Francia marca un punto de inflexión en la política ambiental europea al prohibir, desde enero de 2026, la producción, importación y venta de productos que contengan PFAS cuando existan alternativas disponibles. La decisión apunta a reducir la exposición de la población a estos contaminantes persistentes, conocidos como «químicos eternos», ampliamente utilizados en cosméticos, textiles y artículos de uso cotidiano.
La medida responde a una creciente preocupación científica y social por los efectos acumulativos de los PFAS sobre la salud y el ambiente, y posiciona a Francia como referente regulatorio en la Unión Europea. Al mismo tiempo, obliga a la industria a replantear materiales, procesos y cadenas de suministro, acelerando la transición hacia modelos de consumo más sostenibles.
Francia elimina los «químicos eternos» de cosméticos y textiles
Los PFAS son sustancias sintéticas diseñadas para ofrecer durabilidad extrema, pero esa misma característica los convierte en altamente persistentes. Estos compuestos pueden permanecer miles de años sin degradarse y se acumulan en suelos, ríos, alimentos y agua potable. Estudios científicos ya los detectaron en ecosistemas remotos y en organismos marinos, lo que confirma su alcance global.
Desde el punto de vista sanitario, la exposición prolongada a los PFAS se asocia a alteraciones metabólicas, debilitamiento del sistema inmune y determinados tipos de cáncer.
Por ello, su presencia en productos de contacto diario genera alarma entre expertos y autoridades sanitarias, que advierten sobre riesgos a largo plazo difíciles de revertir.
El impacto en la industria cosmética y textil francesa
En la industria cosmética, la nueva normativa aceleró la reformulación de productos y procesos. Las empresas comenzaron a sustituir ingredientes por alternativas más seguras y biodegradables, lo que abrió oportunidades para la innovación sostenible.
En el sector textil, el desafío se centró en reemplazar tratamientos impermeables y antimanchas, impulsando la exploración de nuevas fibras y tecnologías con menor impacto ambiental.
La ley contempla excepciones limitadas para textiles industriales estratégicos, aunque mantiene como eje central la reducción de la carga química sobre el ambiente. Además, el debate sobre los PFAS reactivó la discusión en torno a los microplásticos en cosméticos, partículas que terminan en sistemas de agua y ascienden por la cadena alimentaria hasta los seres humanos.
El enfoque francés contrasta con regulaciones parciales en otros países, mientras la Unión Europea debate una normativa integral. La ley incluye controles sobre el agua potable y sanciones a los contaminadores, y consolida a Francia como un laboratorio de políticas ambientales. Con esta decisión, el país refuerza la idea de que la transición ecológica también comienza en los productos de uso cotidiano.









