Por Susana Tejada - Directora de Sostenibilidad & Desarrollo en EQUITY Risk & Sustainability

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En un panorama global marcado por la volatilidad geopolítica, la innovación tecnológica, la presión regulatoria y los riesgos climáticos, la sostenibilidad emerge como el motor estratégico decisivo para la resiliencia y el crecimiento. En el Perú, este imperativo se encuentra con una realidad única y urgente, ya que somos el tercer país más vulnerable al cambio climático, custodiamos el 10 % de la biodiversidad mundial y nuestra economía depende de commodities bajo un escrutinio ESG cada vez más severo. Para los líderes empresariales esto se traduce en una ecuación simple pero demandante, la gestión de los intangibles tales como la confianza, reputación o licencia social; define ahora el valor tangible del negocio. 

La sostenibilidad ha dejado de ser un departamento para convertirse en el tema transversal que redefine la estrategia de compras, innovación, la relación con las comunidades y el diálogo con los inversores. Las empresas que integren este paradigma en su núcleo operativo no solo responderán a las expectativas de sus stakeholders, sino que capturarán ventajas competitivas en mercados cada vez más exigentes.

1. El capital natural ingresa al balance 

    La tendencia más significativa es el paso de inventariar impactos a valorar económicamente las dependencias y los impactos sobre el capital natural. Marcos globales como el del Taskforce on Nature-related Financial Disclosures (TNFD) han llegado para quedarse, y los grandes fondos de inversión globales ya los están exigiendo a sus carteras. 

    El Banco Central de Reserva del Perú ha cuantificado que el 58 % de las exportaciones nacionales principalmente agropecuarias, pesqueras y mineras, tienen una dependencia alta o muy alta de los servicios ecosistémicos (agua, polinización, suelo, clima). Esta exposición, hasta ahora un riesgo latente no contabilizado, se está materializando. 

    En 2026, veremos a las empresas pioneras publicar sus primeras evaluaciones integrales LEAP (Locate, Evaluate, Assess, Prepare), según el TNFD. Estos documentos no son un reporte de sostenibilidad más; son un análisis de resiliencia del modelo de negocio. Una agroexportadora que logre cuantificar y mitigar su riesgo hídrico a través de la restauración de cuencas no solo asegurará su operación, sino que obtendrá mejores condiciones de financiamiento. 

    “Las empresas peruanas con vínculos comerciales con la UE deberán reportar su desempeño ESG de manera verificable”.

    2. Perú carbono neutral al 2050 y el Alcance 3 de huella de carbono

      El compromiso de carbono neutralidad a 2050 es ley (Ley N°30754). La novedad operativa para 2026 es el enfoque en las emisiones de Alcance 3, aquellas indirectas de la cadena de valor, que pueden representar más del 80 % de la huella total de una empresa de consumo o una empresa de servicio. Esto convierte la descarbonización en must have de toda organización.

      La presión ya no viene solo del regulador, sino de los clientes corporativos globales y de los inversores institucionales. Por ejemplo, un banco, para gestionar su propio Alcance 3 financiero, deberá tener criterios de descarbonización claves para otorgar créditos; un retailer grande será responsable de la huella de carbono de sus miles de proveedores PYME. La plataforma Huella de Carbono Perú está desarrollando herramientas sectoriales para estandarizar esta medición, que pasará de ser un diferencial a un requisito para ingresar a ciertas cadenas de suministro. Paralelamente, la maduración de la oferta de Energías Renovables No Convencionales (ERNC) y la producción de hidrógeno verde en el sur del país permitirán que los Acuerdos de Compra de Energía (PPA) a largo plazo sean una herramienta común, no excepcional, para abastecer a operaciones industriales y mineras con energía limpia y a precio estable.

      3. De los estados financieros a los estados de sostenibilidad 

        Desde 2022, los reportes de sostenibilidad inicialmente impulsados por metodologías como las del Global Reporting Initiative (GRI) dejaron de ser un ejercicio voluntario de comunicación para convertirse en un componente estratégico de la gestión empresarial global. Hoy se integran a estos marcos, normativas más exigentes, como las European Sustainability Reporting Standards (ESRS) y las Normas Internacionales de Información Financiera sobre Sostenibilidad y Clima (NIIF S1 y S2), que obligan a las compañías a demostrar cómo los riesgos ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) afectan directamente su desempeño económico. Aunque estas regulaciones tienen origen en Europa, su alcance se extiende a toda la cadena de suministro mundial, impactando a empresas de distintos países que participan en mercados internacionales.

        La nueva normativa Ómnibus, que actualiza la Directiva sobre los estándares ESRS, establece que a partir de 2028 las grandes corporaciones europeas deberán exigir a toda su cadena de valor información estratégica sobre desempeño ambiental y social. En la práctica, esto implica que proveedores y socios comerciales fuera de Europa también deberán cumplir con criterios de sostenibilidad. Para Perú, cuya economía depende en gran medida de las exportaciones hacia la Unión Europea, especialmente en minería, agricultura y pesca, la adopción de estos estándares es crucial para mantener acceso competitivo a mercados clave. Productos como café, cacao, madera, minerales y pesqueros estarán directamente expuestos a regulaciones como el Reglamento de Deforestación de la UE y otras exigencias de trazabilidad, que podrían convertirse en barreras comerciales si no se cumplen.

        En este escenario, las empresas peruanas con vínculos comerciales con la UE deberán reportar su desempeño ESG de manera verificable y alineada con los marcos internacionales. Esto exige implementar sistemas de trazabilidad, evaluaciones de riesgos en la cadena de suministro y reportes integrados que garanticen transparencia y sostenibilidad. Más allá de una obligación regulatoria, este proceso abre una oportunidad estratégica para fortalecer la competitividad del país, posicionar los sectores exportadores como líderes en sostenibilidad y asegurar resiliencia financiera frente a un entorno global cada vez más exigente en materia ambiental y social.







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