Tras su participación en el Foro Económico Mundial de Davos, Felipe Valencia-Dongo, socio principal de Grupo Estrategia, reflexiona en entrevista con Stakeholders sobre las oportunidades que enfrenta el Perú en un contexto global marcado por la inteligencia artificial, la transición energética y la erosión de la confianza entre actores públicos, privados y sociales.

Por Denisse Torrico

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¿Qué significado tuvo su participación en Davos y qué mensaje cree que el Perú debe transmitir hoy al mundo?

Davos es el principal espacio de diálogo entre gobiernos, empresas y sociedad civil. Este año reunió a más de 3 000 participantes de 130 países, incluidos más de 60 jefes de Estado, lo que lo convierte en el segundo evento con mayor representación global después de las Naciones Unidas.

El lema fue “Un espíritu de diálogo”, y las discusiones giraron en torno a cinco grandes preguntas: cómo cooperar más, invertir más en las personas, crecer de manera sostenible, innovar a escala y construir un planeta más sostenible. Para países como el Perú, estos espacios son clave porque permiten identificar las principales tendencias globales y traducirlas en retos y oportunidades concretas.

¿Cuáles fueron los principales temas abordados y qué oportunidades identifica para el Perú?

El tema central de Davos fue la inteligencia artificial. Se discutió no solo como una oportunidad tecnológica, sino como una herramienta para resolver problemas sociales. Satya Nadella, CEO de Microsoft, planteó que para que la inteligencia artificial sea socialmente aceptada debe contribuir activamente a resolver desafíos en educación, salud y emprendimiento.

Además, se habló del enorme consumo energético que implica esta tecnología. La inteligencia artificial requiere grandes cantidades de energía y cobre. Esto representa una oportunidad estratégica para el Perú, que posee la segunda mayor reserva de cobre del mundo. El planeta ya necesitaba este recurso por la transición energética, y ahora lo necesita también por el avance de la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial también genera debates sobre riesgos y amenazas. ¿Cómo puede el Perú aprovecharla de manera responsable?

La inteligencia artificial ofrece enormes oportunidades, pero también plantea desafíos como el consumo de energía o la transformación del mercado laboral. En ese contexto, una idea clave planteada por Larry Fink, CEO de BlackRock, es que los países que más se beneficiarán no serán necesariamente los que desarrollen la tecnología, sino aquellos que la difundan y la utilicen de manera efectiva.

El Perú aún está a tiempo de subirse a esta ola. Quizás no podamos competir en el desarrollo de tecnologías de punta, pero sí en su adopción y uso para resolver problemas sociales. Esa es una oportunidad real y alcanzable para el país.

«Aunque el Perú no sea una de las economías más grandes del mundo, el contexto global ofrece oportunidades reales para el país».

Tras participar en un panel sobre confianza, Tras participar en un panel sobre confianza, ¿Qué factores cree que están erosionando la confianza en el Perú y a nivel global?

La erosión de la confianza es un fenómeno global. En el panel “Redescubriendo la confianza”, en el que participé junto a representantes de África y expertas en comunicación, se evidenció que la desconfianza entre actores públicos, privados y sociales es una tendencia mundial, que también afecta al Perú.

Uno de los mensajes centrales que compartí es que no se necesita estar de acuerdo en todo para empezar a trabajar juntos. Muchas veces se intenta resolver todas las diferencias antes de colaborar, lo cual es inviable. La confianza se construye trabajando juntos en objetivos concretos, como resolver un problema de agua, mejorar una carretera o ampliar el acceso a servicios básicos.

¿Qué rol deben asumir las empresas en la construcción de confianza?

Desde el sector empresarial existe cada vez mayor claridad sobre la importancia de construir relaciones sólidas con comunidades y stakeholders, tanto a nivel nacional como territorial. Esto implica, en primer lugar, entender profundamente el territorio, sus necesidades, expectativas y dinámicas.

También supone analizar cómo la cadena de valor puede generar desarrollo local, por ejemplo, a través de programas de proveeduría local, así como fortalecer el vínculo con los trabajadores y sus familias. Además, es clave dar voz a la mayoría silenciosa que suele estar a favor de la inversión, pero no siempre se expresa públicamente.

En un contexto preelectoral, ¿qué riesgos y desafíos identifica para la confianza institucional del país?

Entre los principales riesgos globales se encuentran la confrontación geoeconómica, la desinformación y la polarización social. Estos tres factores son especialmente relevantes para el Perú en un contexto electoral.

La desinformación y las noticias falsas erosionan gravemente la confianza social, por lo que todos los actores —medios, empresas, Estado y ciudadanía— tenemos la responsabilidad de contenerlas. Asimismo, la polarización puede reducirse si somos capaces de trabajar juntos a pesar de tener ideas distintas.

¿Cómo se relaciona la confianza con el crecimiento y la inversión?

La confianza no es un concepto abstracto. Es una condición necesaria para que los proyectos avancen, para que se genere inversión y para que el país progrese. Las oportunidades que hoy tiene el Perú, vinculadas a la transición energética y a la inteligencia artificial, solo podrán aprovecharse si existe trabajo conjunto entre los distintos actores.

Existe además un sentido de urgencia. Si el país no aprovecha hoy sus ventajas comparativas, como sus recursos minerales, corre el riesgo de que esas oportunidades desaparezcan, tal como ocurrió en el pasado con el guano. La confianza es clave para no repetir esa historia.

Finalmente, ¿qué reflexión se lleva tras su participación en Davos?

Aunque el Perú no sea una de las economías más grandes del mundo, el contexto global ofrece oportunidades reales para el país. Sin embargo, estas oportunidades solo se materializan si somos conscientes de ellas y trabajamos de manera constante y conjunta para aprovecharlas.

El desarrollo no depende de un solo actor. Solo a través de la colaboración entre sector público, privado y sociedad civil será posible transformar estas oportunidades en progreso sostenible para el país.







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