En zonas boscosas del litoral brasileño, los mosquitos están modificando su comportamiento y recurren cada vez más a la sangre humana para alimentarse. Científicos advierten que este cambio no es casual y estaría vinculado a la degradación de los ecosistemas, un proceso que podría elevar el riesgo de transmisión de enfermedades.
La reducción de la biodiversidad en la mata atlántica, uno de los biomas más ricos de Brasil, ha disminuido la presencia de animales silvestres que antes servían como hospedadores. Ante este escenario, los investigadores señalan que los humanos se han convertido en una fuente de alimento más accesible para los mosquitos.
¿Por qué los ‘mosquitos vampiro’ prefieren la sangre humana en Brasil?
La evidencia fue documentada en una investigación publicada en la revista Frontiers in Ecology and Evolution, que analizó el comportamiento alimentario de distintas especies de mosquitos en reservas naturales del estado de Río de Janeiro.
“Esta investigación es crucial porque, en un entorno como la mata atlántica con gran diversidad de hospedadores potenciales, la preferencia por los humanos aumenta significativamente el riesgo de transmisión de patógenos”, señaló Sergio Machado, coautor del estudio e investigador en microbiología e inmunología de la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Para el estudio, los científicos instalaron trampas de luz en el área de Sítio Recanto Preservar y en la Reserva Ecológica del río Guapiacu. Los mosquitos capturados fueron trasladados al laboratorio, donde se aislaron las hembras que habían ingerido sangre.
A partir de esas muestras, el equipo extrajo ADN y utilizó técnicas de secuenciación para identificar un gen que actúa como un código de barras específico de cada especie de vertebrado.
El análisis permitió determinar el origen de la sangre consumida por los insectos. De un total de 1.714 mosquitos capturados, pertenecientes a 52 especies, 145 hembras estaban repletas de sangre.
En 24 casos fue posible identificar con precisión la fuente de alimentación: 18 correspondían a humanos, mientras que el resto provenía de un anfibio, seis aves, un cánido y un ratón. Para los investigadores, esta proporción confirma un cambio significativo en la relación entre los mosquitos y su entorno.
El equipo científico sostiene que la preferencia por la sangre humana no responde a una sola causa. “El comportamiento de los mosquitos es complejo”, explicó Jeronimo Alencar, autor principal del estudio y biólogo del Instituto Oswaldo Cruz, en Río de Janeiro. “Aunque algunas especies de mosquito puedan tener preferencias innatas, la disponibilidad y la proximidad del hospedador son factores de enorme influencia”, precisó.
Los resultados refuerzan la advertencia de que la pérdida de biodiversidad no solo afecta a los ecosistemas, sino que también puede alterar dinámicas biológicas con consecuencias directas para la salud pública.
En el caso de la mata atlántica, la presión humana estaría reconfigurando el comportamiento de los mosquitos, acercándolos cada vez más a las personas y elevando el riesgo de brotes de enfermedades transmitidas por vectores en zonas donde antes el equilibrio natural actuaba como barrera.









