“El Compliance financiero se encuentra estrechamente relacionado con las normas de control interno de una compañía”

Mariana Cecilia Polero, CFO de everis Perú, refiere que el incumplimiento normativo puede acarrear graves resultados para una compañía.

¿Qué es compliance o cumplimiento normativo?
En líneas generales, es la necesidad de una empresa de establecer procedimientos adecuados para garantizar que tanto directivos, empleados y demás agentes relacionados, cumplan con la normativa actual.

Consiste en establecer las políticas y manuales suficientes para garantizar que una organización desarrolle sus actividades y negocios conforme a la norma vigente y a los procedimientos internos, promoviendo una cultura de cumplimiento entre todo su staff y socios de negocios vinculados. Las precedentes son unas de las tantas definiciones que podemos encontrar sobre este concepto. Sin embargo, y luego de más de trece años desarrollándome en el mundo Corporativo, me atrevería a añadir que, no sólo es la necesidad, sino la obligación de toda compañía para dar cumplimiento efectivo al múltiple, y cada vez más dinámico y complejo, entorno regulatorio.

¿Pero cómo debe interpretarse el “compliance” orientado a las finanzas?
Considero que el principal conector es la integridad y la fiabilidad, dos de los principios básicos requeridos de la información financiera. Ya que la estrategia de una organización basada en el cumplimiento normativo debe centrarse en la cultura de la probidad, y de esta forma, asegurar la correcta ejecución del rol de Finanzas, entregando información oportuna para la toma de decisiones, reflejando la realidad económica (atendiendo a su fondo y no solamente a su forma jurídica), dentro del marco conceptual de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF).

El Compliance financiero se encuentra estrechamente relacionado con las normas de control interno de una compañía, ya sea en la prevención de conflictos de interés, establecimiento de niveles de autorización, definición de lineamientos sobre obsequios y regalos, prevención del uso indebido de la información, entre otras tantas.

El incumplimiento normativo puede acarrear graves resultados para las compañías, como sanciones, pérdidas financieras, impedimento o inhabilitación para contratar con el Estado, e incluso, afectar negativamente su reputación, una de las consecuencias más profundas y difíciles de recomponer, impactando, no solo en los beneficios de la empresa y en la visión de sus clientes, sino también de sus propios trabajadores, influyendo determinantemente en su éxito en el mercado, siendo la imagen corporativa, el activo intangible más importante de cualquier organización. Para evitar estas secuelas, es preciso definir un sistema de compliance que abarque todas las áreas organizacionales y formar a todos sus integrantes en el valor que aporta el cumplimiento normativo, desde la alta dirección hasta el último colaborador, pasando por los mandos intermedios, como así también a proveedores y clientes.

El desafío de cualquier CFO es que el equipo financiero internalice como propio dicho cumplimiento, debiendo ser orgánico a su funcionamiento, y no considerarlo como una mera actividad adicional.

Para la consecución exitosa de esta misión, es necesario abarcar tres frentes fundamentales:

• El humano: dotando de constantes capacitaciones al personal.
• El de los procesos: contar con procedimientos sólidos y establecer canales de denuncia y éticos que ayuden a reducir los riesgos y las situaciones de fraude.
• El tecnológico: facilitando los medios necesarios que permitan controlar y minimizar los riesgos a lo largo de toda la cadena de valor.

En resumen, el cumplimiento normativo implica:

• Identificar riesgos, cuantificarlos y valorarlos.
• Diseñar e implementar controles preventivos.
• Monitorear e informar sobre la eficacia de dichos controles.
• Resolver las dificultades de cumplimiento, actualizando los procedimientos de manera oportuna.
• Buscar la mejora continua, velando por la vigencia del sistema.