Cada 22 de marzo, en el marco del Día Mundial del Agua, se pone en evidencia uno de los desafíos más urgentes en el Perú; garantizar no solo el acceso a agua potable, sino a un servicio seguro, continuo y de calidad. Aunque el debate suele centrarse en la expansión de redes, especialistas advierten que la problemática es más compleja y afecta directamente la salud de millones de personas.
Datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática muestran que en 2023 la carencia de acceso a agua gestionada de manera segura alcanzó al 97 % de la población rural y al 67 % de la población urbana; estas cifras reflejan que contar con conexión a red pública no garantiza condiciones adecuadas de calidad, continuidad o desinfección.
El análisis revela brechas estructurales; en zonas urbanas, solo el 46 % de la población consumió agua con niveles adecuados de cloro, mientras que entre quienes acceden diariamente al servicio, apenas el 59 % lo recibe durante las 24 horas. Regiones como Ucayali, Loreto, Piura y Tumbes enfrentan mayor presión, con menos del 32 % de población que cuenta con agua continua a través de red pública.
Frente a este escenario, expertos en agua y saneamiento plantean un enfoque complementario; la expansión de infraestructura debe acompañarse de mejoras en sistemas de cloración, monitoreo de calidad y soluciones en el punto de consumo. Entre estas alternativas destacan los sistemas de filtración doméstica o comunitaria, que actúan como barreras frente a contaminantes microbiológicos.
“Los filtros no son un sustituto de la infraestructura; funcionan como una solución puente práctica que protege a las familias mientras avanzan las obras, se fortalecen los controles sanitarios y las comunidades adquieren herramientas para gestionar el agua de forma segura”, explicó Gissella Valle, gerente de alianzas para América Latina de Sawyer.
Estas tecnologías, en muchos casos, operan sin electricidad y requieren mantenimiento sencillo; su implementación ha demostrado impactos positivos en distintos contextos. Experiencias en la región del Trifinio, en Centroamérica, así como en países como México, Camboya y Fiyi, reportan reducciones significativas en enfermedades diarreicas tras la incorporación de filtros y programas de educación sanitaria.
En el Perú, organizaciones como CARE y Perú Sostenible han desarrollado pilotos en comunidades de la Amazonía, así como en zonas de Ica y Lima; estos proyectos evalúan el rol de la filtración doméstica dentro de estrategias integrales para garantizar agua segura.
“Desde aldeas rurales remotas hasta asentamientos urbanos, hemos comprobado de primera mano que una tecnología simple y de bajo costo puede generar un impacto medible en la salud, el ahorro de tiempo y la economía de los hogares”, añadió Valle.
El desafío del agua en el Perú trasciende la infraestructura; la calidad, la continuidad y la gestión del recurso definen una brecha silenciosa que persiste en el país. En este contexto, avanzar hacia soluciones integrales se vuelve clave para cerrar una deuda histórica que impacta directamente en el bienestar y desarrollo de la población.









