En Industrias San Miguel (ISM), hablar de cultura organizacional no es referirse solo al manual o a un conjunto de slogans. Es reconocer un sistema vivo que se nutre de las personas y de la forma en que se relacionan. En tiempos donde la competitividad exige eficiencia y resultados, ISM ha demostrado que la verdadera ventaja está en consolidar entornos laborales más humanos, seguros, éticos y orientados al bienestar.
El orgullo de pertenencia, que alcanza hoy un 85 % en nuestras mediciones internas, no es un número aislado: es la evidencia de que cuando la cultura conecta de manera genuina con la identidad de los equipos, el negocio se fortalece. Esa conexión es lo que convierte a la organización en un espacio donde se logra más, se colabora más, se comunica más y, sobre todo, se hace más.
Los pilares culturales de ISM no son teoría, son práctica. Talleres, dinámicas y activaciones en plantas y oficinas generan confianza y un entendimiento común que trasciende jerarquías. El bienestar, por ejemplo, se convierte en un eje estratégico: ferias de salud, concursos y celebraciones no solo integran, también recuerdan que el desarrollo personal es inseparable del desempeño empresarial. La visita familiar a nuestras plantas, con más de 700 asistentes este año, es un símbolo poderoso: cuando los hijos y padres conocen el impacto del trabajo de cada colaborador, la cultura se vuelve tangible y compartida.
El liderazgo en ISM se construye desde la coherencia y la humanidad. El Modelo de Liderazgo y el manual del líder no son documentos estáticos, sino guías vivas que orientan decisiones y relaciones. Las sesiones de escucha con la gerencia general y los espacios de acompañamiento en procesos de cambio refuerzan un principio esencial: liderar es servir, y para servir debemos escuchar.
La gestión del cambio, por su parte, se aborda con estrategia y sensibilidad. Propósito, liderazgo visible y comunicación constante son los ingredientes que permiten transiciones más fluidas. En un entorno empresarial cada vez más dinámico, sostener la cohesión cultural es tan importante como innovar en productos o mercados.
Incluso la identidad visual institucional cumple un rol: los espacios intervenidos con mensajes y símbolos recuerdan que la cultura no es abstracta, sino parte del día a día.
El resultado es claro: ISM avanza con equipos comprometidos y un clima laboral que se fortalece año tras año. La compañía ha demostrado que una cultura coherente y un liderazgo cercano no solo impulsan el desempeño, sino que crean entornos donde las personas se sienten valoradas y pueden contribuir con su mejor versión. Esa es, en definitiva, la mejor estrategia de negocio: poner a las personas en el centro y poner todos los medios posibles para su crecimiento.
No hay perfección, pero sí un trabajo de día a día para ser coherentes con su propósito de “entregar todo nuestro espíritu emprendedor para alimentar juntos un futuro próspero”.









