La Amazonía brasileña cerró 2025 con el menor número de incendios forestales en casi tres décadas, un dato que marca un punto de inflexión tras uno de los períodos más críticos para el mayor bosque tropical del planeta. Según informó el Gobierno, la selva registró 43.033 focos de incendio durante el año, una cifra 69 % menor a la de 2024 y la más baja desde que existen mediciones sistemáticas.
Los datos, obtenidos a partir de imágenes satelitales del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE), confirman que el número de focos de calor detectados en la Amazonía brasileña en 2025 fue el menor desde 1998, año en que comenzó el monitoreo oficial. Este retroceso significativo se produce luego de un 2024 marcado por condiciones climáticas extremas y una sequía histórica que impulsó la mayor ola de incendios en 17 años.
¿Cuáles son los factores de la disminución de los incendios forestales en la Amazonía?
Especialistas atribuyen la fuerte reducción de los incendios a un escenario climático menos adverso. En 2025, Brasil registró períodos de sequía más cortos y menos severos, además de no experimentar los efectos del fenómeno de El Niño, que en años anteriores agravó la escasez hídrica y elevó el riesgo de incendios.
El contraste con 2024 resulta evidente. Ese año, la Amazonía contabilizó 140.328 incendios, un aumento de 42 % frente a 2023, impulsado por una sequía excepcional y lluvias muy por debajo del promedio histórico.
El fenómeno de El Niño ya había generado en 2014 la mayor sequía desde 1950, con problemas de abastecimiento de agua en el 58 % del territorio brasileño.
Menor área destruida y señales de recuperación
El impacto de los eventos extremos de 2024 dejó una huella profunda en el ecosistema. Un estudio de la red MapBiomas indicó que 17,9 millones de hectáreas de vegetación fueron destruidas por incendios en la Amazonía ese año, lo que representó el 58 % del área total afectada por el fuego en Brasil.
La tendencia cambió de forma drástica en 2025. En los primeros diez meses del año, el área devastada por incendios en todo el país se redujo 64,6 %, hasta 9,9 millones de hectáreas, según los últimos datos de MapBiomas. En el caso específico de la Amazonía, la disminución alcanzó el 75 % hasta octubre, una señal clara de alivio para el ecosistema.
Esta mejora también se reflejó a escala nacional. Por los mismos factores climáticos, el número total de focos de calor en Brasil cayó 51 % en un año, al pasar de 278.229 en 2024, el mayor registro desde 2010, a 136.248 en 2025, el nivel más bajo desde 2018.
Menos incendios, menor deforestación
La reducción de los incendios tuvo un efecto directo en la deforestación. De acuerdo con el INPE, la Amazonía registró una caída de 17,4 % en la pérdida de cobertura forestal durante los diez primeros meses de 2025 en comparación con el mismo período del año anterior.
Entre enero y noviembre de 2025, la deforestación alcanzó los 5.013 kilómetros cuadrados de vegetación nativa, la menor superficie destruida para ese intervalo desde 2008. Este resultado refuerza la relación entre control de incendios, estabilidad climática y preservación del bosque.
El compromiso político y el desafío a largo plazo
El Gobierno brasileño sostiene que estos indicadores respaldan su estrategia ambiental. Uno de los compromisos centrales del presidente Luiz Inácio Lula da Silva consiste en eliminar por completo la deforestación ilegal en la Amazonía para 2030.
El mandatario reiteró ese objetivo en noviembre pasado durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), realizada en la ciudad amazónica de Belém. En ese foro internacional, Lula también presentó el Fondo de Florestas Tropicales para Siempre, una iniciativa destinada a apoyar financieramente la conservación de bosques en países con grandes extensiones de selva.
Aunque las cifras de 2025 ofrecen un respiro para la Amazonía brasileña, expertos advierten que la sostenibilidad de esta tendencia dependerá de políticas constantes, vigilancia ambiental y la capacidad de enfrentar futuros eventos climáticos extremos que, según la ciencia, seguirán intensificándose en las próximas décadas.









