“La construcción informal es un serio problema en nuestro país”

“La construcción informal es un serio problema en nuestro país”
Por Marco Minaya
mminaya@stakeholders.com.pe

Ana Lucia Granda, Gerente General de LEAF, consultora de edificaciones sostenibles, es especialista en diseño, construcción y operaciones de construcciones sostenibles en el Perú. Cuenta con más de 10 años de experiencia en el rubro, con credenciales de LEED AP BD+C, Auditor EDGE, EDGE Expert y es la única profesional reconocida en el Perú como USGBC Faculty& LEED Faculty. Stakeholders converso con ella acerca de la relevancia de promover la construcción sostenible en nuestro país y del rol que cumplen los actores claves dentro del sector.

¿Cuál es la situación de la construcción sostenible en nuestro país en la actualidad?

La construcción sostenible ha evolucionado mucho en nuestro país y en el mundo en general. Este movimiento inició hace más de 2 décadas en países como Estados Unidos, Inglaterra o Canadá, pero en el Perú recién inició hace un poco más de 10 años. Acá inició tímidamente, con unos cuantos proyectos, pero del 2014 a la fecha hemos visto un despegue. Hoy los proyectos que cuentan con alguna certificación internacional sostenible suman casi un millón y medio de metros cuadros y este número no incluye los proyectos que están en proceso de diseño o construcción que ya están encaminados a certificarse. Pero igual este número es poco: es menos del 0.001% de todas las edificaciones en el Perú. En otras palabras, vamos en la dirección correcta, pero aún falta mucho camino por recorrer.

Respecto al tema del EDGE, ¿Qué tanta recepción ha tenido en nuestro país? ¿Cuál es su perspectiva de cara a los próximos años?

Ana Lucia Granda Gerente General de LEAF, consultora de edificaciones sostenibles

EDGE es una certificación relativamente joven comparada con otras, pero ha tenido muchísima acogida en el Perú. Esto se debe porque se ajusta a nuestra realidad económica y a nuestros Reglamentos y Ordenanzas. En EDGE, los inversionistas han visto una forma de realizar proyectos sostenibles, sin tener que realizar una sobre inversión inicial. Algo que se debe resaltar de EDGE es que, al ser una creación del IFC (International Finance Corporation, la entidad financiera del Banco Mundial), cuenta con una amplia base de datos del Perú; es decir, los proyectos que certifican EDGE son comparados con proyectos de la región. De hecho, la acogida ha sido tan buena, que se espera un crecimiento de un 10% a 15% para el 2025.

En relación a los grupos de interés del sector que abordan el tema de construcción sostenible, ¿qué mensaje debe tener claro cada stakeholders para seguir promoviendo más este asunto?

Debemos de tener presente que nuestro país fue uno de los que firmó el Acuerdo de París en el año del 2015 (COP21) y que tenemos un compromiso de reducir las emisiones de CO2; y que las edificaciones son las culpables de más del tercio de las emisiones de CO2 que generamos. Es por ello que la meta debe de ser la misma para todos sin importar el grupo de interés al que pertenezcamos: reducir nuestras emisiones de CO2. Las edificaciones sostenibles son la mejor oportunidad para hacerlo, ya que nos pueden ayudar a reducir un 34% de emisiones de CO2 (en promedio). En ese sentido, sobre cómo llegar a esta meta, cada grupo de interés debe entender lo siguiente:

Arquitectos: tienen una gran responsabilidad, ya que de ellos va a depender un buen diseño que aproveche la orientación, luz solar y ventilación cruzada. Deben recordar lo que es arquitectura bioclimática y analizar el entorno de la edificación que diseñan. También deben buscar apoyarse en los ingenieros, ya que son sus aliados para encontrar la mayor cantidad de sinergias en los proyectos.

Desarrolladores: realizar análisis de retorno de inversión (ROI) para analizar las mejores estrategias que pueden usar sin encarecer sus productos. También, tener presente los beneficios para la triple línea base: Ambiental, Social y Económica. Por último, pensar fuera de lo convencional: las ideas de innovación a veces son las más arriesgadas, pero son las mejor recibidas por el público.

