La investigación, publicada en la revista Oryx, muestra que la masa corporal promedio de las aves cayó 72% entre 1940 y 2020 debido a la caza, la pérdida de hábitat y la expansión humana.
La investigación, publicada en la revista Oryx, muestra que la masa corporal promedio de las aves cayó 72% entre 1940 y 2020 debido a la caza, la pérdida de hábitat y la expansión humana.

Por Stakeholders

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Un estudio internacional coordinado por la Universidad de Barcelona y publicado en la revista científica Oryx advierte un cambio profundo y poco visible en los ecosistemas del planeta. Entre 1940 y 2020, la masa corporal promedio de las aves en territorios indígenas y comunidades locales de África, América Latina y Asia se redujo en un 72%, reflejando la desaparición progresiva de especies grandes y su reemplazo por aves de menor tamaño. El hallazgo revela impactos ecológicos y culturales que trascienden la biodiversidad y afectan directamente la relación histórica entre las comunidades y su entorno natural.

La investigación combinó evidencia científica con memoria ecológica local, integrando más de 7.000 registros correspondientes a 283 especies de aves. Para reconstruir las tendencias, los científicos realizaron encuestas a 1.434 adultos de diez comunidades distribuidas en países como Bolivia, Chile, México, Brasil, China, Ghana, Kenia, Madagascar, Mongolia y Senegal, quienes identificaron las especies más comunes durante su infancia y las compararon con las actuales.

Disminución sostenida del tamaño de las aves

Los resultados muestran una transformación significativa en apenas ocho décadas. En la década de 1940, la masa corporal promedio de las aves superaba los 1.500 gramos; para 2020, el promedio cayó hasta los 535 gramos. El fenómeno fue estadísticamente significativo en territorios como Tsimane en Bolivia, Timucuy en México, Vavatenina en Madagascar y el desierto de Ordos en China, mientras que en Lonquimay, en Chile, y Bulgan soum, en Mongolia, no se observaron variaciones relevantes.

Los investigadores identificaron múltiples causas detrás de esta reducción. Entre ellas destacan la presión cinegética asociada a la caza intensiva, la pérdida de hábitats por expansión agrícola e infraestructura, así como la ganadería extensiva y los tendidos eléctricos, factores que afectan especialmente a las especies de mayor tamaño.

Los testimonios recogidos durante el estudio reflejan la magnitud del cambio ambiental. Un anciano Daasanach en Kenia afirmó que “todos los pájaros grandes se han ido ya”, mientras que un habitante de la Amazonía boliviana señaló que “muchos animales han desaparecido, porque los taladores cazan más”. En Mongolia, un pastor explicó que el aumento del ganado ha reducido los nidos disponibles y provocado la muerte de aves grandes en líneas eléctricas.

Impactos ecológicos y culturales

La desaparición de aves grandes implica la pérdida de funciones ecológicas esenciales. Estas especies cumplen un rol clave en la dispersión de semillas, el control natural de plagas y la regeneración de bosques, procesos fundamentales para mantener el equilibrio de los ecosistemas. Su reducción altera cadenas tróficas completas y debilita la resiliencia ambiental frente al cambio climático.

El impacto también alcanza la dimensión cultural. En numerosas comunidades indígenas, las aves grandes forman parte de relatos tradicionales, prácticas ceremoniales y sistemas de conocimiento transmitidos entre generaciones. Su desaparición representa, por tanto, una erosión simultánea de biodiversidad y memoria cultural.

Álvaro Fernández-Llamazares, investigador del ICTA-UAB y uno de los autores del estudio, subrayó que la crisis global de extinción de aves también se refleja en la experiencia cotidiana de comunidades con fuerte arraigo territorial. Los científicos sostienen que las políticas de conservación deben integrar activamente el conocimiento indígena y promover un diálogo equitativo entre ciencia y saberes tradicionales.

Un indicador del cambio ambiental global

Los autores advierten que la reducción del tamaño promedio de las aves constituye una señal temprana de degradación ecológica. Aunque el fenómeno puede pasar desapercibido frente a otras crisis ambientales más visibles, evidencia transformaciones profundas en los ecosistemas y en las dinámicas de interacción entre humanos y naturaleza.

La investigación concluye que la desaparición de aves grandes no solo compromete funciones ambientales críticas, sino también vínculos culturales que han dado sentido a la relación entre comunidades y biodiversidad durante generaciones. El desafío, señalan los expertos, consiste en diseñar estrategias de conservación que reconozcan simultáneamente el valor ecológico y cultural de estas especies antes de que su pérdida se vuelva irreversible.

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