
Investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) han desarrollado un proceso basado en el método foto-Fenton que permite degradar los nanoplásticos de poliestireno en agua. Este avance podría contribuir en la lucha contra la contaminación por plásticos, sobre todo en las Estaciones Depuradoras de Aguas .
Este método combina una fuente de luz (radiación UV-Vis) con bajas concentraciones de hierro (como catalizador homogéneo) para activar la descomposición del agua oxigenada (H2O2) en especies altamente oxidantes. Estas especies pueden degradar diversos contaminantes persistentes en moléculas inofensivas, como dióxido de carbono y agua, operando en condiciones ambientales.
Con base en estos hallazgos, el proceso foto-Fenton presenta un alto potencial como etapa de purificación (tratamiento terciario) en las instalaciones de las EDAR
Los resultados, publicados en el Journal of Environmental Chemical Engineering, revelan que el proceso foto-Fenton logra una degradación completa y rápida de nanoplásticos de poliestireno en agua, superando considerablemente los niveles de eliminación de otros procesos fotocatalíticos mencionados en estudios anteriores.
Además, este tratamiento puede adaptarse a mayores concentraciones de nanoplásticos y a partículas de mayor tamaño, ajustando la dosis de reactivos y prolongando el tiempo de tratamiento.
Con base en estos hallazgos, el proceso foto-Fenton presenta un alto potencial como etapa de purificación (tratamiento terciario) en las instalaciones de las EDAR. “Este método podría combinarse con procesos de separación tradicionales, como la filtración con membranas, para mejorar la degradación de contaminantes plásticos, reduciendo su dispersión y su impacto, y garantizando la producción de agua regenerada de alta calidad”, afirman los autores.
El desafío de los residuos plásticos
Gracias a sus destacadas propiedades, los plásticos son omnipresentes en nuestro entorno y se han convertido en un pilar fundamental de la «cultura del descarte». Para contextualizar, en 2021, la producción mundial de plástico logró casi 390 millones de toneladas, y se prevé que esta cifra se duplique en las próximas dos décadas.
En este panorama, la excesiva producción y la inadecuada gestión de los residuos plásticos emerge como uno de los principales desafíos medioambientales del siglo XXI. La vida útil de los productos plásticos varía desde un día (plásticos de un solo uso) hasta más de 50 años. Al desecharse, sólo el 12% se utiliza para recuperación energética, el 9% se recicla, el 8% termina en vertederos y, lamentablemente, un 71% se dispersa en el medio ambiente.
Esta situación representa una grave amenaza para los ecosistemas, ya que estos materiales pueden persistir durante años, tardando décadas o incluso siglos en degradarse.
Una vez en el medio ambiente, los residuos se fragmentan en microplásticos (< 5 mm) y nanoplásticos (< 1 µm). La dispersión de nanoplásticos es especialmente alarmante, ya que, debido a su tamaño, pueden penetrar membranas biológicas y afectar el funcionamiento celular, provocando daños en los seres vivos.