Propietarios de viviendas: a veces puede haber un leve sobrecosto, pero este se compensa con los ahorros que van a generar mensualmente en energía y agua. Es probable que antes de los 5 primeros años tengan el retorno de esta sobreinversión y que a partir de ese punto todo sea ahorros para sus bolsillos.

Gobierno: es necesario desarrollar un compromiso con el medio ambiente y dejar atrás la mentalidad de gobiernos de 5 años. Deben apoyarse en los especialistas y brindar facilidades a los desarrolladores, a través de leyes, decretos y ordenanzas, para que el desarrollo de edificios sostenibles sea más atractivo a nivel de inversión.

Auditores: mantener la imparcialidad creo que es lo más importante para los auditores. Siendo una de los seis Auditores EDGE del Perú, debo admitir que llevamos una gran responsabilidad, ya que no solo depende de nosotros monitorear los proyectos sostenibles, sino también promoverlos.

Ingenieros: definitivamente, apoyarse en los arquitectos y compartir su experiencia. Debemos dejar atrás la competencia constante que existe entre arquitectos e ingenieros y recordar cual es la meta común: un proyecto sostenible. También entender que el más mínimo cambio, impacta en todo el proyecto y que su especialización no es una isla.

Clientes(usuarios finales): Aprender a usar la edificación. Tener curiosidad por saber cómo funciona y cuáles son los atributos sostenibles que tiene el proyecto. Y si no los tiene, exigirlo.

En relación al factor económico, ¿qué tan caro cuesta desarrollar una construcción sostenible a diferencia de una convencional?

El factor económico siempre es clave, no podemos construir ni adquirir el edificio de buenas intenciones. En ese sentido, existen proyectos que no han tenido ningún sobre costo y que son sostenibles; mientras que otros han tenido un sobrecosto de inversión mayor a un 10%. Lo importante para que no se dispare los números es tomar la decisión de hacer el edificio sostenible desde el pre-diseño y realizar un análisis de retorno de inversión para identificar que estrategias y tecnologías se alinean al proyecto.

Por último, ¿cuáles son los retos que afronta el país para seguir promoviendo el tema de la construcción sostenible?

El primer y mayor reto es la toma de conciencia y cambio de mentalidad de los peruanos en relación a nuestro papel en una cultura de sostenibilidad. No ponderamos el bien común de la sociedad sobre nuestra comodidad o privilegios. Por ejemplo, nadie le da mayor importancia al agua: muchos riegan no solo jardines, sino también sus estacionamientos y hasta las veredas frente a sus casas y lo que no se ponen a pensar es que esa agua es potable y podríamos usarla para consumo. El agua en nuestro país, y especialmente en Lima, es casi regalada, pero olvidamos que muchas familias viven con solo 30 litros de agua al día o menos y que, además, pagan 5 o 6 veces más por ella. Tengo la certeza que las nuevas generaciones de profesionales tienen una mirada más crítica a este tema y traducirán ese compromiso personal en las industrias en las que se desarrollen, en sus proyectos y producto.

El segundo reto es la construcción informal. Es un serio problema en nuestro país, no solo en temas de sostenibilidad, sino también en temas de resiliencia. Debemos de ver la forma que nuestras ciudades crezcan de forma ordenada y segura, y que los gobiernos, locales y regionales le puedan brindar a los ciudadanos de menos recursos el apoyo que requieren, a la misma vez que alinearlos a las normas, leyes y planes urbanos. Creo que este es el problema más representativo en las regiones alejadas. Las autoridades deben ganar el paso a las invasiones y promover desarrollos urbanos accesibles y orientados a la sostenibilidad de los recursos. Del mismo modo, jugar un rol mucho más fiscalizador e instructivo cuando se trata de la autoconstrucción.

El tercer, pero probablemente no sea el último reto, es la falta de actualización de reglamentos y normativas. La mayoría de nuestros reglamentos están obsoletos, basados en normas europeas de los noventas, o son copias literales de alguna norma internacional y no se han detenido a analizar si aplica o no a nosotros. Un ejemplo de esto es la ley que establece la obligatoriedad de la segregación y reciclaje de deshechos de construcción: es una ley vigente, pero no existe en el Perú una oferta privada o pública atractiva que recicle deshechos de construcción de edificaciones.