La estación de investigación ambiental más antigua del Perú suspendió indefinidamente sus actividades en la Amazonía debido al avance de la minería ilegal de oro y a las amenazas contra su personal. El cierre de Panguana, en el centro del país, marca un punto crítico para la ciencia amazónica y para uno de los principales centros de monitoreo climático del territorio peruano.
El conflicto expone la creciente presión de las economías ilícitas sobre áreas de conservación y proyectos científicos estratégicos. Investigadores advierten que la falta de presencia estatal sostenida pone en riesgo décadas de datos, biodiversidad y conocimiento acumulado en una de las zonas más ricas de la Amazonía.
Estación biológica de Panguana cierra tras amenazas de la minería ilegal
De acuerdo con el informe de la revista Science, el personal de Panguana ha recibido amenazas de muerte de mineros que trabajan en los ríos cercanos e intentaron ingresar a la reserva de conservación de 1600 hectáreas de la estación.
El ecofisiólogo Armin Niessner, gerente de proyectos de la estación, confirmó que los mineros ilegales han intentado ingresar de forma reiterada a la reserva privada de 1.600 hectáreas. “Intentamos expulsarlos de nuestra área con nuestra seguridad. Hubo muchos tiroteos; así que es realmente peligroso en este momento”, señaló.
Fundada en 1968 por los investigadores alemanes Maria y Hans Wilhelm Koepcke, Panguana se ubica dentro del área de conservación privada del mismo nombre, en una selva tropical de alta biodiversidad a orillas del río Yuyapichis.
A lo largo de más de cinco décadas, la estación ha albergado hasta 30 investigadores por temporada y ha producido más de 300 artículos científicos sobre fauna, flora y ecología amazónica, incluidos estudios ampliamente citados sobre caracoles terrestres y flores polinizadas por abejas.
Uno de los activos más valiosos del centro es una de las cuatro torres de flujo de covarianza de remolinos del Perú, instrumentos que permiten medir intercambios de carbono, agua y energía entre el bosque y la atmósfera.
“Panguana es un sitio muy importante para comprender la dinámica climática en la Amazonía occidental”, afirmó Eric Cosio, bioquímico vegetal de la Pontificia Universidad Católica del Perú e investigador principal del proyecto AndesFlux. Según explicó al citado medio, la torre es especialmente relevante por la falta de datos sobre cómo los Andes influyen en las tendencias climáticas amazónicas.
El cierre de Panguana refleja la debilidad del Estado peruano frente a la minería ilegal
Aunque los instrumentos continúan recolectando información de forma automática, los responsables de la estación ordenaron que científicos y voluntarios se mantengan alejados por razones de seguridad. Durante meses, el equipo ha informado a las autoridades sobre la presencia de minería ilegal en los ríos cercanos, una actividad que se ha convertido en una fuente clave de ingresos para comunidades locales.
El mes pasado, el gobierno desplegó una operación policial y militar que destruyó maquinaria pesada utilizada para la extracción de oro. Sin embargo, las fuerzas se retiraron pocos días después.
“La tensión sigue siendo alta”, advirtió Niessner, quien expresó su preocupación por posibles represalias. “Tenemos un poco de miedo a la venganza”, afirmó, al señalar que la torre de monitoreo podría convertirse en un blanco de vandalismo.
La situación no es exclusiva de Panguana. Una segunda torre del proyecto AndesFlux, ubicada en el sur del país, también enfrenta amenazas relacionadas con la minería ilegal. Cosio recordó que este problema se ha intensificado en las últimas décadas.
Un informe de Amazon Conservation de 2025 señala que, desde 1984, la minería con dragas y excavadoras ha dañado más de 225 cuerpos de agua, ha deforestado 140.000 hectáreas y ha afectado a unas 73 comunidades indígenas.
En la zona de influencia de Panguana, la débil presencia del Estado ha facilitado la expansión de actividades ilícitas, según Eduardo Nina Cruz, representante de la Fiscalía Ambiental Especializada de Pucallpa. “La Fiscalía ha realizado intervenciones periódicas, pero el gobierno nacional suele adoptar una postura muy pasiva y benevolente hacia la minería”, afirmó.
Frente a este escenario, los investigadores reconocen que no existe una solución inmediata. Las autoridades regionales propusieron estacionar oficiales en el área al menos tres días por semana, una medida considerada insuficiente por el equipo científico. Mientras tanto, Niessner planea visitar la estación cada pocas semanas para supervisar la torre de flujo y verificar el estado de las instalaciones.
La paralización de Panguana no solo representa una pérdida para la ciencia peruana, sino también un retroceso para el monitoreo climático y la conservación amazónica. La estación, que durante décadas fue un referente internacional en investigación tropical, hoy permanece en silencio, atrapada entre el avance de la minería ilegal y la ausencia de una protección estatal sostenida.









