo sostenible porque enfatiza en los principios de igualdad, no discriminación, y acceso para todos, y muchos de los ODS están directamente relacionados con los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos.

Creemos que es allí donde se establece el vínculo entre los ODS y la implementación de los estándares que la OECD define en el capítulo para empresas públicas. El país tiene este objetivo y desde el sector público se debe trabajar para este proceso de adherencia.

Según estos principios las empresas públicas deben reconocer y respetar los derechos de terceros reconocidos en las leyes o en acuerdos recíprocos, informando sobre estas relaciones, especialmente en relación con los trabajadores, acreedores y comunidades afectadas cuando sea pertinente y factible se debe actuar con altos niveles de responsabilidad empresarial (RBC, Directrices 4 y 6 de la OECD para Empresas Multinacionales).

En virtud de ello, se debe alinear estos principios con la elaboración y construcción de políticas corporativas de comunicación con los grupos de interés, crear un sistema de alerta temprana de conflictos sociales que permita favorecer un enfoque preventivo en el abordaje de la conflictividad social. En cuanto a la comunicación con los grupos de interés como terceros reconocidos creemos que el reporte de sostenibilidad es un buen mecanismo de difusión y transparencia para ello, así como ejercer debida diligencia en DDHH en función de los riesgos de los impactos negativos, generación de alianzas que fomenten el trabajo articulado con otras entidades, inclusión de criterios de sostenibilidad en las compras públicas y alineamiento a estrategias nacionales frente al cambio climático.

Para los gobiernos locales con visión de futuro, la agenda de los ODS es una buena herramienta para movilizar acciones colectivas en torno a objetivos comunes que no sólo mejoran la calidad de vida, sino que también convierten a las ciudades en centros de inversión
atractivos.

El cambio hacia el desarrollo sostenible es una oportunidad para que los gobiernos locales abandonen las trayectorias de desarrollo tradicionales hacia nuevas vías de desarrollo más inclusivas, ambientalmente sostenibles y económicamente exitosas.

La ruta hacia la consecución de los ODS podría ser el camino que nos permita lograr ser admitidos por la OECD al inicio del proceso de adhesión buscando que el ciudadano perciba que estamos mejorando en el tiempo, que dentro de ese proceso en el cual nos encontramos buscamos una mejora sustancial que responda en la atención a sus expectativas. Esa es la ruta a seguir.







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