Solo el 14 % de las ciudades del mundo respira aire seguro; el informe de IQAir alerta un deterioro global impulsado por incendios, cambio climático y emisiones contaminantes.

Con PM2,5 en niveles críticos y solo 13 países dentro de estándares de la OMS, expertos advierten que sin monitoreo y reducción de emisiones la crisis del aire seguirá agravándose.

Por Stakeholders

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La calidad del aire en el mundo continúa deteriorándose; así lo advierte el más reciente informe de IQAir, que revela que solo el 14 % de las ciudades respira aire considerado seguro en 2025, frente al 17 % registrado el año anterior. El estudio analizó datos de 9.446 ciudades en 143 países y confirma una tendencia preocupante asociada al cambio climático y a la intensificación de fenómenos extremos.

Uno de los hallazgos más críticos es que India alberga la ciudad más contaminada del mundo; en paralelo, las 25 urbes con peor calidad del aire se concentran en India, Pakistán y China. En particular, Loni, en el estado de Uttar Pradesh, registró una concentración promedio anual de PM2,5 de 112,5 µg/m³, más de 22 veces por encima del umbral recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

Informe de IQAir: ¿a qué se debe la contaminación aerea en el mundo?

El informe identifica al humo de incendios forestales como uno de los principales factores detrás del deterioro del aire en 2025; a ello se suman tormentas de polvo y eventos climáticos extremos intensificados por la quema de combustibles fósiles.

En Europa, el impacto también ha sido significativo; el peor año de incendios forestales en la Unión Europea provocó pérdidas económicas por al menos 43.000 millones de euros, en un contexto marcado por olas de calor, inundaciones y sequías.

Las partículas finas PM2,5 representan el principal riesgo para la salud; su tamaño, inferior a 2,5 micrómetros, les permite penetrar en los pulmones y alcanzar el torrente sanguíneo, lo que se asocia a enfermedades respiratorias, cardiovasculares y cáncer. Frente a este escenario, solo 13 países y territorios cumplen los límites de seguridad establecidos por la OMS.

En Europa, apenas Andorra, Estonia e Islandia mantienen niveles seguros de calidad del aire; a nivel global, este grupo incluye también a países y territorios como Australia, Barbados, Bermudas, Panamá y Puerto Rico. Esto implica que el 91 % de los países analizados no cumple con las directrices internacionales.

El contraste es marcado; mientras Nieuwoudtville, en Sudáfrica, registra uno de los niveles más bajos de contaminación con 1,0 µg/m³, países como Pakistán, Bangladés y Tayikistán encabezan la lista de mayor exposición a partículas finas.

En Europa, la situación muestra señales mixtas; 23 países registraron incrementos en PM2,5, mientras que 18 lograron reducciones. Factores como el polvo sahariano y el humo de incendios provenientes de Norteamérica han elevado los niveles de contaminación en países como Suiza y Grecia. En contraste, Malta reportó una caída cercana al 24 %, impulsada por la transición hacia energías renovables y políticas para reducir emisiones del transporte.

Las mediciones en tiempo real también reflejan episodios críticos; ciudades como París, Pekín, Daca, Wuhan y Seúl figuran entre las más contaminadas en determinados momentos, mientras que Londres también aparece entre las diez primeras. A esto se suman alertas del Servicio de Vigilancia de la Atmósfera de Copernicus, que advierte sobre niveles elevados de PM2,5 en Europa por emisiones agrícolas, polen y condiciones meteorológicas estancadas.

El informe también expone una limitación clave; el acceso a datos sigue siendo insuficiente. Solo una fracción de la población mundial cuenta con información en tiempo real sobre la calidad del aire, y en algunos países los sistemas de monitoreo se han debilitado o desaparecido.

“Sin monitorización no podemos comprender plenamente qué hay en el aire que respiramos”, afirmó Frank Hammes, director ejecutivo global de IQAir. “Ampliar el acceso a datos en tiempo real da capacidad de actuación a las comunidades. Si reducimos las emisiones y afrontamos el cambio climático, podremos impulsar mejoras significativas y duraderas en la calidad del aire a escala global”.

La evidencia es contundente; la contaminación del aire se consolida como una crisis global que combina factores ambientales, energéticos y de gobernanza. En este contexto, mejorar la calidad del aire no solo depende de reducir emisiones, sino también de fortalecer sistemas de monitoreo y políticas públicas que permitan actuar con información precisa y oportuna.

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