Un estudio en manglares del Golfo de Urabá, en Colombia, revela que los cangrejos violinistas ingieren y fragmentan microplásticos a gran velocidad, un proceso que redefine su rol ecológico y abre nuevas preguntas sobre los riesgos para la cadena alimentaria y la salud de los ecosistemas costeros.

Investigación científica demuestra que los cangrejos violinistas actúan como “ingenieros del ecosistema” al transformar microplásticos en manglares contaminados, aunque este fenómeno podría aumentar la presencia de nanoplásticos con efectos aún desconocidos.
Investigación científica demuestra que los cangrejos violinistas actúan como “ingenieros del ecosistema” al transformar microplásticos en manglares contaminados, aunque este fenómeno podría aumentar la presencia de nanoplásticos con efectos aún desconocidos.

Por Stakeholders

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Un estudio realizado en manglares de Colombia reveló que los cangrejos violinistas no solo ingieren grandes cantidades de microplásticos presentes en los sedimentos, sino que además los fragmentan activamente dentro de su sistema digestivo. La investigación, desarrollada en el Golfo de Urabá, una de las zonas con mayor contaminación plástica del planeta, posiciona a estos crustáceos como actores inesperados en la transformación de los residuos plásticos en ecosistemas costeros clave.

El trabajo, publicado en la revista Global Change Biology, analizó durante 66 días el impacto directo de los microplásticos en poblaciones naturales de cangrejos violinistas que habitan manglares urbanos. Los resultados sugieren que estos organismos podrían desempeñar un papel inédito en la dinámica ambiental, aunque con riesgos aún poco comprendidos para la cadena alimentaria.

Un rol ecológico inesperado de los cangrejos violinistas con efectos complejos

Los resultados mostraron que los cangrejos concentraron niveles de microplásticos hasta trece veces superiores a los detectados en los sedimentos circundantes. El equipo científico, liderado por el profesor José M. Riascos, de la Universidad de Antioquia y el CEMarin de Bogotá, buscó determinar cuántas partículas absorben estos animales, cómo se distribuyen dentro de su organismo y si su fisiología contribuye a descomponer el plástico en fragmentos más pequeños.

El análisis reveló que los microplásticos no se distribuyen de manera uniforme en el cuerpo de los cangrejos. La mayor acumulación apareció en el intestino posterior, seguida por el hepatopáncreas y las branquias, órganos clave para la digestión y el intercambio de sustancias.

Según los investigadores, este patrón confirma que el aparato digestivo especializado de los cangrejos violinistas, junto con bacterias específicas, acelera la fragmentación del plástico en cuestión de días, un proceso mucho más rápido que el provocado por la radiación solar o el movimiento del oleaje.

De acuerdo con el estudio difundido por la University of Exeter, muchas de las partículas halladas en los organismos aparecieron más fragmentadas que las presentes originalmente en el ambiente.

El equipo también detectó diferencias entre sexos, ya que las hembras presentaron una mayor cantidad de fragmentos, un fenómeno que podría estar vinculado a variaciones fisiológicas y metabólicas. Además, los análisis confirmaron que la degradación microbiana dentro del tracto digestivo favorece la generación de nanoplásticos.

Este comportamiento llevó a los científicos a describir a los cangrejos violinistas como verdaderos “ingenieros del ecosistema”, capaces de modificar la forma en que los microplásticos circulan y se transforman en los manglares. Sin embargo, los autores advierten que este servicio ecológico aparente no está exento de riesgos.

Los riesgos de la habilidad de los cangrejos violinistas para la fauna y la cadena alimenticia

Al fragmentar plásticos de mayor tamaño en partículas más pequeñas, los cangrejos podrían facilitar la entrada de nanoplásticos en sus tejidos y en la cadena trófica, con consecuencias aún desconocidas para otras especies.

Daniela Díaz, investigadora de la Universidad de Antioquia, señaló que estos hallazgos demuestran que los seres vivos no actúan solo como víctimas pasivas de la contaminación, sino que adaptan sus funciones biológicas frente a presiones humanas constantes.

“La presencia sostenida de plásticos obliga a los cangrejos a modificar sus hábitos de ingesta y sus procesos digestivos, lo que podría influir tanto en su salud como en el equilibrio del ecosistema”, explicó Díaz.

Hasta ahora, los bivalvos, como ostiones y vieiras, se consideraban los organismos más vulnerables a la ingestión de microplásticos, pero este estudio plantea que los cangrejos violinistas desempeñan un papel igual o incluso más relevante en la transformación y redistribución de estos residuos.

La investigación se desarrolló en colaboración con la Universidad de Exeter del Reino Unido y el Center of Excellence in Marine Sciences de Colombia.

Según el reporte de la Universidad de Exeter, el trabajo desafía la visión tradicional sobre el ciclo de los plásticos y subraya la necesidad de estudiar con mayor profundidad las interacciones entre la fauna y los desechos antropogénicos en los principales puntos críticos de contaminación del mundo.

Los científicos reconocen que, aunque la actividad de los cangrejos acelera la degradación física del plástico, todavía no se comprenden del todo las consecuencias a largo plazo para estos animales ni para las especies que se alimentan de ellos.

El estudio deja en evidencia la urgencia de nuevas investigaciones sobre microplásticos, nanoplásticos y vida marina, especialmente en regiones donde la presión humana continúa en aumento.

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