La ONU advierte que el calentamiento global reduce de forma acelerada las sedes aptas para los Juegos Olímpicos de Invierno, mientras Milán-Cortina 2026 expone los desafíos ambientales, económicos y deportivos que enfrenta el olimpismo en un planeta cada vez más cálido.

El cambio climático amenaza la continuidad de los Juegos Olímpicos de Invierno y obliga a replantear sedes, infraestructura y sostenibilidad del deporte a nivel global.
El cambio climático amenaza la continuidad de los Juegos Olímpicos de Invierno y obliga a replantear sedes, infraestructura y sostenibilidad del deporte a nivel global.

Por Stakeholders

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Los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026 se desarrollan en un escenario marcado por la emergencia climática. Naciones Unidas ha advertido que el calentamiento global ya condiciona la viabilidad del deporte, en especial en territorios que dependen de nieve y temperaturas bajas sostenidas.

En este contexto, el evento adquiere una dimensión que trasciende lo deportivo y se convierte en una vitrina global para visibilizar los impactos ambientales del cambio climático.

El olimpismo vuelve así a vincularse con valores que van más allá de la competencia. La sostenibilidad, la cooperación internacional y la responsabilidad climática se posicionan en el centro del debate, mientras gobiernos y sociedades enfrentan la urgencia de actuar de manera coordinada.

Menos sedes disponibles y mayor presión sobre el deporte de invierno

Las proyecciones climáticas muestran un escenario complejo. Si las emisiones globales no se reducen de forma significativa, el número de sedes aptas para deportes de invierno disminuirá drásticamente en las próximas décadas. Regiones que hoy albergan competencias olímpicas podrían dejar de cumplir las condiciones necesarias para hacerlo.

Esta tendencia obliga a replantear la planificación de los Juegos Olímpicos, la infraestructura deportiva y la rotación de países anfitriones. Además, incrementa los costos ambientales y económicos asociados a la producción de nieve artificial y a la adaptación de escenarios naturales. La crisis climática ya no afecta solo al entorno, sino también a la equidad y diversidad geográfica del deporte olímpico.

El impacto del calentamiento global en los Juegos de verano

El problema no se limita a las competencias invernales. El aumento de las temperaturas extremas también amenaza la viabilidad de los Juegos Olímpicos de verano. Las olas de calor representan un riesgo creciente para atletas, espectadores y personal operativo, y obligan a modificar calendarios, horarios y protocolos sanitarios.

En las ciudades anfitrionas, el estrés térmico intensifica la presión sobre el consumo de agua y energía, en contextos urbanos cada vez más vulnerables. De este modo, el cambio climático redefine las condiciones de competencia y abre un debate sobre la sostenibilidad de las futuras sedes olímpicas.

Milán-Cortina 2026 como símbolo de cooperación internacional

Italia acoge los Juegos Olímpicos de Invierno entre el 6 y el 22 de febrero, con la participación de cerca de 3.000 atletas provenientes de 93 países. En un mundo atravesado por tensiones geopolíticas, el evento se presenta como un símbolo de cooperación y diálogo.

La reactivación de la tregua olímpica refuerza ese mensaje y conecta el deporte con la diplomacia internacional. En un contexto donde la crisis climática exige acuerdos globales urgentes, los Juegos ofrecen un espacio para promover compromisos compartidos y responsabilidad colectiva.

Seguridad, tecnología y desafíos emergentes

Junto al desafío ambiental, la organización enfrenta riesgos en el ámbito digital. Las autoridades italianas lograron frustrar un ciberataque dirigido a sedes diplomáticas y espacios vinculados a Milán-Cortina, gracias al fortalecimiento institucional y a nuevas estructuras de seguridad.

La protección del evento ya no se limita a lo físico. La dimensión tecnológica se incorpora como un eje clave en un escenario global marcado por conflictos híbridos y amenazas digitales.

El cambio climático obliga a replantear el modelo olímpico tanto en invierno como en verano. La adaptación, la mitigación y la sostenibilidad dejaron de ser opcionales y se convirtieron en condiciones indispensables para la continuidad del deporte a gran escala.

Milán-Cortina 2026 emerge así como una oportunidad para demostrar que el olimpismo puede formar parte de la solución. El desafío consiste en que el mensaje ambiental y político del evento se traduzca en acciones duraderas, más allá del cierre de la competencia.

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