En medio del complejo arqueológico de Chan Chan, en la región La Libertad, una planta sobrevivió silenciosamente al paso del tiempo. Se trataba de algodón nativo, la misma fibra utilizada siglos atrás por la cultura chimú para elaborar textiles que formaban parte de su identidad.
Sin presupuesto ni ceremonias oficiales, la semilla permaneció bajo la arena hasta convertirse en el punto de partida de una iniciativa de recuperación biocultural impulsada desde la propia comunidad.
El algodón de Chan Chan es rescatado por las autoridades peruanas
Durante años, las plantas crecieron sin llamar la atención, hasta que integrantes de la Unidad de Promoción y Participación Ciudadana del Proyecto Especial Complejo Arqueológico Chan Chan del Ministerio de Cultura del Perú decidieron observar con mayor detenimiento el entorno.
Entre ramas secas descubrieron cápsulas con semillas viables. Renato Espejo y Víctor Vallejo iniciaron entonces un almácigo sin financiamiento asignado ni cronogramas oficiales, motivados únicamente por la posibilidad de recuperar un elemento clave del patrimonio ancestral.
El cultivo avanzó de manera natural y confirmó que el legado chimú seguía vivo. “Ver nacer la primera plantita es un regalo de Dios”, recuerda Espejo, quien vivió ese proceso en paralelo al nacimiento de su hija. “Literalmente con amor generamos vida. Es algo nuestro, que viene de nuestros antepasados y tenemos la obligación de proteger”, afirma.
El algodón nativo, más que una especie vegetal, representa memoria histórica; fue materia prima para vestimentas, redes y símbolos culturales que definieron a una civilización prehispánica.
De la siembra al hilado
Con el crecimiento de las plantas, el proyecto evolucionó hacia la transmisión de saberes tradicionales. Desde el poblado de Villa del Mar se sumaron Graciela Aguilar Ibáñez y Zarela Aguilar Ibáñez, integrantes del programa Vigías de Chan Chan, quienes aprendieron a hilar desde niñas observando a sus madres y abuelas. Su participación permitió transformar la iniciativa agrícola en un proceso cultural vivo; las semillas comenzaron a convertirse en hilo y el hilo en conocimiento compartido entre generaciones.
El proyecto continuó expandiéndose con la incorporación de nuevas variedades de algodón, aportadas por familiares y colaboradores, lo que abrió posibilidades para diversificar la producción artesanal.
Tras dos años de trabajo sostenido, el algodón nativo volvió a ocupar un lugar activo dentro del sitio arqueológico. Hoy, el espacio no solo conserva historia, también la practica. “Allí, el pasado deja de ser una pieza de exhibición y vuelve a ser práctica viva”, señala Víctor Vallejo.
Actualmente, el Museo de Sitio Chan Chan desarrolla el taller Hilado de Algodón Nativo, donde participan 25 mujeres comprometidas con la preservación del patrimonio y la transmisión de técnicas ancestrales.
Para Christian Arbaiza Mendoza, director del Proyecto Especial Chan Chan, la iniciativa tiene un impacto que va más allá de lo simbólico. “El algodón nativo es parte del patrimonio biocultural. Recuperarlo fortalece la identidad y abre oportunidades para las comunidades”, sostiene.
La dimensión real del proyecto se evidencia en acciones cotidianas; el cuidado de las plantas, las manos que aprenden a hilar y la recuperación de conocimientos que parecían perdidos.
En Chan Chan no solo reapareció una fibra ancestral; se reactivó un vínculo profundo entre territorio, memoria e identidad cultural, demostrando que la conservación del patrimonio también puede germinar desde iniciativas ciudadanas.









